En la localidad de Jeppener, partido de Brandsen, el tambo La Teresa logró triplicar su producción diaria de leche —de 2.000 a 6.000 litros— tras un proceso de profesionalización liderado por María Alejandra Espinosa. El cambio, consolidado en los últimos años y tensionado en 2026 por el aumento de costos y la estabilidad de precios, refleja el nuevo escenario de la lechería argentina, donde la eficiencia y la diversificación son claves para sostener la rentabilidad, según informó Agrofy.
El establecimiento, con más de 60 años de historia, pasó de un esquema familiar tradicional a un modelo integrado y tecnificado. Hoy cuenta con 250 vacas en ordeñe, con proyección a 300, y combina tres líneas de negocio: producción de leche, elaboración de quesos y cría de ganado para carne.
“El 2025 fue un año espectacular, con buen clima y el precio fue acompañando”, explicó Espinosa. Sin embargo, advirtió que desde fines de ese año el escenario cambió: “El precio quedó planchado, no subió y los costos de producción son muy altos”, según informó Agrofy.

La estrategia de crecimiento se apoyó en el aumento de escala, la diversificación productiva y un control exhaustivo de los costos. Actualmente, el 80% de la producción se vende como leche fluida y el 20% restante se industrializa en una fábrica de quesos familiar, lo que permite capturar mayor valor agregado.
Uno de los cambios más relevantes fue la incorporación de conocimiento técnico. Espinosa, ingeniera agrónoma, impulsó decisiones basadas en datos, como la elaboración de un mapa de suelos y la planificación forrajera según la capacidad productiva de cada lote. “El negocio del tambo es muy finito. Uno tiene que ir llevando los números día a día”, señaló, según informó Agrofy.
El contexto climático también condiciona la producción. La ubicación en la Cuenca del Salado, con suelos de manejo complejo y alta variabilidad hídrica, obliga a una planificación constante. “Con un cambio climático evidente, es muy difícil producir. Hay que adaptarse a El Niño o La Niña”, explicó.

A esto se suma un problema estructural: la dificultad para conseguir mano de obra rural. En el establecimiento trabajan cinco familias, en un esquema que busca sostener el funcionamiento pese a las limitaciones de conectividad y las dificultades propias del entorno.
En el plano comercial, el escenario es dispar. Mientras la leche enfrenta precios estancados por la debilidad del consumo interno, el negocio de los quesos muestra mejores perspectivas. “Podemos ubicar bien los quesos, son muy buenos, y de a poco vamos creciendo”, afirmó.

La empresa también ajusta su estrategia de ventas según el contexto. Recientemente cambió de comprador de leche para mejorar el precio. “En un negocio de centavos, un centavito más suma”, resumió Espinosa, según informó Agrofy.
De cara a 2026, el plan incluye invertir en infraestructura para ampliar la capacidad de ordeñe y reducir los tiempos operativos. Aunque históricamente se financiaron con capital propio, ahora evalúan tomar crédito para sostener el crecimiento.
El desafío inmediato es mantener la eficiencia en un contexto de costos elevados y precios estancados, mientras se adapta a un escenario climático más incierto. A su vez, gana peso la calidad de la leche como variable clave de ingreso. “Hay una tendencia al pago del litro por calidad de leche, especialmente por los sólidos”, explicó Espinosa, lo que implica un manejo más preciso de la nutrición, la sanidad y los registros individuales de cada animal.

El caso de La Teresa sintetiza el presente del sector: más profesionalización, mayor escala y control permanente, en un negocio donde la rentabilidad se define en los detalles, según informó Agrofy.