A tres meses del cambio de control que marcó un nuevo capítulo en su historia, la agroexportadora Vicentin reactivó sus plantas industriales, comenzó a regularizar pagos a acreedores y puso en marcha un plan para estabilizar su producción. La nueva gestión, encabezada por el grupo liderado por Mariano Grassi, asumió tras la homologación judicial del acuerdo de cramdown en diciembre pasado y busca revertir los efectos de una crisis que se arrastra desde el default de 2019, con impacto directo en el sector agroindustrial argentino.
La compañía asegura haber logrado un primer objetivo clave: recuperar el funcionamiento integral de su estructura productiva. Si bien las plantas nunca estuvieron completamente paralizadas, durante los últimos años operaron de manera intermitente, con limitaciones operativas y falta de mantenimiento. Según la empresa, esa etapa quedó atrás y ahora el foco está puesto en sostener el ritmo de actividad y avanzar hacia niveles de producción más elevados.
En el plano operativo, algunos indicadores comienzan a mostrar señales de mejora. La planta de Ricardone, especializada en el procesamiento de girasol, registra volúmenes mensuales que oscilan entre 80.000 y 90.000 toneladas, mientras que en el complejo de San Lorenzo se retomó de forma progresiva la molienda de soja, con la reactivación de líneas industriales consideradas estratégicas.

Mariano Grassi, presidente de Nueva Vicentin. (Foto: Linkedin).
La reactivación no se limita únicamente a la operación diaria. La empresa puso en marcha un plan de inversiones orientado a la mejora de infraestructura y equipamiento, con el objetivo de recuperar la capacidad plena en un horizonte estimado de entre uno y dos años. Este proceso incluye tareas de mantenimiento, actualización tecnológica y optimización de procesos productivos.
Uno de los ejes centrales de esta nueva etapa es la recomposición del frente financiero. En ese sentido, la compañía informó que en los primeros tres meses de gestión desembolsó alrededor de US$30 millones, destinados tanto a compromisos derivados del proceso de cramdown como a la cancelación de deudas operativas.
El pasivo total de Vicentin supera los US$1500 millones, lo que convierte su reestructuración en uno de los procesos más complejos del sector agroindustrial en los últimos años. Según datos de la empresa, cerca de 1000 acreedores ya recibieron pagos parciales de sus créditos, en el marco de un esquema que combina transferencias en efectivo con la entrega de granos.
Este mecanismo adquiere mayor relevancia en el contexto de la cosecha gruesa, que comienza a aportar volumen al sistema. La compañía apuesta a que el flujo de granos permita acelerar el proceso de cancelación de deuda y fortalecer su operatoria comercial. Como incentivo, ofrece un adicional sobre el precio de la soja a quienes participen del esquema.
El objetivo de mediano plazo es movilizar hasta 5 millones de toneladas anuales, lo que permitiría sostener la actividad industrial y avanzar de manera progresiva en la normalización financiera.
Para garantizar la continuidad de sus operaciones, Vicentin se apoya en acuerdos con actores relevantes del mercado internacional. En el segmento de girasol, mantiene vínculos con empresas como Bunge y Cargill, mientras que en soja implementa esquemas similares que le permiten asegurar el abastecimiento de materia prima y la colocación de productos.
Un activo clave dentro de esta estructura es la participación en Renova, la planta ubicada en Timbúes que comparte con Viterra y que se destaca por su elevada capacidad de procesamiento. Este complejo es considerado uno de los más importantes a nivel mundial y representa una pieza estratégica en el esquema productivo de la compañía.
La articulación con estos socios resulta fundamental en un contexto en el que la empresa busca recuperar credibilidad en el mercado, luego de años marcados por incumplimientos y conflictos judiciales.
En paralelo al proceso productivo y financiero, la nueva conducción impulsa una reorganización interna que incluye la incorporación de personal y la conformación de nuevos equipos de trabajo. El objetivo es reconstruir la estructura organizativa y mejorar la eficiencia en la toma de decisiones.
Otro aspecto central es la recomposición de relaciones dentro del sector agroindustrial. La empresa intenta dejar atrás los conflictos que marcaron su etapa anterior y reconstruir vínculos con proveedores, clientes y entidades financieras.
Este proceso no está exento de dificultades. Aún persisten instancias judiciales abiertas vinculadas al concurso preventivo y a las responsabilidades derivadas del default, lo que introduce un componente de incertidumbre sobre el futuro de la compañía.
Con la cosecha en marcha, las plantas operativas y un plan de pagos en ejecución, los próximos meses aparecen como determinantes para evaluar la sostenibilidad de la recuperación. La empresa enfrenta el desafío de consolidar esta etapa inicial y demostrar que puede sostener el equilibrio entre producción, financiamiento y cumplimiento de compromisos.
El caso Vicentin continúa siendo observado de cerca por el sector agroindustrial y el sistema financiero, no solo por su magnitud, sino también por las implicancias que tuvo su crisis en la cadena de valor. La evolución de este proceso podría sentar precedentes en materia de reestructuración empresarial en la Argentina.
En este contexto, la nueva gestión apuesta a que la combinación de reactivación productiva, acuerdos comerciales y disciplina financiera permita encaminar a la compañía hacia una etapa de mayor estabilidad. El resultado dependerá, en gran medida, de su capacidad para sostener el ritmo de actividad y cumplir con las expectativas generadas tras el cambio de control.