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Bancos argentinos avanzan en pruebas con la criptomoneda de JPMorgan mientras esperan definiciones del BCRA

Entidades locales evalúan el uso de JPM Coin en pruebas controladas para mejorar pagos y liquidaciones, en medio de la incertidumbre regulatoria

Bancos argentinos avanzan en pruebas con la criptomoneda de JPMorgan mientras esperan definiciones del BCRA
miércoles 15 de abril de 2026

Los bancos argentinos comenzaron en 2026 a explorar la integración de JPM Coin, la criptomoneda desarrollada por JPMorgan Chase, en pruebas piloto sin movimiento de dinero real, con el objetivo de mejorar la eficiencia operativa en pagos y procesos interbancarios. La iniciativa, que se desarrolla en Argentina en un contexto de vacíos regulatorios por parte del Banco Central de la República Argentina, busca evaluar el potencial de la tecnología blockchain en la infraestructura financiera tradicional sin infringir las restricciones vigentes.

El interés del sector bancario local se concentra en el uso operativo de esta herramienta más que en la adopción de criptomonedas como activo financiero. Algunas entidades ya trabajan en un MVP (producto mínimo viable) que replica transacciones en entornos controlados. En esta etapa, las operaciones se registran on-chain, pero la compensación efectiva se mantiene dentro de los canales tradicionales, lo que permite medir mejoras sin asumir riesgos regulatorios.

De herramienta interna a infraestructura global

Lanzada en 2019, JPM Coin surgió como una stablecoin interna respaldada en dólares, pensada para facilitar pagos institucionales entre clientes del banco estadounidense. Su evolución fue rápida: en 2020, la entidad consolidó sus desarrollos blockchain en una unidad específica, hoy conocida como Kinexys, y para 2023 la red ya procesaba cerca de US$ 1.000 millones diarios en transacciones.

Bancos argentinos avanzan en pruebas con la criptomoneda de JPMorgan mientras esperan definiciones del BCRA

El salto más relevante ocurrió en 2025, cuando JPMorgan Chase decidió ampliar el alcance de su tecnología mediante una alianza con Coinbase, permitiendo la integración con Base, una blockchain pública. Este movimiento marcó un cambio de paradigma: la infraestructura dejó de ser un sistema cerrado para conectarse con el ecosistema cripto, en respuesta a la creciente demanda institucional por mayor interoperabilidad.

En este marco, la adopción en Argentina se presenta como una extensión de una tendencia global. Sin embargo, a diferencia de otros mercados, el avance local está condicionado por restricciones normativas que limitan la operatoria directa con activos digitales.

Eficiencia operativa como principal incentivo

El foco de los bancos argentinos no está puesto en ofrecer criptomonedas a clientes ni en competir con exchanges, sino en resolver problemas estructurales del sistema financiero. Entre ellos, la lentitud en las liquidaciones, la complejidad de la conciliación y la falta de trazabilidad en operaciones interbancarias.

Las pruebas actuales buscan validar si la blockchain puede optimizar estos procesos dentro de un esquema de “closed loop”, es decir, un circuito cerrado entre entidades participantes. En este modelo, cada transacción queda registrada de forma transparente, automática y auditada en tiempo real, reduciendo la necesidad de intervención manual en tareas de back office.

Bancos argentinos avanzan en pruebas con la criptomoneda de JPMorgan mientras esperan definiciones del BCRA

Además, la tokenización de depósitos —uno de los principios detrás de JPM Coin— permitiría representar dinero real en formato digital, manteniendo el respaldo bancario pero con mayor agilidad operativa. Este enfoque combina la seguridad del sistema financiero tradicional con innovaciones propias del mundo cripto, sin exponerse a la volatilidad de activos descentralizados.

La regulación, el principal límite

El desarrollo tecnológico contrasta con la falta de definiciones claras por parte del Banco Central de la República Argentina. Desde 2022, el organismo mantiene una normativa que prohíbe a los bancos operar con criptomonedas, tanto por cuenta propia como en nombre de clientes.

Esta restricción surgió tras experiencias iniciales de entidades como Galicia, Brubank y Ualá, que habían comenzado a ofrecer servicios vinculados a criptoactivos. A pesar de los cambios en el contexto político —con un gobierno que ha manifestado posiciones más abiertas hacia estos instrumentos— la regulación no fue modificada hasta el momento.

El principal desafío radica en la clasificación jurídica de JPM Coin. Su naturaleza híbrida genera dudas sobre si debe ser considerada una stablecoin, un depósito tokenizado o una nueva categoría de activo digital. Esta definición impactará directamente en su tratamiento legal, contable y prudencial dentro del sistema financiero.

Bancos argentinos avanzan en pruebas con la criptomoneda de JPMorgan mientras esperan definiciones del BCRA

Fuentes del sector bancario señalaron que, en el corto plazo, no se prevé la habilitación de operaciones reales con este tipo de instrumentos. Por eso, las entidades optan por avanzar en desarrollos tecnológicos mientras esperan un marco normativo que brinde mayor previsibilidad.

Un cambio estructural en marcha

Más allá de las limitaciones regulatorias, el interés en JPM Coin refleja una transformación estructural en la industria financiera. La digitalización del dinero y la migración de procesos hacia redes blockchain se consolidan como tendencias globales, con impacto creciente en mercados emergentes como el argentino.

En este contexto, el país presenta una particularidad: la adopción de activos digitales por parte de la población creció de manera sostenida en los últimos años. Según reportes del sector, la cantidad de usuarios de criptomonedas se multiplicó significativamente desde 2021, lo que refuerza el interés de las instituciones en este tipo de tecnologías.

Sin embargo, a diferencia de las criptomonedas tradicionales, JPM Coin está diseñada exclusivamente para clientes institucionales. Cada token representa un depósito real custodiado por el banco emisor, lo que reduce riesgos y facilita su integración en estructuras financieras existentes.

El avance de estas pruebas marca un punto de inflexión. Si los resultados confirman mejoras en eficiencia, costos y velocidad de liquidación, el siguiente paso será escalar el modelo a operaciones con dinero real. En ese escenario, la regulación dejará de ser un factor secundario para convertirse en el eje central de la transformación.

Según publicó Forbes, este proceso se desarrolla de manera gradual y con foco en la validación técnica. Para la banca argentina, el desafío no se limita a adoptar nuevas herramientas, sino a redefinir su infraestructura en un entorno donde el dinero comienza a circular cada vez más en formato digital y sobre redes descentralizadas.



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