Investigadores del INTA y del Conicet desarrollaron en 2026 nuevas líneas comerciales de papa del cultivar Kennebec con resistencia simultánea a los virus PVY y PLRV, los dos patógenos más perjudiciales para este cultivo a nivel global. El avance, es relevante porque permite reducir pérdidas productivas de hasta el 80% sin afectar el rendimiento ni la calidad, en un cultivo clave para la alimentación mundial.
La información fue difundida por el propio organismo científico, que detalló que las nuevas variedades lograron sostener su desempeño agronómico en múltiples campañas, incluso bajo condiciones de exposición a ambos virus. Este desarrollo representa un paso significativo en la búsqueda de soluciones sostenibles frente a enfermedades que afectan la producción de papa en distintas regiones del mundo.
La papa, considerada un alimento básico dentro de la dieta global, enfrenta múltiples amenazas sanitarias. Entre ellas, el virus Y de la papa (PVY) y el virus del enrollamiento de la hoja (PLRV) se destacan por su impacto directo sobre el rendimiento y la calidad de los tubérculos. Según datos técnicos, el PVY puede reducir el rendimiento total en hasta un 49% y el comercializable en un 65%, mientras que el PLRV puede provocar pérdidas del 60% y hasta del 88% en los tubérculos aptos para la venta.
“Las infecciones virales representan una gran amenaza para la producción de papa, ya que pueden reducir significativamente no solo el rendimiento, sino también la calidad del tubérculo”, explicó Cecilia Vázquez Rovere, investigadora del Instituto de Agrobiotecnología y Biología Molecular (IABIMO), dependiente del INTA y el Conicet.
Ambos virus son transmitidos por áfidos y suelen coexistir en los sistemas productivos, generando efectos acumulativos o sinérgicos que agravan el daño. Esta característica incrementa la complejidad de su control y refuerza la necesidad de desarrollar variedades resistentes como estrategia central de manejo sanitario.
El equipo de investigación logró seleccionar dos líneas transgénicas del cultivar Kennebec que demostraron una resistencia robusta y estable frente a ambos virus a lo largo de distintas temporadas de cultivo. Según los ensayos realizados, estas plantas no presentaron pérdidas de rendimiento ni alteraciones fenotípicas visibles.
“A lo largo de múltiples temporadas de cultivo, dos líneas transgénicas del cv. Kennebec seleccionadas mostraron consistentemente una robusta resistencia a ambos virus, sin presentar pérdidas de rendimiento ni alteraciones fenotípicas apreciables”, afirmó Vázquez Rovere.
El proyecto contó además con el aporte de Guillermo Aguado, quien brindó apoyo técnico y financiero, garantizando el cumplimiento de la normativa vigente establecida por la Comisión Nacional Asesora de Biotecnología Agropecuaria (CONABIA).
De acuerdo con la investigadora, “estos resultados constituyen un avance significativo, que demuestra que se puede lograr una doble resistencia a PVY y PLRV, preservando al mismo tiempo la performance agronómica original del cultivar”.
El desarrollo no solo tiene implicancias productivas, sino también ambientales, ya que permite avanzar hacia esquemas de manejo más sostenibles, con menor dependencia de insumos y prácticas destinadas a controlar vectores o enfermedades.
El avance fue posible gracias al uso de ingeniería genética, una tecnología que permite incorporar características específicas sin modificar el resto del perfil del cultivo. En este caso, los investigadores lograron combinar dos estrategias para conferir resistencia a los virus.
Por un lado, se utilizó la expresión de la proteína de la cápside (CP) para generar resistencia frente al PVY mediante un mecanismo conocido como resistencia heteróloga. Por otro, se incorporó la secuencia ORF2 vinculada al PLRV, que actúa a través del silenciamiento de ARN, un proceso biológico que inhibe la replicación del virus.
“La resistencia mediada por la proteína de la cápside fue una de las primeras estrategias transgénicas en demostrar la capacidad de conferir resistencia a virus en plantas”, explicó Natalia Almasia, también investigadora del IABIMO. Y agregó: “Otra estrategia para lograr resistencia viral involucra el mecanismo de silenciamiento de ARN”.
Las nuevas líneas desarrolladas combinan ambos enfoques, lo que permitió obtener plantas con resistencia simultánea y durable frente a los dos virus más relevantes del cultivo.
Almasia destacó que el logro radica en haber obtenido materiales con valor comercial, que no solo resisten las infecciones sino que mantienen su comportamiento productivo tanto en condiciones de laboratorio como de campo.
“Los resultados evidencian una estrategia eficaz y durable, que ofrece una alternativa ambientalmente sustentable para el manejo de estas virosis”, concluyó.
El desarrollo adquiere relevancia en un contexto donde se estima que más de 50 virus y un viroide pueden afectar al cultivo de papa en condiciones naturales. Frente a este escenario, la disponibilidad de variedades resistentes constituye una herramienta central para garantizar la estabilidad productiva.
Además, la complejidad genética de la papa —una especie tetraploide— dificulta los procesos de mejoramiento convencional, lo que hace que la ingeniería genética permita acortar tiempos y mejorar la precisión en la obtención de nuevas variedades.
El avance del INTA y el Conicet se inscribe en una estrategia más amplia orientada a fortalecer la seguridad alimentaria y la competitividad del sector agrícola, mediante la incorporación de tecnologías que reduzcan riesgos sanitarios y aumenten la eficiencia productiva.
De cara al futuro, el desafío será avanzar en la adopción de estas tecnologías, su regulación y su integración en los sistemas productivos, en un contexto donde la demanda global de alimentos continúa en crecimiento.
Con este desarrollo, Argentina se posiciona en la frontera de la innovación en biotecnología aplicada a cultivos, aportando soluciones concretas para uno de los principales problemas sanitarios de la producción de papa a nivel mundial.