El negocio de la carne en Argentina atraviesa en 2026 una transformación clave: con precios del ganado en máximos y consumo interno en baja, modelos como el de Pretto Agronegocios en Córdoba y la profesionalización de los carniceros emergen como estrategias para sostener la rentabilidad.
La cadena cárnica enfrenta una tensión estructural. Por un lado, el valor de la hacienda supera los 3,2 dólares por kilo; por otro, el consumo interno cae por debajo de los 48 kilos por habitante al año. Este desbalance obliga a repensar el negocio, tanto en el campo como en el mostrador.
En ese contexto, Pretto Agronegocios, con base en Sacanta, impulsa un esquema de integración productiva que abarca toda la cadena: desde la compra de terneros hasta la venta en más de 150 carnicerías. Bajo la conducción de Mario y Mauricio Pretto junto a Rodrigo Bosch, la empresa consolidó un sistema que incluye recría, feedlot y comercialización con estándares homogéneos.
El modelo busca reducir la volatilidad y mejorar la eficiencia mediante ganadería de precisión. En su estructura, los animales pasan por recría en 500 hectáreas, luego ingresan a un feedlot con capacidad para 4.300 cabezas y finalmente se destinan al consumo interno con pesos controlados.

La integración no solo es productiva, sino también comercial. La empresa abastece carnicerías con trazabilidad completa, lo que permite planificar la oferta y garantizar calidad constante. Además, incorporó nuevas líneas como la carne de búfalo, ampliando su propuesta.
En paralelo, otro cambio profundo ocurre en el rol del carnicero. La figura tradicional evoluciona hacia un perfil empresarial. El capacitador Elvio Prida plantea que el negocio ya no puede depender solo del volumen de ventas, sino de la gestión.
Su enfoque propone pasar de la lógica operativa a un esquema profesional basado en cinco pilares: fundamentos, talento, ventas, producto y rentabilidad. El objetivo es que el dueño deje de ejecutar todas las tareas y asuma un rol estratégico.
Uno de los conceptos centrales es que bajar precios no es una solución sostenible. Según su visión, esa práctica erosiona márgenes y compromete el futuro del negocio. En cambio, propone generar valor a través de la experiencia del cliente, la diferenciación y la fidelización.

La profesionalización también implica ordenar las finanzas. Separar administración, contabilidad y planificación permite entender el negocio en tiempo real y tomar decisiones con información. Este cambio resulta clave en un contexto donde los márgenes son cada vez más ajustados.
El diagnóstico compartido por el sector es claro: el modelo tradicional muestra señales de agotamiento. La falta de coordinación entre eslabones, la variabilidad en la calidad y la dependencia del precio generan ineficiencias.
Frente a esto, surge un esquema basado en asociación estratégica entre productores y carniceros. En lugar de relaciones transaccionales, se promueve una lógica colaborativa donde la oferta se planifica según la demanda y se optimiza la logística.
La tecnología aparece como un habilitador de este cambio. Sistemas de información, inteligencia artificial y dispositivos de trazabilidad permiten integrar datos desde el campo hasta el punto de venta. Esto reduce la incertidumbre y mejora la toma de decisiones.
Las proyecciones para 2026 indican posibles cambios en el stock ganadero y mayor influencia de los mercados externos. Estos factores podrían impactar en precios, pesos de faena y dinámica comercial.

En este escenario, la rentabilidad deja de depender exclusivamente del precio de la carne. La clave pasa por la gestión eficiente y la capacidad de adaptarse a un entorno más complejo.
El caso de Córdoba refleja una tendencia más amplia: la transformación del negocio cárnico ya está en marcha y combina dos ejes centrales, la integración productiva y la profesionalización comercial.