Ambiente Sustentable / Gestión Ambiental

Avance de perros asilvestrados provoca pérdidas masivas y alarma en la ganadería patagónica

El avance de animales asilvestrados ya impacta en varias provincias y genera una crisis productiva, sanitaria y ambiental

Avance de perros asilvestrados provoca pérdidas masivas y alarma en la ganadería patagónica
martes 05 de mayo de 2026

La ganadería ovina en la Patagonia argentina enfrenta en 2026 una crisis creciente por el avance de perros asilvestrados que forman jaurías, con epicentro en Tierra del Fuego pero con expansión hacia otras provincias del sur. El fenómeno, documentado por organismos como el CONICET y el INTA, genera pérdidas productivas, riesgos sanitarios y alteraciones ecológicas, en un contexto donde la falta de control poblacional y la tenencia irresponsable de mascotas aparecen como causas centrales.

Según relevamientos técnicos citados por el medio +P, la situación más crítica se registra en Tierra del Fuego, donde el 70% del área productiva presenta presencia de perros sin control. En esa provincia, el stock ovino cayó de más de un millón de cabezas a menos de 300.000 en poco más de una década, lo que refleja el impacto directo de los ataques.

Especialistas explican que estos animales, a diferencia de los depredadores naturales, no cazan por necesidad alimentaria sino por instinto. “Los perros ven una oveja y la corren porque se mueve. Eso genera cierta diversión en el grupo y produce el daño masivo”, describió el biólogo del CONICET Adrián Schiavini, según datos difundidos en el informe técnico.

Tierra del Fuego: el epicentro de la crisis

La isla concentra los indicadores más alarmantes de toda la región. Un relevamiento en ciudades como Ushuaia, Río Grande y Tolhuin registró más de 25.000 perros sin supervisión, con densidades elevadas por kilómetro cuadrado. Dentro de ese universo, se estima que entre 600 y 1.000 son perros completamente asilvestrados, sin contacto con humanos.

El origen del problema se vincula al crecimiento urbano registrado desde la década de 1970, cuando la expansión industrial atrajo población y, con ella, animales domésticos que quedaron sin control. Con el tiempo, estos perros se reprodujeron en ambientes rurales y formaron jaurías con comportamiento salvaje.

El impacto productivo fue contundente. Más de la mitad de los productores en zonas afectadas abandonó la cría ovina o migró hacia la ganadería bovina, considerada menos vulnerable. Sin embargo, los ataques también alcanzan a terneros y novillos.

A esto se suma un componente sanitario. Informes del CONICET advierten que estos animales pueden transmitir enfermedades como rabia, leptospirosis e hidatidosis, lo que amplía el problema más allá del ámbito productivo.

Expansión hacia el resto de la Patagonia

Si bien Tierra del Fuego representa el caso más extremo, otras provincias muestran señales de alerta. En Río Negro, especialmente en la región de la Línea Sur, estudios del INTA Bariloche determinaron que el 21,6% de las muertes de ovinos en establecimientos analizados se debe a ataques de perros.

Además de las pérdidas directas, los ataques generan estrés en los animales, afectan su desarrollo y obligan a los productores a intensificar la vigilancia, lo que impacta en la calidad de vida rural.

En Neuquén, las autoridades reconocen que el fenómeno aún no alcanza niveles críticos, pero advierten sobre su crecimiento. En localidades como Zapala, Junín de los Andes y Las Lajas ya se registran ataques recurrentes. El secretario de Producción provincial, Diego García Rambeaud, señaló que algunos animales mantienen vínculo con zonas urbanas, lo que dificulta su control.

La preocupación en esta provincia radica en evitar un escenario similar al de Tierra del Fuego, donde la falta de intervención temprana permitió la expansión del problema.

Avance de perros asilvestrados provoca pérdidas masivas y alarma en la ganadería patagónica

Impacto en Santa Cruz y Chubut

En Santa Cruz, los perros asilvestrados se suman a los depredadores tradicionales como el puma y el zorro colorado. Un relevamiento provincial indicó que el 20% de los productores sufrió pérdidas por ataques, principalmente en áreas cercanas a centros urbanos.

Frente a esta situación, algunos establecimientos adoptaron perros protectores de ganado, con resultados positivos: el 95% de quienes los incorporaron reportó una reducción en las pérdidas. Sin embargo, esta solución implica costos adicionales que no todos los productores pueden afrontar.

En Chubut, el fenómeno también está presente, aunque con menor visibilidad. En zonas como Comodoro Rivadavia se documentaron comportamientos extremos en jaurías, incluyendo episodios de canibalismo entre los propios animales. La respuesta más extendida entre los productores es el uso de razas guardianas, como el pastor de los Pirineos.

Un problema urbano con consecuencias rurales

Más allá de las particularidades provinciales, los especialistas coinciden en que el origen del problema está en la tenencia irresponsable de mascotas en áreas urbanas. Los perros abandonados o sin control migran hacia zonas rurales, donde forman grupos, se reproducen y pierden el vínculo con las personas.

En ecosistemas como el patagónico, caracterizados por su fragilidad, la presencia de un depredador no nativo genera efectos duraderos. Se registraron ataques no solo a ganado, sino también a fauna silvestre como guanacos y aves que nidifican en el suelo.

A diferencia de especies autóctonas, estos animales no forman parte del equilibrio ecológico, lo que amplifica su impacto sobre el ambiente.

Respuestas insuficientes y desafíos pendientes

En los últimos años se implementaron distintas medidas para contener el problema, como leyes de control poblacional, campañas de concientización y programas de esterilización. En Tierra del Fuego, por ejemplo, se declaró al perro cimarrón como especie exótica invasora en 2017.

Sin embargo, los resultados aún son limitados frente a la magnitud del fenómeno. Especialistas del INTA, el CONICET y organismos provinciales coinciden en que se requiere una estrategia integral y sostenida, que combine control reproductivo, identificación obligatoria de animales, educación pública y aplicación efectiva de normas.

La falta de coordinación entre jurisdicciones y la escasa continuidad de las políticas aparecen como obstáculos para revertir la tendencia.

Un futuro en disputa

La expansión de las jaurías en la Patagonia plantea un desafío estructural para la producción ganadera y la conservación ambiental. La experiencia de Tierra del Fuego funciona como advertencia para el resto de la región, donde el problema aún podría ser contenido.

En este contexto, la clave estará en la capacidad de anticipación y en la implementación de políticas públicas que aborden el fenómeno desde su origen. La evolución del conflicto dependerá, en gran medida, de la respuesta coordinada entre Estado, productores y sociedad.

Mientras tanto, la ganadería patagónica enfrenta un escenario de creciente incertidumbre, donde un actor inesperado —los perros asilvestrados— redefine las reglas del sistema productivo.

 



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