La maquinaria agrícola argentina comenzó a exhibir señales de recuperación durante 2026 tras varios años atravesados por dificultades económicas, restricciones para la importación de componentes y una marcada caída de la inversión. Si bien las ventas muestran una tendencia positiva y el financiamiento volvió a ganar protagonismo, el sector advierte que la rentabilidad de los productores continúa siendo una limitante para acelerar la renovación tecnológica. Además, el elevado nivel de envejecimiento del parque de equipos se mantiene como uno de los principales desafíos para mejorar la competitividad del agro argentino.
El diagnóstico fue planteado por Carlos Palmieri, recientemente designado presidente de la Asociación de Fábricas Argentinas de Tractores y otros Equipamientos Agrícolas e Industriales (AFAT), durante una entrevista concedida al programa Claves del Campo de Radio Salta AM 840. Allí analizó la situación actual del mercado y señaló que, aunque los indicadores muestran una recuperación gradual, todavía persisten obstáculos que impiden una expansión más acelerada de las inversiones.

Según explicó, el comportamiento observado en las principales exposiciones agropecuarias del país permitió tomar el pulso del mercado durante el primer semestre del año. En ese sentido, destacó el impacto positivo de Expoagro, una muestra que logró revertir varios meses de escasa actividad comercial y reactivar el interés de productores y contratistas.
“Enero y febrero habían estado prácticamente parados y noviembre y diciembre también habían sido meses flojos. Expoagro revirtió esa situación y salimos de allí con una sonrisa muy grande”, afirmó Palmieri en declaraciones citadas por Claves del Campo.
El dirigente sostuvo que AgroActiva también mostró resultados favorables, aunque con un ritmo más moderado. “No ocurrió exactamente en los mismos niveles, pero fue una buena muestra, dentro de parámetros normales, con muy buena calidad de inversores y de público en general”, señaló al programa radial.
De acuerdo con AFAT, uno de los factores que contribuye a sostener el repunte es la mejora en las condiciones de financiamiento disponibles para la compra de equipos. La mayor oferta de líneas crediticias por parte de bancos públicos y privados, sumada a las alternativas impulsadas por las propias compañías fabricantes, generó un escenario más favorable para la concreción de operaciones.
Palmieri destacó que el contexto productivo también acompaña. Según indicó, las perspectivas para la actual campaña son positivas en términos generales, lo que contribuye a fortalecer la confianza de los productores.
“Estamos ante un año que presenta una buena productividad en términos generales. Además, la situación financiera está bastante mejor: hay mejores ofertas de crédito, tanto en pesos como en dólares, provenientes de la banca privada, estatal y también de las propias empresas”, sostuvo en declaraciones reproducidas por Claves del Campo.
El presidente de AFAT consideró que el mercado muestra una tendencia hacia la estabilización luego de varios años de alta incertidumbre. Sin embargo, aclaró que todavía no se observa un proceso de crecimiento acelerado.
“El producto está y el año, de a poco, se viene consolidando. Todavía no podemos decir que explotó ni que arrancó con toda la fuerza, pero sí que se observa una cierta estabilización de los negocios con tendencia a la mejora”, indicó.
A pesar de las señales positivas, el sector reconoce que la decisión de invertir continúa fuertemente condicionada por la situación económica de los productores.
Palmieri explicó que los márgenes de rentabilidad permanecen ajustados debido a la combinación de menores precios internacionales de los granos, mayores costos productivos y el impacto acumulado de la inflación registrada durante los últimos años.
“Creo que lo que está faltando es rentabilidad. Los números están cada vez más ajustados, los precios de los commodities no son los mejores y la inflación pegó muy fuerte en los últimos años sobre todos los costos productivos”, afirmó al programa radial.
El dirigente también mencionó que, si bien el Gobierno nacional ha impulsado medidas destinadas a reducir gradualmente los derechos de exportación, la carga tributaria continúa teniendo incidencia sobre los resultados económicos de las explotaciones agropecuarias.
A esto se suma el impacto de campañas recientes afectadas por condiciones climáticas adversas en distintas regiones productivas del país. Según explicó, muchos productores todavía se encuentran recomponiendo su situación financiera y priorizan la recuperación del capital antes que la incorporación de nueva tecnología.
“Hoy muchos productores no están pensando en renovar el parque de maquinaria o en aumentar la productividad, sino más bien en reacomodar el barco después de haber atravesado momentos difíciles”, expresó.
Uno de los puntos centrales planteados por AFAT es la necesidad de acelerar la renovación del parque de maquinaria agrícola argentino.
Según los datos expuestos por Palmieri, más del 85% de las cosechadoras en funcionamiento tiene más de diez años de antigüedad, mientras que entre el 80% y el 85% de los tractores supera los quince años de uso.
La situación contrasta con la realidad observada en mercados competidores como Estados Unidos o Brasil, donde el promedio de antigüedad de los equipos se ubica entre seis y siete años.
Para el sector, esta diferencia tiene consecuencias directas sobre la productividad y la eficiencia operativa de los establecimientos agrícolas.
Las nuevas generaciones de maquinaria incorporan avances tecnológicos que permiten optimizar el consumo de combustible, mejorar la precisión de las labores y aumentar la eficiencia en tareas como la siembra, la pulverización y la cosecha.
Palmieri señaló que la modernización del parque no sólo implica reemplazar equipos antiguos, sino también incorporar herramientas que permitan aumentar los rendimientos productivos y reducir costos operativos.
En ese contexto, comparó la situación argentina con la de Brasil, uno de los principales competidores agrícolas de la región. Según explicó, mientras los productores brasileños superan desde hace años los 3.600 kilos de soja por hectárea, Argentina continúa ubicada alrededor de los 3.000 kilos promedio, una diferencia que atribuyó, entre otros factores, al menor ritmo de incorporación tecnológica.
El comportamiento de las ventas tampoco es uniforme entre los distintos segmentos del mercado.
De acuerdo con AFAT, las cosechadoras registraron durante el primer semestre una dinámica más activa que otros equipos, mientras que los tractores mostraron un desempeño inferior al promedio de los últimos cinco años. Las pulverizadoras, en tanto, mantuvieron niveles similares a los observados durante 2025.
Palmieri explicó que estas diferencias suelen estar asociadas a la aparición de nuevas tecnologías, promociones comerciales específicas o líneas de financiamiento orientadas a determinados productos.
Otro aspecto que genera preocupación dentro de la entidad está relacionado con la medición del mercado. AFAT sostiene que existe una diferencia significativa entre la cantidad de tractores importados y los patentamientos efectivamente registrados.
Según indicó el dirigente, durante el año pasado ingresaron al país cerca de 4.000 tractores importados, principalmente de origen asiático, aunque los registros oficiales de patentamientos reflejan una cifra considerablemente menor.
Esta situación dificulta la elaboración de estadísticas precisas sobre el comportamiento real del mercado y complica la evaluación de la participación de cada segmento dentro de la actividad.
Pese a estos desafíos, el sector mantiene expectativas positivas para los próximos meses. La mejora del acceso al crédito, la recuperación gradual de la actividad y las perspectivas productivas favorables aparecen como factores capaces de impulsar nuevas inversiones.
Sin embargo, desde la industria coinciden en que la consolidación del crecimiento dependerá, en gran medida, de una mejora sostenida de la rentabilidad agrícola y de la capacidad del sector para avanzar en la renovación tecnológica de un parque de maquinaria que hoy representa uno de los principales desafíos para la competitividad del agro argentino.