La posibilidad de recuperar a la carne producida a pasto como una de las principales identidades de la ganadería argentina volvió a instalarse en la agenda del sector durante una jornada técnica realizada recientemente en Olavarría, provincia de Buenos Aires. Allí, investigadores, productores y comercializadores debatieron sobre el futuro de los sistemas pastoriles y las oportunidades que podrían abrirse en un contexto internacional cada vez más atento a la sustentabilidad, la calidad de los alimentos y el bienestar animal.
Según informó el medio especializado Bichos de Campo, uno de los principales impulsores de esta discusión es el investigador del INTA Bordenave, Marcelo Champredonde, quien desde hace años trabaja en el análisis de los sistemas de producción de carne vacuna y su vínculo con las demandas de los consumidores.

La reunión, considerada como el primer encuentro específicamente enfocado en la carne a pasto, buscó generar un espacio de intercambio sobre una temática que, si bien forma parte de la historia productiva argentina, perdió protagonismo frente al avance de sistemas más intensivos de engorde y producción.
Para Champredonde, el debate no se limita únicamente a una cuestión productiva, sino que involucra aspectos culturales, comerciales y ambientales. En ese sentido, sostuvo que la cadena ganadera argentina se fue alejando progresivamente de la imagen que durante décadas identificó a la carne nacional en los mercados internacionales.
Según publicó Bichos de Campo, el investigador afirmó que "la genética siguió modas y evolucionó desacoplada de las necesidades de los sistemas pastoriles puros", una situación que, a su juicio, contribuyó a modificar el perfil histórico de la producción bovina argentina.
La expansión de modelos más intensivos respondió a múltiples factores. Entre ellos, los cambios tecnológicos, la necesidad de incrementar la productividad y el avance de la agricultura sobre áreas tradicionalmente destinadas a la ganadería. Este proceso obligó a producir más carne en superficies cada vez más reducidas, favoreciendo el uso de corrales de engorde y una mayor participación de granos en la alimentación animal.
Sin embargo, para el especialista, ese cambio también implicó una pérdida de conexión con atributos que durante décadas distinguieron a la carne argentina frente a la competencia internacional.
"La carne de pasto, el gaucho y las pampas formaban parte de una identidad muy fuerte asociada al producto argentino", explicó Champredonde en declaraciones reproducidas por Bichos de Campo.
La discusión se produce en un contexto en el que distintos mercados internacionales muestran un creciente interés por sistemas productivos vinculados a la sostenibilidad ambiental y la trazabilidad de los alimentos.
Según explicó el investigador, los consumidores de numerosos países comienzan a prestar más atención al origen de los productos que consumen y a los métodos utilizados para producirlos.
De acuerdo con su visión, esta tendencia abre una oportunidad para reposicionar a la carne argentina obtenida bajo sistemas pastoriles.
En declaraciones citadas por Bichos de Campo, Champredonde sostuvo que "el mundo se está interrogando sobre qué pasa con los alimentos y con la salud de las personas, del ambiente y la diversidad biológica".
Esa preocupación creciente podría favorecer el desarrollo de estrategias comerciales enfocadas en productos diferenciados, donde la carne proveniente de animales criados principalmente sobre pasturas naturales o implantadas encuentre un espacio de valorización adicional.
Los especialistas coinciden en que la demanda de alimentos asociados a menores impactos ambientales y a modelos productivos más naturales viene creciendo en diferentes regiones del mundo, especialmente en segmentos de alto poder adquisitivo.
Para Argentina, cuya producción bovina históricamente estuvo vinculada al aprovechamiento de recursos forrajeros, esta situación podría representar una ventaja competitiva.
Uno de los aspectos centrales planteados durante la jornada fue la necesidad de revisar algunos criterios de selección genética utilizados durante las últimas décadas.
Champredonde considera que la evolución genética estuvo fuertemente influenciada por modelos productivos intensivos y por objetivos vinculados al incremento de peso y eficiencia en sistemas basados en granos.
Sin embargo, aclaró que recuperar la carne a pasto no implica regresar a esquemas productivos del pasado ni abandonar los avances tecnológicos alcanzados por la actividad.
Por el contrario, sostuvo que el desafío consiste en identificar cuáles son las características genéticas más adecuadas para potenciar los sistemas pastoriles modernos.
Según explicó, variables como tamaño corporal, conformación, capacidad de terminación y adaptación a distintos ambientes deberían formar parte de ese análisis.
En ese sentido, remarcó que la discusión debe enfocarse en construir modelos productivos adaptados a las condiciones actuales, aprovechando los conocimientos disponibles y las nuevas herramientas tecnológicas.
La propuesta apunta a desarrollar sistemas que combinen productividad, eficiencia y diferenciación comercial sin perder de vista las demandas emergentes de los consumidores.
El investigador también vinculó la transformación de la ganadería argentina con el proceso de agriculturización registrado en las últimas décadas.
La expansión agrícola, impulsada por innovaciones tecnológicas y mayores rendimientos, modificó significativamente el uso del suelo en distintas regiones productivas del país.
Como consecuencia, la ganadería debió adaptarse a una menor disponibilidad de superficie y aumentar sus niveles de eficiencia.
Ese contexto favoreció el crecimiento de modelos intensivos y el uso de corrales de engorde, que permitieron sostener la producción en espacios más reducidos.
Champredonde aclaró que no se trata de cuestionar ese proceso, sino de analizar sus consecuencias y evaluar alternativas para responder a nuevas exigencias de mercado.
"No estoy juzgando, estoy diciendo lo que veo", expresó el investigador en declaraciones difundidas por Bichos de Campo.
A su entender, la discusión debe realizarse de manera amplia, involucrando a productores, frigoríficos, investigadores, comercializadores y otros actores de la cadena.
Más allá de los desafíos productivos, los participantes del encuentro coincidieron en que la carne a pasto podría convertirse en una herramienta para generar valor agregado y diferenciación comercial.
Aunque reconocen que los mercados internacionales exigen volúmenes constantes, certificaciones y estándares cada vez más rigurosos, consideran que existen oportunidades concretas para avanzar en ese camino.
Champredonde destacó que Argentina cuenta con recursos naturales, experiencia ganadera y conocimiento técnico suficientes para desarrollar estrategias orientadas a ese segmento.
Por ese motivo, consideró fundamental continuar generando espacios de diálogo que permitan construir consensos y definir objetivos comunes para el sector.
La jornada realizada en Olavarría representó un primer paso en esa dirección. Lejos de plantear respuestas definitivas, abrió una discusión que combina tradición, innovación y nuevas demandas globales.
En un escenario donde la diferenciación adquiere cada vez más importancia, la posibilidad de reposicionar la carne a pasto argentina aparece como una alternativa que vuelve a captar la atención de investigadores, productores y empresas de toda la cadena ganadera.