Bioeléctrica es una empresa cordobesa que, desde hace más de siete años, busca reducir el impacto ambiental a través del uso de tecnología de primer nivel para transformar cultivos de biomasa en energía.
Germán Di Bella, presidente de la compañía, expresó en el congreso “Argentina, Supermercado del Mundo” que son 25 productores que se unieron con el objetivo de transformar el maíz en bioetanol. De esa manera, Bioléctrica logró construir la primera planta de bioetanol de la Argentina, en la localidad cordobesa de Río Cuarto, donde se producen alrededor de 80 millones de litros de alcohol, es decir, el 1% del corte de todas las naftas del país. “Córdoba se ha transformado en una gran provincia petrolera. La mayor cantidad de plantas de etanol están en Córdoba”, aseguró.
“Estamos obligados a transformar nuestro maíz, nuestras materias primas, para que lo que transportamos tenga un mayor valor”, indicó. En ese sentido, Di Bella sostuvo que se enfocaron en la producción de biocombustibles a partir de este cultivo porque “la Argentina tiene una enorme frontera por delante para desarrollar el maíz. Somos los segundos exportadores mundiales, siendo los sextos en producción”.
Asimismo, explicó que desde la empresa creen que la producción de biocombustibles, así como la consecuente generación de energía, está directamente relacionada con el desarrollo de las zonas rurales. “El maíz ensilado, que antes se utilizaba para alimentación de bovinos, hoy lo transformamos en energía eléctrica en la red”, afirmó.
Además, Di Bella explicó que “consumimos alrededor de 30.000 kilocalorías por día”, de las cuales sólo entre 2.500 y 3.000 son alimento, mientras que el resto es energía de los celulares, del transporte que utilizamos a diario y de los electrodomésticos, entre otros. “Sabemos que el problema alimenticio a nivel global no es falta de producción, sino mala distribución”, aseveró.
Por otro lado, contó que la empresa viajó a Alemania hace varios años para contratar una nueva tecnología. “Trajimos el conocimiento a la Argentina, importamos la gran mayoría de los elementos que forman la planta”, indicó Di Bella, a la vez que detalló que “Alemania tiene 8.000 plantas de este tipo. Desde 1995 comenzaron a transformar sus energías en renovables, entre las cuales se destacan la solar, la fotovoltaica y la biomasa”. Y agregó: “Producen 2,5 millones de hectáreas de maíz y transforman cerca de 900.000 hectáreas en energía”.
En esa línea, señaló que “en Alemania tienen una vocación hacia lo renovable”, a tal punto que cada usuario tiene disponibles dos tarifas en el recibo de la factura de luz: una renovable y una normal. “Lo que hace el Estado Nacional es devolverle a los que apostaron por las energías renovables cobrándoles una energía más barata de la que deberían pagar”, alegó.
Asimismo, sostuvo que con cada mega térmico que generan estas plantas, el calor del motor -que es de 1500 HP- lo que hace es “provocar que el radiador donde se enfría el agua para luego ingresar en el motor sea toda la población a la cual está sometida la planta”.
En este aspecto, remarcó que “la Argentina pierde el 17% de su energía en el transporte”, por lo que necesita una mayor distribución de la misma. De esta manera, estas plantas pequeñas permitirían generar la energía en el lugar de consumo. “Como es un circuito cerrado, tenemos una mayor fijación del dióxido de carbono”, expuso Di Bella, al tiempo que manifestó que “el subproducto que queda de esas plantas es el biofertilizante, que se utiliza en las 500 hectáreas de maíz ensilado”, es decir que, con ese aporte, no hay necesidad de aplicar fertilizantes exógenos.
Además, subrayó que “estas plantas son la excusa del desarrollo de los pequeños pueblos. Cuando uno instala una de estas plantas puede estar pensando en calefaccionar 5 hectáreas de producción frutihortícola”. Y agregó: “Si como empresarios no tomamos el compromiso de que todo lo que hacemos tiene que tener un impacto social benéfico, es inviable el desarrollo”.
Por último, aseguró que “convertirnos en el supermercado del mundo es dejar de sacar del país materias primas para empezar a exportar elementos elaborados”, para lo cual se necesita energía. “Es un momento que como productores agropecuarios hemos estado esperando. Debemos arriesgar y emprender sin miedos”, concluyó Di Bella.