El sector azucarero de México avanza en negociaciones con el Gobierno para desarrollar un programa nacional de etanol y cogeneración eléctrica, una iniciativa que podría movilizar inversiones superiores a US$ 1.500 millones y abrir una nueva industria de biocombustibles en el país. La propuesta surge en un contexto de dificultades para la actividad azucarera, afectada por una fuerte reducción de las exportaciones hacia Estados Unidos y por cambios en los hábitos de consumo.
La estrategia busca diversificar el destino de la producción de caña de azúcar y generar nuevas oportunidades de crecimiento para una actividad de la que dependen más de medio millón de productores y trabajadores vinculados al sector.
El vicepresidente del Consejo Nacional Agropecuario, Juan Cortina Gallardo, explicó que la agroindustria azucarera trabaja junto con las autoridades en una mesa técnica destinada a evaluar el desarrollo de un programa nacional de biocombustibles. El objetivo es utilizar parte de la producción de caña para elaborar etanol, un combustible renovable que podría incorporarse a las gasolinas y reducir la dependencia de otros componentes utilizados actualmente.
“Tenemos que ver cómo nos diversificamos hacia otras cosas y en ese sentido cabe un programa de etanol, de biocombustibles en México”, sostuvo Cortina.
La propuesta también contempla el fortalecimiento de la cogeneración eléctrica, una actividad en la que los ingenios azucareros ya tienen experiencia. Actualmente, el sector genera alrededor de 160 megavatios destinados a la venta de energía, aunque los estudios indican que existe potencial para sumar más de 1.000 megavatios adicionales mediante nuevas inversiones.
De concretarse, el programa permitiría ampliar significativamente la participación de las energías renovables dentro de la matriz energética mexicana y generar nuevas fuentes de ingresos para la agroindustria de la caña.
El proyecto cuenta con el interés de la administración de la presidenta Claudia Sheinbaum, que también explora acuerdos estratégicos con la petrolera brasileña Petrobras para impulsar iniciativas vinculadas a biocombustibles, biodiésel y etanol.
Dentro de ese esquema, Petrobras aparece como un posible socio tecnológico debido a su amplia experiencia en el desarrollo de combustibles renovables y en la integración de etanol dentro del mercado energético brasileño.
Para el sector azucarero, la diversificación resulta clave ante los desafíos que enfrenta la actividad. La reducción de más del 80% del cupo de exportación de azúcar hacia Estados Unidos afectó las perspectivas comerciales de la industria, mientras que las campañas orientadas a reducir el consumo de productos con alto contenido calórico también modificaron la demanda tradicional.
Frente a ese escenario, los biocombustibles surgen como una alternativa para agregar valor a la producción y generar nuevos mercados. Aunque los referentes del sector reconocen que el etanol por sí solo no resolverá todos los problemas de la industria, consideran que puede convertirse en un componente importante de una estrategia más amplia de transformación productiva.
Además de los beneficios económicos, la iniciativa busca aportar a los objetivos ambientales mediante la utilización de fuentes renovables de energía y la reducción de emisiones asociadas a combustibles convencionales.
Con inversiones millonarias en análisis y el respaldo de los principales actores de la cadena azucarera, México avanza hacia un modelo que podría convertir a la caña de azúcar en una pieza central de su estrategia energética y de desarrollo industrial para los próximos años.