El uso de aserrín y viruta de madera como componente de la alimentación de los rumiantes podría convertirse en una alternativa para reducir costos de producción y aprovechar residuos de la industria forestal. Diversos estudios realizados en bovinos de carne, vacas lecheras y ovinos concluyeron que los subproductos provenientes de pino y álamo pueden reemplazar entre un 10% y un 30% de la fibra tradicional de la dieta sin comprometer el desempeño productivo de los animales. La información fue publicada por La Nación, en una nota de investigación firmada por Aníbal Fernández Mayer.
La utilización de subproductos agroindustriales en la alimentación animal constituye una de las estrategias que mayor interés genera dentro de los sistemas ganaderos, especialmente en contextos donde el costo de los alimentos representa una parte significativa de los gastos de producción.
En ese escenario, los residuos generados por aserraderos cercanos a establecimientos ganaderos aparecen como una opción para sustituir parcialmente las fuentes tradicionales de fibra utilizadas en las dietas de bovinos y ovinos.
Según explica Fernández Mayer en el trabajo publicado por, el valor nutricional del aserrín depende de la especie forestal de la que provenga, aunque los mejores resultados se observaron con residuos de pino y álamo.
Estos materiales presentan bajos niveles de proteína, una digestibilidad moderada y un contenido de fibra comparable al de algunos forrajes conservados, características que permiten incorporarlos en determinadas proporciones dentro de las raciones de rumiantes.
De acuerdo con la información técnica recopilada en la investigación, el aserrín sin tratamiento presenta entre 40% y 70% de materia seca, contenidos de 2% a 4% de proteína bruta y una digestibilidad que generalmente oscila entre 30% y 35%.
Uno de los factores que limita su aprovechamiento es la elevada presencia de lignina, un compuesto estructural de la madera que reduce la capacidad de digestión por parte de los microorganismos del rumen.
La fracción fibrosa del material está integrada principalmente por celulosa, hemicelulosa y lignina. Precisamente esta última constituye el principal desafío para incrementar su valor nutricional.
Por ese motivo, distintas investigaciones evaluaron métodos destinados a mejorar la digestibilidad del aserrín mediante tratamientos químicos conocidos como amonificación.
El trabajo explica que una de las técnicas consiste en tratar el aserrín con urea o amoníaco, proceso que favorece la ruptura de los enlaces químicos de la lignina y mejora el aprovechamiento de la celulosa por parte de los animales.
Entre las alternativas disponibles se menciona la aplicación de seis kilogramos de urea disueltos en 30 litros de agua por cada 100 kilos de aserrín o viruta, almacenando posteriormente el material en condiciones anaeróbicas durante aproximadamente 30 días.
También existen aditivos comerciales líquidos que contienen energía, minerales, proteínas y hasta un 10% de urea, capaces de incrementar la digestibilidad y, al mismo tiempo, mejorar la palatabilidad de la mezcla, favoreciendo un mayor consumo por parte del ganado.
Uno de los estudios citados analizó la incorporación de aserrín de pino y álamo en dietas destinadas a vacas y toros para producción de carne.
En ese ensayo, el material reemplazó un 10% de la materia seca correspondiente al pasto Gatton panic (Panicum maximum).
Los investigadores comprobaron que los animales alimentados con esa formulación registraron ganancias de peso, consumo de alimento y eficiencia de conversión similares a las obtenidas con una dieta convencional basada exclusivamente en forraje.
Sin embargo, cuando la participación del aserrín aumentó hasta el 15%, comenzaron a observarse menores ganancias de peso y una reducción en el consumo diario de alimento.
Otro resultado destacado fue que el aserrín molido de forma gruesa mostró un comportamiento superior respecto del material finamente molido.
Las investigaciones también evaluaron el uso de aserrín de álamo en establecimientos lecheros.
Los resultados indicaron que puede reemplazar entre 10% y 30% de la fibra tradicional según la etapa productiva de los animales.
En vacas que producen alrededor de 20 litros de leche diarios, el reemplazo recomendado alcanza aproximadamente el 10% de la dieta.
En cambio, durante el final de la lactancia o en el período seco previo al parto, el porcentaje puede elevarse hasta el 30%, permitiendo disminuir el consumo energético y reducir el riesgo de sobreengrasamiento, una condición considerada indeseable para el manejo reproductivo y sanitario.
Además, los ensayos comprobaron que las vacas alimentadas con este tipo de dietas mantuvieron niveles normales de grasa en la leche, sin afectar la calidad del producto.
La investigación también incluye un trabajo desarrollado por Cándido Enrique Guerra Medina, de la Universidad de Guadalajara, en México.
En ese ensayo se evaluó el reemplazo del 30% del rastrojo de maíz por aserrín de pino en dietas destinadas al engorde de borregos.
Ambos tratamientos incluían una base compuesta por maíz, harina de soja, alfalfa, urea y sales minerales, variando únicamente la fuente de fibra.
Los resultados mostraron un desempeño favorable para la dieta con residuos de madera.
Los animales alimentados con aserrín registraron una ganancia diaria promedio de 246 gramos, mientras que aquellos que recibieron rastrojo de maíz alcanzaron 203 gramos por día.
Para mejorar la digestibilidad (del 30-35 al 40-45%) se deben reducir los niveles de lignina. Una técnica muy antigua, es tratar al aserrín con urea o amoniaco (amonificación) y moliendo el aserrín a partículas pequeñas
La posibilidad de utilizar residuos forestales en la alimentación animal despierta interés por su potencial para disminuir el costo de las dietas y, al mismo tiempo, generar un destino productivo para subproductos de la industria maderera que muchas veces carecen de valor comercial.
No obstante, Fernández Mayer señala en su trabajo que el uso del aserrín debe realizarse respetando proporciones adecuadas dentro de la dieta y considerando las características de cada especie forestal y categoría animal.
Además, sostiene que la incorporación de tratamientos químicos como la amonificación permite mejorar significativamente los parámetros nutricionales y ampliar las posibilidades de utilización del material.
A pesar de los resultados obtenidos en distintos países y sistemas productivos, el especialista considera que todavía existe margen para profundizar este tipo de investigaciones en la Argentina.
La generación de nuevos ensayos permitiría validar el comportamiento del aserrín bajo diferentes condiciones de producción y ofrecer mayor respaldo técnico a los productores interesados en incorporar este recurso como parte de la alimentación de bovinos y ovinos.
Los estudios disponibles muestran que, cuando se utiliza de manera controlada y con criterios nutricionales adecuados, el aserrín de pino y álamo puede transformarse en una alternativa viable para reemplazar parcialmente las fuentes convencionales de fibra, contribuyendo a mejorar la eficiencia de los sistemas ganaderos y al aprovechamiento de residuos provenientes de la actividad forestal.