La producción algodonera argentina enfrenta una nueva etapa en la que la mejora de la productividad ya no depende únicamente del rendimiento de los cultivos, sino también de una mayor integración entre todos los actores de la cadena. Así lo planteó el presidente de la Asociación para la Promoción de la Producción Algodonera (APPA) Santa Fe, Cristian Zorzón, quien sostuvo que los productores tienen por delante dos grandes desafíos: optimizar los procesos productivos dentro del lote y trabajar de manera coordinada con desmotadoras, acopiadores, clasificadores e hilanderías para preservar la calidad de la fibra. Las declaraciones fueron difundidas por Agroperfiles durante la presentación de la nueva variedad de algodón Arandú, realizada en Avia Terai, provincia del Chaco.

Según explicó Zorzón, la competitividad del algodón argentino dependerá cada vez más de la capacidad para producir una fibra homogénea y de calidad, un objetivo que comienza desde la planificación del cultivo y se extiende hasta las etapas posteriores a la cosecha.
Para el dirigente, la mejora continua debe concentrarse en aspectos agronómicos que permitan reducir pérdidas y obtener una producción más uniforme.
Entre esos puntos mencionó la utilización de semillas de calidad, una correcta uniformidad de siembra, el control eficiente de malezas, el manejo sanitario frente al picudo del algodonero y una fertilización equilibrada que acompañe las necesidades del cultivo.
Estos factores, explicó, permiten alcanzar una cosecha más pareja y minimizar problemas de contaminación o variaciones en la calidad de la fibra, aspectos cada vez más valorados por la industria textil.
De acuerdo con la información publicada por Agroperfiles, Zorzón considera que el segundo gran objetivo para los productores consiste en integrarse de manera más activa al resto de la cadena algodonera.
El dirigente sostuvo que el trabajo conjunto entre productores, desmotadores, acopiadores y compradores resulta indispensable para conservar las características de la fibra desde el momento de la cosecha hasta su llegada a la industria.
"El productor tiene que integrarse más al resto de la cadena, es decir, estar trabajando mano a mano con el desmotador", afirmó Zorzón en declaraciones reproducidas por Agroperfiles.
Según explicó, esa articulación permite cuidar la fibra durante el proceso de desmote y evitar deterioros durante el almacenamiento.
También señaló que resulta necesario mejorar la coordinación con quienes intervienen en la clasificación comercial del algodón.
En ese sentido, indicó que una evaluación objetiva mediante sistemas HVI (High Volume Instrument) contribuye a determinar con mayor precisión la calidad de la fibra y facilita la búsqueda de mejores oportunidades comerciales.
Para el presidente de APPA, la coordinación entre todos los eslabones también beneficia a la industria textil.
"Esto también ayuda a que el productor, desmotador y acopiador entregue al hilandero una fibra uniforme y con la calidad intrínseca correcta, no disminuida por manejos incorrectos", expresó, según publicó Agroperfiles.
Las declaraciones de Zorzón se realizaron durante la presentación de Arandú, la nueva variedad desarrollada por el INTA junto al semillero Gensus.
Se trata de la primera variedad de algodón resistente a herbicidas del grupo de las imidazolinonas, un desarrollo que apunta a mejorar el manejo de malezas y brindar nuevas herramientas para la producción.
La incorporación de nuevas tecnologías aparece como uno de los caminos para incrementar la competitividad de un cultivo que enfrenta desafíos productivos, económicos y comerciales.
El uso de genética mejorada, junto con un manejo agronómico más preciso, busca elevar los niveles de productividad y obtener una materia prima con estándares de calidad cada vez más exigentes.
Desde APPA consideran que el crecimiento del algodón argentino requiere una articulación permanente entre todos los actores involucrados.
La entidad sostiene que el desarrollo del cultivo no depende exclusivamente del productor, sino también del funcionamiento coordinado entre la industria, los organismos públicos, las empresas proveedoras de insumos, las instituciones técnicas y los distintos servicios que participan de la cadena.
Por ese motivo, la participación en jornadas técnicas y espacios de intercambio constituye una herramienta para compartir experiencias, incorporar nuevas tecnologías y debatir estrategias orientadas a mejorar la competitividad.
Según explicó Zorzón, el objetivo de la asociación es promover el desarrollo de la actividad algodonera a través del trabajo conjunto entre los distintos sectores.
La mejora de la productividad, afirmó, solo será posible mediante una visión integrada que contemple desde la producción primaria hasta la transformación industrial de la fibra.
La calidad de la fibra adquiere un papel cada vez más importante dentro del negocio algodonero.
Los mercados demandan materias primas homogéneas y con características bien definidas, lo que obliga a extremar los cuidados durante todas las etapas del proceso productivo.
En ese contexto, aspectos como la elección de la semilla, el manejo sanitario, la cosecha, el desmote, el almacenamiento y la clasificación comercial pasan a formar parte de una misma estrategia orientada a agregar valor.
Para el sector, el desafío no consiste únicamente en producir más algodón, sino en lograr una fibra que responda a los requerimientos de la industria nacional e internacional.
La incorporación de tecnología, el fortalecimiento de la articulación entre los distintos eslabones y la adopción de buenas prácticas aparecen como los principales pilares para consolidar una cadena más eficiente, competitiva y preparada para responder a las nuevas exigencias del mercado.