Cuando en 2014 Enrique Moya heredó parte del campo familiar en Centenario, Neuquén, decidió continuar con la producción ovina. Sin embargo, pronto comprobó que el esquema basado en Merino Australiano ya no era rentable. La baja rentabilidad de la lana y el lento crecimiento de los corderos lo llevaron a cambiar de estrategia. Hoy, tras apostar por la raza Texel, su objetivo es consolidar una cabaña de genética pura y competir en las principales exposiciones del país.
Según informó Bichos de Campo, el productor comenzó realizando cruzamientos con razas carniceras hasta que hace cuatro años encontró en el Texel la alternativa que terminó de cambiar el rumbo del establecimiento.
"Cuando probamos Texel los resultados fueron fantásticos. Logramos corderos de unos 20 kilos de carne a los cuatro meses, algo que para nosotros fue un cambio enorme. Ahí entendimos que era la raza por la que queríamos apostar", recordó Moya.

Ese resultado impulsó a la familia a profesionalizar el emprendimiento. En 2024 incorporaron seis madres, entre puras controladas y de pedigree, además de un carnero de pedigree proveniente de una cabaña de Chubut. También se sumaron a la Asociación Argentina de Texel, con la intención de desarrollar un plantel de alto nivel genético.
Actualmente la cabaña cuenta con 12 madres puras y dos carneros de diferentes líneas de sangre, aunque el objetivo es alcanzar entre 30 y 50 madres registradas para seguir fortaleciendo el rodeo.
"La idea es llegar a tener entre 30 y 50 madres puras y seguir mejorando la genética. Elegimos trabajar con la línea inglesa porque nos gusta mucho su conformación, su estética y también el potencial productivo que tiene", explicó.

El establecimiento se ubica en Cerrito de la Costa, a pocos kilómetros de Centenario, y combina monte, costa de río, isla y sectores de meseta. Esa diversidad obligó a adaptar el manejo productivo a las condiciones de la región. Las ovejas se crían bajo un sistema semiconfinado con pastoreo rotativo, aprovechando especialmente las áreas de ribera e isla.
Además del rendimiento carnicero, Moya destaca otra característica de la raza.
"Es un animal muy dócil. Se trabaja muy tranquilo, incluso con los chicos alrededor. Para nosotros eso también tiene muchísimo valor porque es un proyecto familiar", señaló.

El productor sostiene que el Texel ofrece una diferencia significativa respecto de las razas laneras tradicionales.
"El Texel es un animal netamente carnicero, muy musculoso, muy imponente. Comparado con una raza lanera prácticamente te da medio cordero más en rendimiento. La diferencia productiva realmente se nota", afirmó.
Como muchos establecimientos de la Patagonia, la cabaña también debió afrontar los efectos de la sequía. La falta de agua obligó a realizar nuevas perforaciones para garantizar el abastecimiento de los animales.
"La sequía nos complicó bastante y hace poco tuvimos que hacer nuevos pozos para garantizar el agua de los animales. Son inversiones que no estaban previstas, pero que hoy son imprescindibles para seguir produciendo", aseguró.
Pese a esos desafíos, la familia ya trabaja para participar por primera vez como cabaña en la Expo Rural del Neuquén, que se realiza en Junín de los Andes, donde buscarán presentar sus primeros reproductores.
"Ya tenemos organizada la logística, incluso el transporte propio para llevar los animales. Queremos que esa sea nuestra primera exposición como cabaña y mostrar el trabajo que venimos haciendo", adelantó.

Más allá de la producción, el proyecto tiene un fuerte componente familiar. Su esposa y sus dos hijos participan de las tareas diarias y representan el principal motor para seguir creciendo.
"Más allá de producir, nosotros queremos que nuestros hijos crezcan acá, que disfruten esta forma de vida y, si ellos quieren, que el día de mañana puedan seguir con la cabaña", expresó.
Para Moya, el desarrollo de la cabaña va mucho más allá de una actividad económica y representa un proyecto pensado para las próximas generaciones.