La utilización de perros protectores de ganado continúa consolidándose como una estrategia para reducir las pérdidas ocasionadas por depredadores en los sistemas ganaderos de la Patagonia. Con ese objetivo, el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) realizó una jornada de capacitación en la Estación Experimental Alto Valle, donde productores conocieron experiencias de manejo y recomendaciones para incorporar esta herramienta, basada en la convivencia entre la producción pecuaria y la fauna silvestre.
Según informó el INTA, el encuentro se desarrollóen la sede de Guerrico y reunió a 25 productores. La capacitación estuvo a cargo de Rocío Álvarez, técnica del INTA Los Menucos, y José María Garramuño, de la Estancia La Noria, quienes compartieron experiencias sobre el uso de perros protectores para disminuir los ataques de pumas y zorros colorados sin recurrir al control letal.

El perro protector delimita territorio mediante orina y ladridos para disuadir depredadores
Durante la actividad, Álvarez explicó que estos animales constituyen una herramienta complementaria dentro del manejo ganadero y aclaró que "es una herramienta más; no es un control mágico que va a ayudar a que la depredación llegue a cero", según declaraciones difundidas por medios locales.
A diferencia de los perros de arreo, cuya función es conducir el rodeo bajo las órdenes del productor, los perros protectores desarrollan un comportamiento autónomo y permanecen de manera permanente junto a la majada. Su función principal consiste en marcar territorio mediante ladridos y señales olfativas para disuadir la presencia de depredadores.
Las razas más utilizadas para este trabajo son el Maremmano-Abruzzese y el Pastor del Pirineo, seleccionadas durante generaciones por su capacidad para convivir con el ganado y protegerlo frente a amenazas externas.
Uno de los aspectos más importantes para lograr buenos resultados es el proceso de impronta, mediante el cual el cachorro desarrolla un vínculo temprano con las ovejas o cabras desde sus primeros días de vida.
Para ello, las madres permanecen junto al ganado durante la gestación y el nacimiento, permitiendo que los cachorros incorporen desde el inicio los olores y comportamientos del rebaño. Posteriormente, atraviesan distintas etapas de socialización hasta alcanzar la madurez funcional alrededor de los 14 meses.
Este entrenamiento busca que el perro identifique al ganado como parte de su grupo social y concentre su comportamiento defensivo únicamente frente a posibles depredadores.
Desde el punto de vista operativo, un ejemplar adulto puede recorrer hasta 30 kilómetros diarios patrullando el área asignada, por lo que requiere una alimentación balanceada de alta calidad y controles sanitarios periódicos.
Los especialistas recomendaron suministrar raciones con un contenido proteico de entre 25% y 30%, además de mantener al día el calendario de vacunación y las desparasitaciones.
El INTA también destacó que la incorporación de estos animales representa una inversión de largo plazo. El costo de adquisición suele equivaler al valor de entre 12 y 15 corderos, mientras que su vida útil puede extenderse entre 10 y 12 años, período durante el cual contribuyen a reducir significativamente las pérdidas ocasionadas por la depredación.
Durante los primeros meses de trabajo pueden aparecer conductas propias de la inmadurez, como el juego excesivo con los corderos. Para corregir estos comportamientos, los técnicos recomendaron utilizar métodos de manejo que limiten los movimientos del animal sin recurrir a castigos físicos.
Además, remarcaron la importancia de informar a los establecimientos vecinos sobre la presencia de perros protectores, ya que estos suelen desplazarse por amplias superficies sin reconocer los límites de los alambrados.
El organismo considera que la incorporación de estas prácticas fortalece un modelo de producción basado en la convivencia con la fauna silvestre, permitiendo disminuir las pérdidas económicas y reducir los conflictos entre la actividad ganadera y los carnívoros nativos.
Con capacitación, seguimiento técnico y un manejo adecuado, los perros protectores se consolidan como una herramienta que combina bienestar animal, conservación y productividad, ofreciendo una alternativa sustentable para los productores que desarrollan su actividad en la estepa patagónica.