Entre 2000 y 2011, el consumo de soja en China se incrementó un 160%, mientras que el área cultivada disminuyó más del 20%.
Esto se debió, por un lado, a que la soja importada costaba menos, siendo la diferencia de entre US$45 y US$90 por tonelada y, por otro lado, a que las compañías productoras de aceite y harina de soja reclamaban porotos de mayor calidad.
En los últimos cinco años, las importaciones han aumentado exponencialmente, alcanzando en 2016/2017 las 86 millones de toneladas, mientras que en 2015/2016 se importaron 82,5 millones.
Según las estimaciones del Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA), China importaría 122 millones de toneladas de soja para 2021/2022 y llegaría a las 200 millones de toneladas para 2025. En tanto, estiman que el área sembrada se reduciría más del 40% en la próxima década.
Otro dato significativo es que en China se está unificando el mercado de tierras rural y urbano, brindando los mismos derechos y sistemas de precios para los pobladores urbanos y rurales. Esto sucede en un contexto en que se estima que la población rural se va a reducir en alrededor de 300 millones para 2030.
Actualmente, más del 40% de la producción agroalimentaria china es efectuada por las grandes corporaciones, cuya actividad está orientada a los sectores más rentables, como la carne de cerdo y los lácteos, aunque también ha aumentado mucho la producción de carne vacuna. Esto hace que la demanda de granos sea mayor.