Los ponchos catamarqueños y las técnicas textiles ancestrales de la provincia volvieron a posicionarse en el escenario internacional tras la participación de artesanos de Belén y Laguna Blanca en intercambios y encuentros realizados en Francia, Italia y Ecuador durante los últimos años. Mientras exponen sus trabajos en la Fiesta Nacional e Internacional del Poncho, que se desarrolla hasta el 26 de julio en el Predio Ferial de Catamarca, los tejedores comparten con el público la experiencia de haber mostrado al mundo un patrimonio cultural que continúa transmitiéndose de generación en generación y que despierta creciente interés entre diseñadores, especialistas textiles y artesanos de distintos países.
Los protagonistas de estas experiencias son Mauro Gutiérrez y Yamil Gutiérrez, oriundos de Londres, departamento Belén, junto con Jaime Suárez, de Laguna Blanca. Los tres integraron distintas delegaciones de la denominada Ruta del Telar y representaron a Catamarca en actividades vinculadas al diseño, la moda, la producción textil y el intercambio de conocimientos con instituciones internacionales.
Este año, Mauro Gutiérrez y Jaime Suárez participaron de un campus de diseño y moda realizado en París, donde compartieron jornadas con diseñadores, docentes y fabricantes textiles. Durante la visita conocieron procesos industriales, experiencias relacionadas con tintes naturales y nuevas formas de comercialización, aunque fueron los métodos tradicionales utilizados en Catamarca los que concentraron la atención de los especialistas franceses.
Uno de los aspectos que mayor interés despertó fue el uso del telar criollo, una herramienta artesanal que continúa siendo el eje del trabajo de numerosos tejedores de la provincia. Mauro recordó que muchos asistentes quedaron sorprendidos al comprobar que los complejos diseños de los ponchos se elaboran con un sistema prácticamente inalterado desde hace generaciones.
"Cuando les mostré el telar con el que trabajamos no podían creer que siguiéramos usando una herramienta tan tradicional y rústica. Les sorprendía que con ese telar pudiéramos lograr guardas tan perfectas", explicó.
Entre las técnicas que despertaron mayor curiosidad apareció la denominada guarda atada, conocida internacionalmente como ikat, cuyo nivel de precisión motivó numerosas consultas durante el intercambio. Según relató el artesano, los especialistas buscaban comprender cómo era posible alcanzar semejante exactitud sin recurrir a tecnologías digitales. "Ellos hacen diseños parecidos, pero querían entender cómo logramos tanta precisión. Les expliqué que eso solo se aprende con muchos años de práctica y siendo muy detallista", señaló.
Para Mauro Gutiérrez, el reconocimiento recibido en el exterior también representa una valoración del aprendizaje familiar y del oficio artesanal que forma parte de la identidad catamarqueña. "El poncho es algo único para nosotros. Nos representa como catamarqueños y como argentinos", afirmó. El tejedor explicó además que dedica hasta doce horas diarias al trabajo en el telar y destacó que la perseverancia resulta indispensable para sostener una actividad que exige paciencia, fortaleza física y precisión. También resaltó la influencia de su madre, quien le transmitió el oficio y continúa tejiendo diariamente.
Jaime Suárez coincidió en que la experiencia en Francia permitió dimensionar el reconocimiento internacional que poseen los textiles elaborados en Catamarca. Durante la presentación, la delegación exhibió ponchos, chales, corbatines y fibra de vicuña con el objetivo de explicar cada una de las etapas del proceso artesanal.
"Llevamos ponchos, chales, corbatines y también la fibra para mostrar todo el proceso. No podían creer que todo estuviera hecho completamente a mano", sostuvo.
El artesano señaló que otro de los aspectos que sorprendió a los especialistas fue descubrir que los complejos dibujos utilizados en los tejidos no dependen de programas informáticos ni de procesos automatizados, sino del conocimiento adquirido a través de la práctica y la transmisión oral entre generaciones.
"Ellos trabajan con computadoras que programan los telares automáticamente. Nos preguntaban cómo hacíamos nosotros para entender tantos dibujos sin ninguna tecnología. Les respondimos que son enseñanzas que recibimos de nuestros padres y de nuestros ancestros", expresó.
Suárez consideró que preservar este patrimonio cultural requiere tiempo, dedicación y continuidad en la enseñanza. "Hay que tener paciencia para enseñar y también para aprender. Primero se empieza por lo básico y después se sigue creciendo", afirmó. Aunque destacó que el intercambio permitió conocer nuevas posibilidades para diversificar la producción textil, remarcó que el objetivo continúa siendo preservar la elaboración del poncho tradicional tuvo otro. "Aprendimos nuevas ideas, pero sin dejar nunca de hacer nuestros ponchos, porque son nuestra prenda tradicional y representan nuestra identidad", agregó.
La proyección internacional de los tejidos catamarqueños también tuvo otro capítulo en Italia y Ecuador, donde participó Yamil Gutiérrez. En 2024 integró la delegación que presentó el trabajo de los artesanos en el Instituto Internacional de Diseño de Milán y recorrió las reconocidas fábricas textiles Loro Piana y Piacenza, especializadas en fibras naturales de alta calidad.
Según explicó el tejedor, uno de los principales motivos de interés fue la calidad de la fibra de vicuña obtenida en Catamarca. "Lo que más les llamó la atención fue la finura de la vicuña de Catamarca. Ellos trabajan con fibras de Perú y Bolivia, y destacaron que la fibra de las vicuñas de Catamarca es más clara, más limpia y más fina", indicó.
Al año siguiente viajó a Ecuador para participar del Festival de Artesanías de América, donde las consultas estuvieron centradas en el manejo sustentable de la vicuña y en el proceso conocido como chaku, práctica ancestral utilizada para la captura, esa presentación también despertó interés el tiempo necesario para confeccionar un poncho elaborado íntegramente a esquila y liberación de los animales sin poner en riesgo su conservación.
Durante esa presentación también despertó interés el tiempo necesario para confeccionar un poncho elaborado íntegramente a mano. "Les sorprendió el tiempo que lleva hacer un poncho damero, alrededor de cinco meses, y la concentración que requiere. En los primeros pasos necesito absoluto silencio porque un solo error puede arruinar todo el trabajo", explicó Yamil. Sobre el desafío de trabajar con esta fibra, agregó: "Es un reto permanente. Mientras más difícil es, más me gusta. La vicuña exige muchísima precisión porque cualquier error no tiene vuelta atrás".
Mientras continúan exhibiendo sus creaciones en la Fiesta Nacional e Internacional del Poncho, los tres artesanos mantienen vivo un conocimiento transmitido durante generaciones y convertido en una de las expresiones culturales más representativas del noroeste argentino. El interés que sus tejidos despertaron en Europa y América Latina confirma que las técnicas tradicionales desarrolladas en Catamarca conservan plena vigencia y encuentran reconocimiento en algunos Fiesta Nacional e Internacional del Poncho, Ruta de los principales ámbitos vinculados al diseño y la producción textil del mundo.