Ganadería: la estrategia para producir más kilos sin perder eficiencia y cuidar el margen en cada etapa

Darío Colombatto analizó la relación entre compra y venta y planteó ajustar cría, recría y feedlot para mejorar el resultado

Ganadería: la estrategia para producir más kilos sin perder eficiencia y cuidar el margen en cada etapa
lunes 28 de septiembre de 2026 - 14:12

La ganadería argentina atraviesa un escenario en el que la diferencia entre el costo de reposición y el valor de venta obliga a revisar las decisiones productivas en cada etapa, según planteó el asesor Darío Colombatto .El especialista señaló que, ante la compra de terneros a valores elevados y perspectivas de venta del ganado terminado más moderadas, la estrategia pasa por producir más kilos de manera eficiente, controlar el nivel de engrasamiento y analizar cada decisión desde la cría hasta el feedlot.

Ganadería: la estrategia para producir más kilos sin perder eficiencia y cuidar el margen en cada etapa

La relación entre el precio de compra de la hacienda y el valor que finalmente recibe el productor aparece como uno de los principales condicionantes del negocio. Para Colombatto, el contexto exige abandonar decisiones tomadas por inercia y evaluar qué alternativa permite transformar mejor los recursos disponibles en kilos de carne.

“El origen de esta charla es ponernos a reflexionar qué hacer cuando vos tenés una encrucijada que nunca viste”, explicó el especialista, según consignó Bichos de Campo.

Su diagnóstico parte de una situación que afecta de manera diferente a los distintos eslabones de la cadena. Mientras quienes compraron terneros a precios elevados deben enfrentar un costo inicial significativo, los productores de cría cuentan con herramientas para agregar kilos a un costo relativamente menor, especialmente mediante el manejo de pasturas, la eficiencia reproductiva y la nutrición.

En ese esquema, Colombatto ubicó al criador como uno de los actores con mayor margen para mejorar el resultado productivo sin asumir necesariamente el mismo nivel de riesgo que otros eslabones.

“El criador, para mí, es el que mejor está parado porque es el que menos riesgo a pasarse de rosca tiene”, sostuvo el asesor, de acuerdo con Bichos de Campo.

La primera tarea, según su planteo, consiste en mejorar los indicadores básicos de la cría. Esto implica lograr la mayor cantidad posible de terneros a partir de la estructura de vacas que cada establecimiento puede sostener, aumentar la producción de forraje y, cuando los índices reproductivos ya alcanzaron niveles elevados, trabajar sobre el peso al destete.

La lógica es avanzar sobre variables productivas que permitan generar más kilos sin incrementar de manera desproporcionada los costos.

Más kilos desde la cría

Dentro de esa estrategia aparece nuevamente el creep feeding, una herramienta de alimentación suplementaria destinada a los terneros antes del destete. Colombatto consideró que el contexto actual puede darle mayor relevancia a esta práctica debido a la demanda por animales más pesados.

El objetivo no consiste simplemente en destetar terneros con mayor peso, sino en generar animales capaces de continuar su crecimiento durante la recría y llegar posteriormente a los pesos requeridos por la industria.

Según explicó el especialista, existe una demanda por animales que permitan obtener novillos de entre 500 y 540 kilos al momento de su ingreso al frigorífico.

“Hoy sí lo es porque tenés una escasez de ternero declarada y los que te lo compran muchas veces dicen: ‘Yo quiero llegar a un novillo de 540 kg en el frigorífico’”, afirmó Colombatto, según Bichos de Campo.

El desafío consiste en que los kilos adicionales obtenidos durante la cría no sean producto de un engrasamiento excesivo. Para eso, la composición de la dieta adquiere importancia.

“Hay que ver más alimentos que tengan más que nada proteína”, remarcó el asesor, al referirse a la alimentación de los terneros.

Entre las alternativas mencionadas aparecen grano de avena, pellet de soja, burlanda, arveja y alimentos balanceados específicos. La selección dependerá de la disponibilidad, el precio de cada insumo y las condiciones de cada establecimiento.

El criterio central es utilizar la suplementación para mejorar la ganancia de peso de manera eficiente, sin generar un animal que llegue demasiado temprano a su límite de terminación.

El desafío de la recría

La etapa siguiente presenta un problema diferente. Una vez destetado, el ternero necesita continuar creciendo sin alcanzar prematuramente niveles elevados de grasa.

Para Colombatto, esto modifica la forma de analizar la carga animal. La búsqueda de la mayor cantidad de animales por hectárea puede dejar de ser conveniente si implica reducir demasiado la ganancia individual de peso.

“El gran tema hoy es máxima ganancia de peso en la recría sin comprometer un engrasamiento temprano”, señaló el especialista, según la información publicada por Bichos de Campo.

La recría se convierte así en una etapa decisiva para definir el potencial del animal que posteriormente ingresará al corral. Un crecimiento adecuado permite aprovechar mejor el alimento y llegar a la terminación con una estructura corporal capaz de sostener mayores pesos.

En este proceso, la genética adquiere una importancia creciente. No todos los animales responden de la misma manera a una determinada dieta ni alcanzan la terminación en el mismo momento.

La selección genética, combinada con una adecuada sanidad y nutrición, permite buscar animales capaces de mantener ganancias de peso durante más tiempo antes de alcanzar niveles excesivos de grasa.

“Hoy más que nunca la genética empieza a ser clave”, sostuvo Colombatto, de acuerdo con Bichos de Campo.

La afirmación está vinculada con uno de los principales desafíos de la ganadería actual: producir animales más pesados sin deteriorar su calidad comercial. Un animal que se engrasa demasiado temprano puede perder eficiencia en la conversión del alimento en músculo y quedar limitado para alcanzar los pesos que demanda parte de la industria.

Por ese motivo, el peso final no puede analizarse de manera aislada. También deben considerarse la edad, la composición corporal, el grado de terminación y el destino comercial de la hacienda.

El feedlot y el costo de reposición

En el feedlot, el análisis cambia nuevamente. Según Colombatto, el problema central no está necesariamente en el margen generado por cada kilo adicional, sino en el precio que se paga por el animal que ingresa al establecimiento.

El costo de reposición adquiere así un peso determinante en el resultado económico del engorde. Si el precio del kilo producido permite cubrir ampliamente el costo de alimentación y otros gastos asociados, agregar kilos puede continuar siendo conveniente. Pero la rentabilidad total del negocio depende de la diferencia entre el valor de compra de la hacienda y el precio final de venta.

“Yo cada kilo que le pongan al feedlot gano plata, porque lo que me ingresa por ese kilo es mucho mayor a lo que me cuesta ese kilo. El gran tema es la compraventa”, resumió el asesor, según Bichos de Campo.

La afirmación pone el foco en el denominado riesgo de compraventa, que puede definir buena parte del resultado final del ciclo.

Una alternativa que aparece en este contexto es la hotelería, un sistema mediante el cual el establecimiento de engorde presta el servicio de alimentación y manejo de animales que pertenecen a terceros. De esta forma, el feedlot puede concentrarse en transformar el alimento en kilos de carne sin asumir necesariamente el costo de adquisición de la hacienda.

En algunos casos, los animales pueden pertenecer a empresas de la industria frigorífica. El modelo permite distribuir los riesgos entre distintos participantes de la cadena y utilizar la capacidad instalada del corral.

La escala también cumple un papel relevante. Una mayor cantidad de animales permite distribuir determinados costos fijos sobre un volumen superior de producción, aunque el resultado final depende de los precios de compra, alimentación y venta.

Animales más pesados y calidad de la carne

Colombatto también señaló que los sistemas de engorde avanzan hacia ciclos más largos y animales de mayor peso. Ese cambio responde, entre otros factores, a la necesidad de producir más kilos por animal y aprovechar oportunidades comerciales asociadas con determinadas características de la carne.

En ese escenario empiezan a tener mayor relevancia las bonificaciones por peso y marmoreo, así como las penalizaciones asociadas con el exceso de grasa.

El marmoreo, que refiere a la presencia de grasa intramuscular, constituye uno de los atributos considerados por determinados mercados y programas de calidad. Su desarrollo depende de factores genéticos, nutricionales y de manejo.

La posibilidad de obtener una bonificación por características específicas modifica la evaluación económica del ciclo. Ya no se trata únicamente de producir el mayor número posible de kilos, sino de generar un animal que responda a los requerimientos del comprador.

Al mismo tiempo, el exceso de grasa puede generar descuentos o penalizaciones, por lo que prolongar el engorde indefinidamente no necesariamente mejora el resultado.

La clave pasa entonces por determinar cuándo agregar kilos deja de ser rentable y cuál es el peso que mejor se adapta al mercado de destino.

Una cadena en la que cada etapa depende de la anterior

El análisis de Colombatto plantea una mirada integrada de la ganadería. Cría, recría y terminación no pueden evaluarse como negocios completamente independientes, porque las decisiones adoptadas en una etapa condicionan las posibilidades de la siguiente.

La eficiencia reproductiva de la cría determina la cantidad de terneros disponibles. El peso y la calidad del ternero condicionan la recría. A su vez, el crecimiento logrado durante esa etapa define en buena medida cuánto alimento y tiempo necesitará el animal para llegar a la terminación.

Por último, el feedlot debe decidir cuánto tiempo mantener al animal y qué dieta utilizar para alcanzar el peso y la calidad buscados por el mercado.

“Sin una cría buena, la recría buena es poco o menos probable y, sin una recría buena, después el corral no corrige lo que no se hizo en las etapas anteriores”, resumió Colombatto, según Bichos de Campo.

El concepto sintetiza el principal eje de su análisis: la eficiencia ganadera no depende de una sola decisión ni de una única etapa. La rentabilidad se construye a partir de una sucesión de decisiones vinculadas con la reproducción, la producción de forraje, la nutrición, la genética, la sanidad, la compra y venta de hacienda y el momento de terminación.

En un escenario de relaciones de compra-venta más exigentes, la estrategia planteada por el especialista apunta a que cada eslabón revise sus costos y su capacidad para generar kilos antes de tomar nuevas decisiones.

La producción de más carne aparece así como una vía para mejorar los resultados, pero condicionada por un segundo objetivo: que esos kilos se obtengan con eficiencia y respondan a las características que demanda el mercado.

El desafío para la ganadería será combinar más producción, mejor conversión y una terminación adecuada, sin que el incremento de kilos termine generando costos que deterioren el margen. Para Colombatto, la respuesta no pasa por esperar que las variables macroeconómicas corrijan por sí solas las relaciones del negocio, sino por ajustar las decisiones productivas en cada establecimiento y en cada etapa de la cadena.

 

 

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