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De una decisión inesperada a liderar 40 hectáreas de frutales

Joaquín Gómez conduce 40 hectáreas de frutales en General Roca, introdujo cambios productivos y ahora proyecta ampliar la superficie

De una decisión inesperada a liderar 40 hectáreas de frutales
jueves 01 de octubre de 2026 - 16:52

Joaquín Gómez tiene 24 años y está al frente de 40 hectáreas de frutales en General Roca, Río Negro, luego de asumir inesperadamente la conducción de la explotación familiar cuando tenía 22. Una emergencia de salud de su padre lo llevó a dejar su trabajo justo antes de la cosecha y hacerse cargo de una actividad que hoy busca consolidar y ampliar, según informó Diario Río Negro.

La explotación está integrada por 30 hectáreas propias y 10 alquiladas, con una producción concentrada principalmente en manzanas y peras. La chacra pertenece a una familia vinculada con la actividad desde hace más de un siglo y atravesó distintas etapas productivas hasta llegar a la actual generación.

Joaquín creció entre frutales, tractores y tareas rurales. Su bisabuelo, llegado desde España, inició la historia productiva de la familia con viñas y verduras. Más adelante, la explotación se orientó hacia las peras y las manzanas.

De una decisión inesperada a liderar 40 hectáreas de frutales

Su padre, Gustavo Gómez, también había asumido responsabilidades a una edad temprana. Comenzó con cinco hectáreas heredadas y con los años llevó la superficie familiar a más de 30 hectáreas.

El cambio generacional, sin embargo, se aceleró de manera inesperada. Cuando Joaquín tenía 22 años, su padre debió someterse a una cirugía cardíaca de urgencia y permaneció en coma durante alrededor de un mes.

La cosecha estaba próxima a comenzar y la familia evaluó alquilar las chacras. Joaquín tomó otra decisión. “No, yo las agarro”, recordó en diálogo con Diario Río Negro.

Hasta entonces trabajaba en una empresa de insumos para la fruticultura y colaboraba ocasionalmente con su padre. Para asumir la conducción completa, renunció a su empleo y se dedicó de lleno a la explotación.

Su primera cosecha comenzó a fines de diciembre con ciruelas, siguió en enero con pera Williams y se extendió hasta fines de abril con las manzanas. Durante ese período tuvo que organizar cuadrillas de hasta 30 trabajadores y aprender también la parte comercial del negocio.

De una decisión inesperada a liderar 40 hectáreas de frutales

Dos años después, la chacra ya refleja algunas de sus propias decisiones. Joaquín modificó el sistema de poda, reconvirtió dos hectáreas de manzana Granny Smith hacia Chañar y transformó uno de los montes más antiguos desde el sistema tradicional hacia espaldera.

Actualmente, cerca del 60% de la producción corresponde a manzanas y el 40% a peras. También cuentan con aproximadamente dos hectáreas de ciruelas y media hectárea de cerezas.

El rendimiento promedio de peras y manzanas se ubica en torno a los 50.000 kilos por hectárea, aunque las plantas de mayor edad presentan variaciones entre campañas. Uno de sus objetivos es lograr una producción más estable mediante ajustes en poda y fertilización.

“Es preferible tener menos, pero todos los años saber que vas a tener una buena cosecha”, explicó el productor.

La gestión de la chacra se extiende durante todo el año. Después de la cosecha comienzan las tareas de poda, riego, fertilización, raleo y control de los montes.

Otro de los desafíos son las heladas. La explotación combina sistemas de defensa mediante riego por manto y aspersión. Actualmente cuenta con entre tres y cuatro hectáreas protegidas con aspersión y Joaquín pretende ampliar esa superficie.

La comercialización también forma parte de la estrategia. Cerca del 80% de la fruta se conserva en frío en un frigorífico de Paso Córdoba para distribuir las ventas durante el año. El 20% restante se comercializa durante la cosecha para cubrir parte de los costos de esa etapa.

Joaquín trabaja con dos empleados permanentes y continúa realizando personalmente distintas tareas, incluido el manejo del tractor. Su padre sigue vinculado con la explotación y participa como consejero en decisiones y números del establecimiento.

De una decisión inesperada a liderar 40 hectáreas de frutales

El próximo objetivo es crecer. El joven productor busca incorporar nuevas chacras en la zona, analiza instalar mallas antigranizo, cuya inversión estima en unos US$15.000 por hectárea, y proyecta contar en el futuro con frigorífico y empaque propios.

También estudia avanzar hacia una comercialización más directa de la producción de ciruelas.

La experiencia iniciada de manera imprevista terminó consolidando su vínculo con la fruticultura del Alto Valle. “Esto me tiene muy entusiasmado, no lo veo como una obligación”, afirmó.

A dos años de aquella primera cosecha bajo su responsabilidad, Joaquín busca mantener la estructura construida por las generaciones anteriores mientras incorpora cambios para mejorar los montes y ampliar la producción. “No estoy arrepentido de haber renunciado para meterme en esto”, aseguró.

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