Ecosistemas Agrícolas / Insumos Agrícolas

El Niño y los silobolsas: las claves para evitar pérdidas durante las lluvias

Revisar el drenaje, separar las bolsas y reforzar los controles permite reducir daños y mantener el acceso a los granos

El Niño y los silobolsas: las claves  para evitar pérdidas durante las lluvias
viernes 02 de octubre de 2026 - 08:08

Las condiciones asociadas al fenómeno El Niño obligan a revisar la estrategia de almacenamiento de granos y, en particular, la preparación de los patios donde se ubican los silobolsas. Especialistas del INTA Balcarce difundieron una serie de recomendaciones para reducir los riesgos de anegamientos, roturas y demoras en la extracción, con especial atención al estado del terreno, la distribución de las bolsas y el monitoreo de la mercadería. Las pautas fueron presentadas el 1 de octubre de 2026 y buscan preservar la calidad de los granos y mantener la capacidad operativa de los establecimientos durante los períodos húmedos.

El punto de partida es la planificación. Para los especialistas, la preparación del lugar debe realizarse antes de embolsar, ya que una vez instaladas las bolsas puede resultar mucho más difícil corregir problemas de drenaje, circulación o acceso. Además, las lluvias pueden modificar en pocos días las condiciones del suelo y limitar el ingreso de maquinaria.

“La planificación debe comenzar antes de embolsar. Cada bolsa tiene que quedar en condiciones de ser inspeccionada, reparada o retirada incluso después de varios días de lluvia”, señaló Leandro Cardoso, especialista en poscosecha del INTA Balcarce, Buenos Aires.

El planteo parte de una cuestión operativa: almacenar granos no implica solamente encontrar espacio para colocar las bolsas. También es necesario garantizar que, durante todo el período de conservación, exista la posibilidad de llegar hasta ellas, controlar su estado y extraer el producto cuando sea necesario.

El terreno, el primer punto a revisar

Antes de definir dónde se instalarán los silobolsas, los especialistas recomiendan observar el comportamiento del agua dentro del lote. Las pendientes, cunetas y salidas deben permitir una evacuación adecuada de las precipitaciones para evitar que el agua quede acumulada alrededor de las bolsas.

Las depresiones del terreno también requieren atención, porque pueden transformarse en puntos de acumulación durante una lluvia intensa. En paralelo, es necesario revisar las zonas por las que circularán las máquinas y recuperar la firmeza de aquellos sectores que puedan perder capacidad de soporte cuando el suelo se humedezca.

La preparación incluye retirar piedras, rastrojos y otros elementos que puedan entrar en contacto con el plástico y provocar perforaciones. Sin embargo, el acondicionamiento del terreno debe realizarse sin remover de manera innecesaria la capa superficial del suelo.

El objetivo es llegar al momento del embolsado con una superficie que permita trabajar con normalidad y, al mismo tiempo, ofrezca alternativas de circulación cuando las condiciones meteorológicas sean desfavorables.

La planificación del espacio disponible es otro de los factores centrales. Una mayor ocupación del patio puede permitir almacenar más toneladas, pero también puede generar inconvenientes si se bloquean sectores de drenaje o se reducen los corredores necesarios para realizar inspecciones y tareas de extracción.

En ese escenario, el criterio de organización debe contemplar cómo se trabajará con el suelo húmedo, y no únicamente la situación del terreno al momento de colocar las bolsas.

La distancia entre bolsas facilita el control

La distribución de los silobolsas puede determinar la rapidez con la que se detecta y resuelve un problema. Cuando las unidades quedan demasiado próximas, una rotura o una falla en los extremos puede resultar más difícil de inspeccionar y reparar.

Cardoso recomendó “dejar al menos un metro libre entre bolsas contiguas y también entre sus extremos, ya que esa distancia facilita la inspección, favorece el secado del suelo después de las lluvias y reduce el riesgo de que la maquinaria dañe una bolsa cercana durante la extracción”, según las recomendaciones del INTA.

El espacio libre cumple así varias funciones. Permite que el suelo se seque después de las precipitaciones, facilita el desplazamiento del personal y reduce la posibilidad de que los equipos utilizados para extraer el grano entren en contacto con otras bolsas.

Los extremos también deben permanecer accesibles. “Los cierres deben quedar separados, visibles y accesibles para poder revisarlos o repararlos”, indicó Cardoso.

La recomendación cobra mayor importancia cuando se almacenan grandes volúmenes y se forman bloques de varias bolsas. En esos casos, el tamaño de cada grupo debería definirse según el tiempo necesario para alcanzar la última unidad y retirar la mercadería.

Durante un período de lluvias, ese tiempo puede aumentar de forma considerable. El suelo puede perder firmeza, las máquinas pueden tener mayores dificultades para circular y las tareas de extracción pueden avanzar a menor velocidad. Por eso, concentrar demasiadas bolsas en un mismo sector puede limitar la capacidad de respuesta ante un inconveniente.

Cierres y hermeticidad

El cierre de las bolsas constituye otro aspecto que debe resolverse antes de que aparezcan condiciones adversas. Tanto el inicio como el final del silobolsa requieren personal, tiempo y materiales adecuados.

El nudo puede utilizarse como una alternativa rápida, pero los especialistas advierten que no debería considerarse una protección suficiente ante un anegamiento prolongado. El contacto con el agua y las condiciones ambientales pueden aumentar el riesgo de pérdida de hermeticidad.

Como alternativa, Cardoso explicó que “el termosellado o las cintas específicas pueden mejorar la hermeticidad si se aplican correctamente y luego se controla el resultado”, según el INTA.

La elección del sistema de cierre, sin embargo, debe estar acompañada por controles posteriores. Una bolsa correctamente cerrada al momento del almacenamiento también requiere inspecciones durante el período de conservación.

La detección temprana de un problema permite intervenir antes de que se produzca un deterioro mayor del grano. Por eso, el cierre forma parte de un sistema de prevención más amplio que incluye la ubicación de la bolsa, el acceso y el monitoreo.

Elegir el tamaño según el lugar y la maquinaria

Las características de cada establecimiento también influyen en la elección del tamaño de las bolsas. Cuando la superficie disponible es reducida, utilizar bolsas de mayor diámetro permite concentrar más toneladas por metro lineal. Las bolsas más largas, en tanto, pueden disminuir la cantidad de montajes y cierres necesarios.

Pero esa decisión no debería tomarse solamente en función de la capacidad de almacenamiento.

El peso de la mercadería, las condiciones del suelo y la circulación de la maquinaria deben formar parte del análisis. En un escenario de lluvias, un terreno con baja capacidad portante puede convertirse en una limitación para los equipos necesarios durante la extracción.

Cardoso señaló que “estas alternativas deben evaluarse junto con la capacidad portante del terreno, el drenaje, los accesos y la compatibilidad de la maquinaria disponible”, de acuerdo con el INTA.

El criterio apunta a evitar que la búsqueda de una mayor capacidad de almacenamiento termine reduciendo la capacidad de trabajo. Una distribución eficiente debe permitir almacenar el volumen previsto sin comprometer los accesos ni las tareas que deberán realizarse meses después.

Registrar y monitorear cada bolsa

La identificación de los silobolsas es otro de los puntos destacados por el INTA. Cada unidad debería quedar ubicada en un plano y registrada en la documentación de la operación, de modo que sea posible conocer qué contiene y cuáles fueron sus condiciones de almacenamiento.

Entre los datos recomendados figuran el cultivo, la fecha de embolsado, la procedencia, la humedad de ingreso, el tipo de cierre y las reparaciones realizadas.

Este registro permite ordenar las inspecciones y conocer qué bolsas requieren una atención prioritaria. También facilita la toma de decisiones cuando las condiciones climáticas reducen el tiempo disponible para recorrer el establecimiento.

El control no debería limitarse al estado exterior del plástico. La inspección de la superficie y de los extremos puede complementarse con muestreos del grano y, cuando corresponda, con mediciones de dióxido de carbono como indicador indirecto de actividad biológica.

La información obtenida mediante estos controles permite detectar cambios que podrían afectar la conservación de la mercadería y decidir cuándo resulta necesario intervenir.

Mayor atención para los granos con humedad

Los especialistas también remarcaron la necesidad de aumentar los controles cuando ingresan al almacenamiento trigo, cebada o colza con humedad elevada.

En esos casos, la estrategia de almacenamiento debe contemplar la capacidad de secado disponible. Si la planta no puede acondicionar todo el grano en el momento de ingreso, será necesario prever cuánto tiempo permanecerán las partidas a la espera y definir cuáles deben recibir prioridad.

La planificación adquiere relevancia porque una demora en el acondicionamiento puede aumentar el riesgo de deterioro de los granos. Por eso, la gestión de la humedad comienza antes del almacenamiento y continúa durante todo el período de conservación.

El monitoreo permite además identificar diferencias entre las distintas partidas y evitar que una situación puntual se extienda a un volumen mayor de mercadería.

La prevención empieza antes de la lluvia

Las recomendaciones del INTA apuntan a una idea central: frente a períodos húmedos, la capacidad de respuesta debe planificarse antes de que el agua limite el trabajo.

El patio de almacenamiento debe permitir inspeccionar las bolsas, acceder a los cierres, reparar posibles daños y retirar los granos cuando sea necesario. Para lograrlo, resulta necesario combinar un terreno correctamente preparado, un sistema de drenaje adecuado, una distribución que deje espacios de circulación y un esquema de seguimiento.

El fenómeno El Niño coloca estas decisiones dentro de un escenario climático en el que la presencia de lluvias puede condicionar las operaciones de poscosecha. En ese contexto, la preparación del lugar se convierte en una herramienta para reducir los riesgos y sostener la actividad aun cuando el suelo pierda firmeza.

La recomendación de los especialistas no apunta solamente a aumentar la capacidad de almacenamiento. Por el contrario, busca que las toneladas almacenadas permanezcan accesibles y controladas durante todo el período en que permanezcan dentro del silobolsa.

“La atención debe intensificarse cuando ingresan trigo, cebada o colza con humedad elevada”, puntualizó Cardoso, quien también señaló la necesidad de prever los tiempos de espera cuando la capacidad de secado resulte insuficiente y priorizar las partidas de mayor riesgo.

El especialista resumió el criterio de manejo con una definición que atraviesa toda la estrategia: “La clave no es solo almacenar más, sino conservar la posibilidad de intervenir durante todo el período de acopio”.

Así, ante un escenario de lluvias, el manejo de los silobolsas comienza mucho antes de cerrar la primera unidad. Drenaje, firmeza del suelo, distancia entre bolsas, accesibilidad de los cierres, registro de cada partida y monitoreo de los granos forman parte de una misma estrategia destinada a preservar la calidad y evitar que las condiciones meteorológicas conviertan un problema operativo en una pérdida de mercadería.

 

 

 

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