Virginia de Jong, productora del Alto Valle de Río Negro, convirtió una experiencia fallida con el cultivo de nogales en un emprendimiento agroindustrial dedicado a la producción y elaboración de almendras sin gluten. Después de perder casi cinco hectáreas de nogales por las condiciones del suelo, su familia comenzó a plantar almendros en Cipolletti en 2007 y desarrolló Nogallia, una empresa que actualmente trabaja sobre 11 hectáreas productivas, procesa alrededor de 5.000 kilos de frutos secos por semana y comercializa sus productos en distintos puntos de Argentina, según informó Diario Río Negro.
El proyecto comenzó con la búsqueda de una alternativa productiva que permitiera a la familia tener mayor participación en la comercialización de su cosecha.
La primera decisión fue apostar por los nogales, una especie que parecía ofrecer oportunidades para desarrollar un negocio vinculado con los frutos secos.
Sin embargo, las características del terreno terminaron por modificar los planes iniciales.
La familia había plantado casi cinco hectáreas de nogales en una chacra cercana a Isla Jordán, en Cipolletti, pero cuatro años después prácticamente todos los árboles habían muerto.

"Nosotros tenemos napas muy superficiales y la raíz del nogal es muy profunda", explicó De Jong al describir las dificultades que enfrentaron durante aquella primera etapa.
La incompatibilidad entre el cultivo y las condiciones del suelo obligó a replantear el proyecto.
Después de analizar otras alternativas, decidieron reconvertir la superficie e incorporar almendros, una especie que requería técnicas de manejo y adaptación diferentes.
En 2007 comenzaron las primeras plantaciones y, con el paso de los años, ampliaron la producción.
Actualmente, Nogallia cuenta con casi cinco hectáreas en Cipolletti, donde crecen aproximadamente 5.000 almendros y permanecen unos 200 nogales, además de otras seis hectáreas productivas en Vista Alegre, Neuquén.
En total, el emprendimiento trabaja sobre 11 hectáreas distribuidas entre Río Negro y Neuquén.
Las principales variedades cultivadas son Guara y Marinada, de origen europeo, que presentan diferencias en sus períodos de floración y características productivas.
Para mejorar la adaptación al terreno, utilizan almendros injertados sobre durazneros, con portainjertos Nemaguard y Nemared.
Esta técnica permite aprovechar las características del sistema radicular del portainjerto y mantener las cualidades productivas de las variedades seleccionadas.
La reconversión también exigió tiempo antes de obtener resultados comerciales.
"A partir del cuarto año recién empezamos a vender el mínimo de fruta", recordó la productora.
Según explicó, una plantación puede necesitar alrededor de seis años para alcanzar una escala que contribuya de manera significativa al sustento familiar.
El desarrollo de Nogallia no quedó limitado a la producción primaria.
Con el tiempo, la familia incorporó procesamiento, selección, fraccionamiento y elaboración de alimentos, lo que permitió ampliar su participación dentro de la cadena de valor.
Actualmente, la planta procesa alrededor de 5.000 kilos semanales de frutos secos, entre almendras, nueces y algunas avellanas.
Una parte corresponde a la producción propia y otra proviene de establecimientos regionales que contratan servicios de procesamiento.
La empresa también elabora harinas de almendra con y sin piel, mixes y garrapiñadas, entre otros productos.
Nogallia cuenta con certificación libre de gluten para la elaboración y comercialización de sus alimentos, un atributo que le permite participar en el segmento de productos sin TACC.

La comercialización comenzó mediante recomendaciones personales y publicaciones en Facebook, pero luego se extendió a nuevos canales digitales.
En la actualidad, la empresa utiliza Mercado Libre y la venta directa para llegar a consumidores de diferentes provincias.
"Tenemos la aspiración de llegar a todos los rincones de la Argentina y que el consumidor final acceda a un producto de calidad y fresco", señaló De Jong.
El crecimiento del emprendimiento también estuvo acompañado por inversiones y modificaciones tecnológicas destinadas a mejorar el procesamiento.
Con la colaboración del Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI), el equipo adaptó una máquina fabricada en Córdoba para aumentar su rendimiento.

Según los datos aportados por la productora, la eficiencia del equipo pasó de aproximadamente el 50% a niveles de entre 85% y 90% después de sucesivas mejoras.
La maquinaria puede procesar hasta 1.000 kilos diarios de almendras, 1.000 kilos de avellanas o 600 kilos de nueces, según el fruto trabajado.
También incorporaron mejoras en las mesas de selección, los sistemas de extracción de polvo y la reducción del ruido durante las operaciones.
La modernización alcanzó además al abastecimiento energético.
El establecimiento instaló 34 paneles solares para cubrir parte del consumo de sus equipos industriales.
Entre las máquinas utilizadas se encuentra una garrapiñera con capacidad para elaborar hasta 40 kilos por tanda.
En paralelo, la familia comenzó a desarrollar iniciativas relacionadas con el aprovechamiento de los residuos productivos.

Las cáscaras de almendra, que representan aproximadamente el 70% del peso del fruto, se destinan actualmente a distintos usos, entre ellos su distribución entre vecinos y la aplicación en caminos.
El equipo también trabaja en el desarrollo de una máquina que permita transformar esos residuos en pellets para calefacción.
La iniciativa todavía se encuentra en desarrollo y busca generar un nuevo aprovechamiento de materiales que habitualmente se descartan.
Además, realizan ensayos para evaluar la utilización de la piel de almendra como aporte al suelo y experimentan con cultivos de cobertura, como vicia y trigo sarraceno, entre las hileras de árboles.
Estas prácticas forman parte de una estrategia de manejo orientada a mejorar las condiciones del terreno y aprovechar los recursos disponibles.
La chacra también incorporó actividades de turismo rural, que permiten conocer el proceso productivo y el trabajo cotidiano del establecimiento.
Después de casi dos décadas desde la reconversión inicial, Nogallia reúne producción agrícola, elaboración industrial, comercialización digital, servicios para terceros y proyectos de aprovechamiento de residuos.

La experiencia demuestra cómo una dificultad productiva puede impulsar la búsqueda de nuevas alternativas dentro de la agroindustria regional.
Desde aquella plantación de nogales que no logró prosperar hasta el desarrollo de una empresa de alimentos sin gluten, Virginia de Jong construyó un modelo de agregado de valor que combina producción patagónica, tecnología y comercialización directa.
"Yo disfruto todo el proceso. Yo descubrí mi propósito acá", expresó la productora al recordar el camino recorrido.