La industria alimentaria concentra sus desarrollos en cinco tendencias: aumentar proteínas, incorporar fibra, reducir azúcar y sodio, ampliar los alimentos funcionales y reformular productos sin perder sabor ni textura. El diagnóstico corresponde a AMG, empresa vinculada al desarrollo y provisión de ingredientes, y fue publicado por iProfesional el 14 de octubre de 2026.
Los cambios responden a preferencias de los consumidores, demandas nutricionales, avances tecnológicos y modificaciones regulatorias. Para las empresas, el desafío es mejorar la composición de los productos sin comprometer aceptación, estabilidad, costos ni viabilidad industrial.
La incorporación de proteínas se extiende más allá de la nutrición deportiva y aparece en yogures, leches, bebidas, barras, panificados y snacks. Entre las alternativas que se analizan figuran proteínas vegetales, de origen fúngico y obtenidas mediante fermentación.
Según estimaciones citadas por AMG, el mercado mundial de ingredientes producidos mediante fermentación de precisión podría crecer de US$ 5.020 millones en 2025 a US$ 36.310 millones en 2030. La nota también cita datos de Innova Market Insights según los cuales el 49% de los consumidores de América Latina incorpora activamente proteínas en su alimentación.
La Organización Mundial de la Salud recomienda que los adultos consuman al menos 25 gramos diarios de fibra naturalmente presente en los alimentos. Según datos mencionados por AMG, en Argentina apenas dos de cada 100 personas consumen la cantidad recomendada de cereales integrales.
Entre las alternativas para enriquecer formulaciones aparecen la inulina, los fructooligosacáridos (FOS) y los galactooligosacáridos (GOS). Su elección depende del producto y del efecto sobre consistencia, textura y conservación.
Reducir azúcar y sodio exige revisar la fórmula completa, porque ambos componentes influyen en el sabor, la textura, la estructura y la conservación. Entre las alternativas evaluadas para reducir azúcar aparece el Monk Fruit o fruto del monje.
De acuerdo con datos difundidos por AMG, las ventas globales de productos que contienen ese ingrediente crecieron un 24% durante 2025. La fuente señala que fue incorporado al Código Alimentario Argentino en mayo de 2026. La reducción de sodio presenta desafíos similares porque la sal también cumple funciones tecnológicas.
Los alimentos funcionales incorporan ingredientes por su aporte nutricional o por una función específica dentro de la formulación. Proteínas, fibras, vitaminas y minerales forman parte de estas estrategias, aunque la presencia de un ingrediente no demuestra por sí sola un beneficio particular para la salud.
La reformulación busca mejorar la composición nutricional y conservar sabor, textura y estabilidad. Para eso, las empresas deben evaluar combinaciones de ingredientes, procesos, costos, disponibilidad de materias primas y conservación.
Ignacio Aguirre, CEO de AMG, afirmó: “Más que una tendencia, estamos empezando a notar un cambio concreto en lo que las empresas nos demandan: mejorar el perfil nutricional de los alimentos ya es una condición. La proteína es hoy la principal búsqueda, especialmente para suplementos y snacks saludables, pero la conversación empieza a ampliarse hacia la fibra como ingrediente funcional”.
El ejecutivo agregó: “En paralelo, crecen las consultas para reducir sal y azúcares, incorporar ingredientes naturales y sumar vitaminas y minerales. El interés por ingredientes como el Monk Fruit también muestra que la industria está buscando alternativas que permitan reformular los productos y responder a nuevas demandas de los consumidores, como opciones aptas para veganos y celíacos”.
Estas prioridades corresponden a las tendencias identificadas por AMG y no significan que todos los fabricantes hayan adoptado los cambios. Su implementación depende de las fórmulas, los procesos, los costos y los requisitos regulatorios.