Las flores comestibles se incorporan a la gastronomía como ingredientes, pero su uso requiere conocer la especie, el cultivo y los posibles microorganismos presentes. La Facultad de Ciencias Agrarias de la Universidad Nacional de Lomas de Zamora (UNLZ) investiga el recorrido de estas flores desde la producción hasta la mesa, según publicó De Raíz el 2 de octubre de 2026.
El trabajo se vincula con la investigación de Cristian Javier López, ingeniero agrónomo y titular de la cátedra de Horticultura y Floricultura de la facultad, que estudia la comestibilidad, las propiedades y el comportamiento poscosecha de estas especies.
El equipo estudió la diversidad microbiana en Cosmos, Dahlia, Hemerocallis, Rosa, Tagetes y Zinnia. Analizó pétalos y sépalos mediante metodologías diferentes, que permiten observar microorganismos asociados al material vegetal y recuperar los presentes en la superficie.
Entre los géneros de hongos identificados aparecen Alternaria, Aspergillus, Botrytis, Cladosporium, Colletotrichum, Fusarium y Rhizoctonia. Algunos también están vinculados con enfermedades de las plantas.
La investigación observó mayor abundancia microbiana en los pétalos que en los sépalos. La diferencia podría relacionarse con las características de cada tejido y su exposición al ambiente. El suelo, el agua de riego, la fertilización, el manejo del cultivo y la cosecha pueden influir en los microorganismos que llegan con la flor a la cocina.
Que una especie sea comestible no significa que cualquier ejemplar pueda utilizarse en una preparación. Las flores destinadas al consumo deben estar identificadas y cultivadas bajo condiciones adecuadas para uso alimentario.
También es importante conocer los tratamientos que recibió la planta. Una flor de vivero o de un jardín ornamental no necesariamente fue producida para consumo humano; si recibió productos no autorizados para cultivos alimentarios, no debería terminar en el plato.
La fuente señala que, en noviembre de 2025, determinadas flores comestibles fueron incorporadas al Código Alimentario Argentino. Entre las especies mencionadas figuran caléndula, rosa, rosa mosqueta, taco de reina, lavanda, jazmín, manzanilla, hibisco, azahar y diente de león, entre otras.
La investigación no se limita a determinar qué especies pueden consumirse. También considera la poscosecha, una etapa relevante para un producto perecedero, y las condiciones que permiten conservar sus características.
Las flores pueden aportar sabores dulces, ácidos, picantes o amargos, además de aromas y texturas diferentes. Las violas pequeñas pueden utilizarse completas; en la caléndula suelen separarse los pétalos, mientras que las rosas ofrecen usos gastronómicos asociados con su aroma y sabor.
Conocer la especie y su procedencia es central para un consumo seguro. Por eso, los investigadores estudian la diversidad microbiana y las condiciones de producción y manejo que pueden incidir en la calidad de las flores que llegan a la mesa.