La producción de arroz en Corrientes enfrenta riesgos por las lluvias asociadas al fenómeno de El Niño, que podrían reducir los rendimientos por hectárea y deteriorar la calidad industrial del grano durante la campaña 2026/27. Así lo advirtió Jorge “Kike” Borsatto, productor arrocero y presidente de la Asociación Correntina de Plantadores de Arroz, en declaraciones publicadas por Bichos de Campo el 14 de octubre de 2026. Corrientes concentra aproximadamente el 47% de la producción arrocera argentina, por lo que la evolución del clima en la provincia tendrá incidencia sobre el resultado nacional.
El exceso de precipitaciones presenta un efecto contradictorio para el cultivo. Por un lado, puede reducir el gasto de bombeo para el riego por inundación; por otro, la nubosidad y la humedad prolongada favorecen enfermedades fúngicas y pueden afectar tanto el rendimiento como la calidad comercial.
Borsatto estimó que, en años con condiciones de El Niño, los rindes promedio pueden ubicarse alrededor de 1.000 kilos por hectárea por debajo de otros escenarios climáticos. Se trata de una referencia general y no de una pérdida confirmada para la campaña 2026/27.
El arroz necesita agua para desarrollarse, pero las precipitaciones abundantes no siempre benefician al cultivo. La inundación controlada de los lotes forma parte del sistema productivo; una crecida que cubra por completo las plantas, en cambio, puede provocar pérdidas.
La combinación de días nublados y lluvias frecuentes también genera condiciones favorables para los hongos. Según explicó Borsatto, esas condiciones pueden perjudicar el rendimiento por hectárea y afectar la formación del grano.
El dirigente resumió el riesgo de esta manera: “En general, los rindes promedio por hectárea en años Niño son inferiores en alrededor de 1.000 kilos”.
La calidad industrial constituye otra preocupación. La proporción de granos enteros y quebrados influye sobre el valor comercial del arroz, por lo que un deterioro en esa relación puede reducir los ingresos del productor, incluso si el costo de riego disminuye.
“Tenemos un problema de mucho grano enyesado, menor calidad de entero, más quebrado. O sea, hay una baja de calidad”, describió Borsatto.
El riesgo de lluvias intensas modificó el calendario de las labores en Corrientes. Habitualmente, la siembra se distribuye entre septiembre y octubre, con parte de la superficie que se completa en noviembre.
Ante la posibilidad de que las precipitaciones dificulten el ingreso de las máquinas a los lotes, numerosos productores optaron por adelantar las tareas. De acuerdo con los datos que manejaba la asociación al momento de la entrevista, entre el 70% y el 80% de la superficie prevista ya estaba sembrada.
El avance fue superior al habitual para esa etapa, aunque no eliminó los riesgos. Borsatto advirtió que los lotes implantados presentaban problemas de emergencia, con nacimientos que no eran suficientemente buenos ni parejos.
El estado de las plantas y la evolución de las precipitaciones determinarán si esos problemas pueden corregirse y cómo se desarrollará el cultivo durante el resto del ciclo.
La floración, prevista entre diciembre de 2026 y enero de 2027 para una parte importante de los lotes, aparece como un momento clave para definir el resultado productivo.
Si durante esa etapa se presentan períodos prolongados de sol y baja precipitación, la calidad del grano y los rendimientos podrían mejorar. Por el contrario, la persistencia de condiciones húmedas y nubladas mantendría el riesgo de enfermedades y pérdidas.
El impacto definitivo no puede darse por confirmado con anticipación. Dependerá de la distribución de las lluvias, la evolución de las temperaturas y las condiciones que se presenten durante las etapas sensibles del cultivo.
La asociación estimaba una superficie de alrededor de 90.000 hectáreas para la campaña 2026/27, frente a unas 96.800 hectáreas registradas en 2025/26. La diferencia representa una retracción aproximada del 7% al 8%.
Borsatto aclaró que la reducción no responde exclusivamente al pronóstico climático. El sector venía de atravesar dos campañas complicadas por los precios y por una rentabilidad que dejó a numerosos productores en una situación delicada.
La mejora reciente de las cotizaciones volvió a generar incentivos para sostener la actividad, aunque algunos productores decidieron abandonar los lotes más riesgosos y concentrarse en campos con mejor drenaje y menor exposición a inundaciones.
La elección de los lotes, la limpieza de canales y desagües y la accesibilidad de los caminos son parte de las medidas preventivas. La cercanía de rutas asfaltadas o caminos de ripio también puede facilitar la salida de la producción cuando las lluvias complican el tránsito.
Pese a los riesgos productivos, Borsatto descartó que una eventual reducción de la cosecha correntina provoque desabastecimiento en el mercado argentino.
El dirigente explicó que el país consume alrededor del 60% de lo que produce y exporta el 40% restante. Ese excedente constituye, según su análisis, un margen para abastecer el mercado interno aun si la producción disminuye.
La evolución de los precios dependerá de la magnitud de las pérdidas, de la oferta disponible y del comportamiento del mercado. Borsatto consideró posible alguna variación en los valores al consumidor, aunque no anticipó un aumento significativo.
La campaña 2026/27 quedará condicionada por la evolución del clima durante los próximos meses. En Corrientes, el desafío consiste en sostener el rendimiento y la calidad industrial sin perder de vista el costo de producción y la exposición de los lotes a las inundaciones.: