Bernardin, compañía dedicada a la fabricación de maquinaria agrícola desde hace más de noventa años, fue pionera en la fabricación de cosechadoras de granos en Sudamérica. Su fundador, Andrés Bernardin, introdujo el concepto del cabezal maicero, entre otras tantas innovaciones en materia de técnicas de cosecha.
El presidente de la empresa, José Luis Pasquetta, señaló en el congreso “Argentina, Supermercado del Mundo” que el agregado de valor a la producción viene de la mano de la agricultura de precisión.
En primer lugar, Pasquetta se remontó a 1925, año en que fue lanzada la primera maquinaria fabricada por Bernardin, la cual era tirada por caballos. “Mucho cambió desde aquella época en la que éramos considerados el granero del mundo. Hoy aspiramos a convertirnos, dándole valor agregado a aquello que producimos, en el supermercado del mundo”, aseguró.
Según afirmó el ejecutivo, la población mundial crecerá de 7.300 millones de habitantes a 9.500 millones en los próximos treinta años, por lo que será necesario generar mayor cantidad de alimentos con casi la misma superficie para poder satisfacer la demanda.
En ese sentido, expresó que “la Argentina tiene potencialidad para generar innovaciones tecnológicas”, a la vez que remarcó que desde Bernardin buscan otorgarle al productor “la tecnología necesaria para que pueda maximizar sus rendimientos, utilizando la menor cantidad de recursos”.
En la misma línea, indicó que los mapas de rendimiento son vitales para aumentar la productividad. “Una cosechadora, a través de sus monitores de rendimiento, recaba información respecto del comportamiento de los distintos lotes”, explicó el ejecutivo. A su vez, dijo que esa información también es utilizada para “volcarla a la sembradora, para que el productor pueda fertilizar y aplicar las semillas del modo más idóneo”, así como para “pulverizar el lote”.
Asimismo, destacó la información brindada, hoy en día, por los drones y satélites respecto del comportamiento de cada cultivo durante el proceso de crecimiento. Con estos datos, más los otorgados por los monitores de rendimiento, se genera un mapa del lote con el objetivo de incrementar al máximo el rendimiento del mismo.
“Nuestro desafío es saber interactuar entre los diferentes fabricantes, sea el de la cosechadora, la sembradora, la pulverizadora o la fertilizadora, para poder hacer uso de la información que nos dio la máquina que hizo el trabajo anterior al nuestro”, expresó Pasquetta, al tiempo que reconoció que uno de los mayores inconvenientes que posee la industria hoy en día es “el modo en que esa información se vuelca a los sistemas computarizados”, por lo que “hay una gestión a nivel mundial que tiene que ver con las normas ISO, a través de las cuales se busca estandarizar la información”.
De esa manera, señaló que la estandarización hace referencia a que “todas las máquinas cuenten con los mismos conectores, con un programa que lea la información y consiga interpretarla del modo correcto”. En este punto, subrayó que un fabricante de maquinaria agrícola debe “trabajar en forma conjunta con los proveedores de software y de sistemas computarizados, que son quienes manejan las máquinas”, en tanto la labor del fabricante es “saber adecuar estos sistemas y poder brindar máquinas viables, confiables en el tiempo y que respondan a las necesidades de los agricultores”.
Por otro lado, sostuvo que la Argentina tiene “problemas de logística para llegar a los centros consumidores más importantes, más demandantes de comida”, lo que hizo que “tengamos que optimizar y abrir nuestra mente a tecnologías que, muchas veces, uno las ve solamente incorporadas en nuestras pampas, o que han nacido acá y de a poco se han ido incorporado a otros mercados”.
Por último, remarcó que “el gran desafío que tiene la industria nacional es poder trascender nuestras fronteras para poder exportar nuestra tecnología a través de convenios con fábricas más grandes, que nos permitan acceder a los mercados realmente importantes”, como Asia y Europa.