La producción de alfalfa en el Valle Inferior del río Negro combina riego, rotación con maíz y exigencias de calidad para abastecer a los mercados interno y externo. Según publicó Más Producción, de LM Neuquén, en una nota firmada por Carolina González, la región forma parte de una cadena que creció en exportaciones y que enfrenta dificultades para lograr parámetros homogéneos de color, humedad y calidad de hoja.
De acuerdo con datos del Ministerio de Desarrollo Económico y Productivo citados en la publicación, Río Negro cuenta con 27.000 hectáreas implantadas y un rendimiento promedio de 18.000 kilos de materia seca por hectárea al año. La provincia aporta cerca del 20% de las exportaciones nacionales de alfalfa, con destinos principales en Medio Oriente y China.
A escala nacional, las exportaciones de alfalfa alcanzaron en 2025 un máximo histórico de 167.318 toneladas, por un valor de US$ 64,4 millones. Arabia Saudita concentró alrededor del 70% del volumen exportado y el 85% del valor total. Argentina aparece como el segundo productor mundial, detrás de Estados Unidos, con una superficie estimada de entre 3 y 3,5 millones de hectáreas.
Gastón Núñez, productor del Valle Inferior con 15 años de trayectoria, explicó que el esquema industrial requiere planificar la secuencia de cultivos y evitar la alfalfa continua sobre un mismo lote. Su planteo incorpora uno o dos años de maíz después del ciclo de la forrajera y luego vuelve a la alfalfa.Alfalfa estamos haciendo desde 2010 o 2011, ya hace unos 15 años. Empezamos a hacerlo a nivel industrial, en cantidad y buscando sacar calidad. Hace unos ocho años incorporamos el cultivo de maíz para que entre en la rotación, el cual calza muy bien en el esquema. Alfalfa sobre alfalfa no se puede hacer; realizamos uno o dos años de maíz después del ciclo de la alfalfa y luego retornamos al cultivo forrajero.
El maíz de esa rotación se destina principalmente al mercado regional, en particular al engorde a corral y a la alimentación de bovinos. La alfalfa se comercializa tanto para exportación como para consumo pecuario local.
Los compradores internacionales exigen una relación hoja-tallo elevada, buen porcentaje de proteína bruta, color verde uniforme y humedad controlada para evitar alteraciones durante el transporte marítimo. Aunque el riego del río Negro aporta previsibilidad hídrica, las condiciones meteorológicas durante el secado y la confección a campo siguen condicionando el resultado.
Para sacar buena calidad en alfalfa se depende de muchos factores. El clima local a veces no juega a favor para lograr el color y el grado exacto de humedad en la hoja. Por ese motivo, del total producido con destino a exportación, solo entre un 30% y un 40% —o un 50% en el mejor de los casos— alcanza los estándares requeridos por los compradores internacionales.
Según Núñez, entre el 30% y el 40% del volumen preparado para exportación cumple los requisitos, con un máximo de 50% en el mejor escenario. El material que no llega a esas especificaciones puede ser absorbido por el mercado interno, que demanda forraje para la actividad ganadera.
Las empresas procesadoras y compactadoras de la región acondicionan el producto para su despacho a destinos como Arabia Saudita, España y China. La publicación describe una demanda externa estable, mientras que la comercialización interna se mueve con más lentitud cuando las lluvias favorecen la disponibilidad de forraje natural en zonas de secano.
La logística también incide en la competitividad. La posibilidad de organizar despachos por el puerto de San Antonio Este aparece como una alternativa para optimizar los costos de flete. La fuente la presenta como una posibilidad planteada por actores del sector, no como un esquema ya implementado.
La expansión exportadora depende de tres factores conectados: manejo agronómico y rotación, capacidad de cumplir con los estándares de calidad y costos para llevar el producto hasta los compradores.