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Vino argentino: cómo responder a la caída del consumo mundial

La caída del consumo mundial y el aumento de los costos en dólares presionan a las bodegas y obligan a revisar mercados, productividad y oferta

Vino argentino: cómo responder a la caída del consumo mundial
lunes 26 de octubre de 2026 - 11:00

La competitividad del vino argentino enfrenta dos desafíos simultáneos: la caída del consumo mundial y el encarecimiento de la producción medido en dólares. En un análisis publicado por AgroNoa el 26 de octubre de 2026, Jorge Day, responsable de la sección Regional IERAL de la Fundación Mediterránea, compara la experiencia de Chile y Australia para identificar alternativas para la vitivinicultura argentina.

Según Day, desde 2023 el dólar aumentó menos que los costos internos, lo que redujo la competitividad de la producción argentina en moneda estadounidense. Si se mantiene la estabilidad macroeconómica, advierte, las bodegas podrían tener que operar durante un período prolongado con esa relación entre costos e ingresos.

El economista señala que trasladar el ajuste al precio de la uva puede incentivar el abandono de viñedos. Una cosecha insuficiente podría generar después subas bruscas de precios y dificultades para las bodegas. A su juicio, esa dinámica no ofrece una salida sostenible para el conjunto de la cadena.

Qué hicieron Chile y Australia ante el aumento de costos

Day compara la experiencia de ambos países entre 2002 y 2012, cuando el auge del cobre en Chile y de la minería en Australia generó ingresos de divisas y una apreciación real de sus monedas. Sus industrias vitivinícolas debieron competir con costos locales más altos medidos en dólares.

En ese período, el consumo mundial de vino todavía crecía, al menos hasta la crisis financiera de 2008. Desde entonces, las exportaciones australianas cayeron, mientras las chilenas continuaron aumentando.

Chile aprovechó acuerdos comerciales y redes de distribución para ampliar mercados y volúmenes exportados. Australia, que atravesó una apreciación cambiaria más intensa, debió concentrarse en reducir costos, diferenciar productos y ajustar su capacidad productiva.

Ambos países invirtieron en calidad, marcas y posicionamiento para vender vinos de mayor valor y mejorar sus márgenes. Al mismo tiempo, conservaron alternativas de menor precio, como vinos económicos y a granel. También buscaron elevar la productividad: Australia avanzó en mecanización, automatización y economías de escala, mientras Chile incorporó tecnología, riego y modernización.

Las diferencias se reflejaron en la superficie cultivada. Australia comenzó a reducir viñedos y a reorganizar empresas; Chile, en cambio, todavía expandía sus plantaciones y exportaciones durante parte de ese proceso.

La caída del consumo mundial exige ajustar la oferta

La contracción del consumo mundial, iniciada en la segunda mitad de la década de 2010, agregó una dificultad que ya no podía resolverse solo con mejoras de productividad o acceso a mercados. Las bodegas buscaron mayores márgenes a través de marcas, venta directa y productos adaptados a nuevas preferencias, entre ellos vinos más frescos, de menor graduación alcohólica y presentaciones diferentes.

Sin embargo, esas estrategias no siempre compensaron la menor demanda tradicional. Australia redujo los volúmenes procesados y revisó inversiones y activos, aunque mantuvo excedentes. En Chile disminuyeron los viñedos y algunos productores cambiaron de actividad o de cultivo.

Para Day, cada problema requiere una respuesta específica. Ante una moneda apreciada, resultan relevantes la productividad, la diferenciación y la apertura de mercados. Cuando cae la demanda mundial, también es necesario revisar cuánto producir, dónde invertir y qué capacidad conservar.

Costos logísticos y acceso comercial

La Argentina debe afrontar ambos desafíos al mismo tiempo. Además de mejorar el costo por litro y el posicionamiento comercial, necesita adaptar su oferta a un mercado mundial más pequeño. Day identifica la distancia entre las zonas productoras y los puertos como una limitación, especialmente para los vinos de bajo precio y los envíos a granel.

El análisis también señala que la Argentina dispone de menos acuerdos comerciales que algunos de sus competidores y ha aplicado restricciones e impuestos a las exportaciones. Chile logró acceso preferencial a determinados mercados, mientras el vino argentino enfrenta aranceles superiores en algunos destinos.

En ese contexto, Day plantea que los gobiernos pueden contribuir mediante mejoras de infraestructura y logística, simplificación de trámites y revisión de tributos y tasas que encarecen la producción y las ventas externas. También destaca la importancia de avanzar en acuerdos comerciales y facilitar una reconversión ordenada de los viñedos, en un escenario de recursos fiscales limitados.

Para las bodegas, el desafío incluye producir a menor costo por litro, aumentar la proporción de vinos de valor agregado y ampliar canales rentables, entre ellos la venta directa y el enoturismo. En las pequeñas y medianas empresas, la falta de escala y de financiamiento puede hacer más difícil la adaptación.

La conclusión del análisis es que la recuperación de la competitividad combina menores costos, más valor por litro y una adecuación de la oferta a la demanda. La experiencia de Chile y Australia ofrece antecedentes, pero la respuesta argentina dependerá de sus condiciones productivas, logísticas y comerciales.

 

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