La fertilización en soja y maíz puede elevar los márgenes agrícolas cuando la inversión en nutrientes se traduce en más rendimiento, según un análisis de Fertilizar Asociación Civil presentado en octubre de 2026. El trabajo evaluó escenarios de la zona núcleo y comparó dosis, rindes y costos para mostrar cómo la nutrición incide en el resultado económico de cada lote.
La entidad organizó el encuentro técnico “La matemática del lote” para vincular los requerimientos biológicos de los cultivos con las decisiones económicas de los productores. Los cálculos utilizaron precios de referencia de octubre de 2026 para el maíz de abril de 2027 y la soja de mayo de 2027, descontaron gastos de comercialización e incorporaron el costo de aplicación de fertilizantes.
Esteban Ciarlo, coordinador técnico de Fertilizar AC, explicó que el análisis debe comenzar por los requerimientos del cultivo y la cantidad de nutrientes que se retira del lote con la cosecha. En maíz, cada tonelada de grano requiere aproximadamente 20 kilos de nitrógeno y 4 kilos de fósforo, mientras que el grano extrae cerca de 14 kilos de nitrógeno y 3 kilos de fósforo por tonelada.
Con un rendimiento promedio nacional de 7,7 toneladas por hectárea en la campaña 2025/26, la extracción estimada alcanzó 105 kilos de nitrógeno y 23 kilos de fósforo por hectárea. Cuando la fertilización aporta menos que lo que se extrae, parte de la producción se sostiene con nutrientes del suelo, un recurso que no aparece directamente en la factura de la campaña.
Ciarlo diferenció el comportamiento de ambos nutrientes. El nitrógeno es móvil y puede perderse por lavado, por lo que su disponibilidad debe evaluarse durante el ciclo del cultivo. El fósforo tiene menor movilidad y puede acumularse en el suelo, de modo que su manejo también repercute en campañas posteriores.
El especialista definió la eficiencia agronómica como los kilos adicionales de grano obtenidos por cada kilo de nutriente aplicado. También advirtió que una nutrición equilibrada es central: la aplicación aislada de un nutriente puede no alcanzar su potencial si otro elemento limita el crecimiento.
Franco Córdoba, responsable del área de Mercados de Fertilizar AC, comparó tres planteos de maíz temprano en la zona núcleo. Las dosis evaluadas fueron de 80, 120 y 160 kilos de nitrógeno por hectárea, asociadas a rindes de 8, 10 y 12 toneladas por hectárea, respectivamente.
En esos escenarios, el costo de los fertilizantes pasó de US$ 203 por hectárea en el planteo de menor intensidad a US$ 337 en el de mayor productividad. La inversión adicional fue de US$ 134 por hectárea, mientras que la diferencia de rendimiento —cuatro toneladas— elevó el margen bruto de US$ 468 a US$ 871 por hectárea en campo propio: una mejora de US$ 403 por hectárea.
El resultado cambia cuando se considera un alquiler equivalente a 16 quintales de soja por hectárea. El planteo de menor fertilización arroja una pérdida de US$ 105 por hectárea; el escenario intermedio deja un margen de US$ 671 en campo propio y de casi US$ 100 en campo alquilado. Con la estrategia de mayor productividad, el margen llega a US$ 871 en campo propio y a casi US$ 300 en campo alquilado.
Los números corresponden a escenarios calculados por la entidad y no son una garantía de rentabilidad para todos los lotes. El resultado depende del rendimiento que se alcance, los precios y la estructura de costos de cada empresa.
Para soja de primera, el análisis comparó dos niveles de fertilización fosfatada en ensayos de la zona núcleo. El manejo frecuente contempló 9 kilos de fósforo por hectárea, un rendimiento de 3,7 toneladas y un costo de fertilizantes de US$ 39 por hectárea. El margen bruto estimado fue de US$ 652 por hectárea en campo propio.
Con una nutrición completa y 24 kilos de fósforo por hectárea, el rendimiento previsto subió a 4,2 toneladas y el costo de fertilizantes a US$ 103 por hectárea. El margen bruto llegó a US$ 726 por hectárea, una diferencia positiva de US$ 74, equivalente al 12%.
En campo alquilado, con un arrendamiento de 16 quintales de soja por hectárea, el margen pasó de US$ 79 a US$ 153 por hectárea, casi el doble. El incremento de la inversión en fertilizantes fue de US$ 64 por hectárea y el aumento de rendimiento estimado, de 500 kilos por hectárea.
Córdoba señaló además que la fertilización fosfatada puede mejorar la disponibilidad del nutriente en el suelo y producir efectos en cultivos posteriores. Roberto Rotondaro, presidente de Fertilizar AC, sostuvo que el rendimiento es una variable central para explicar el margen bruto y citó un trabajo de Juan Pablo Monzón, productor CREA e investigador de INTA-CONICET, elaborado con datos de más de 300 productores.
Rotondaro resumió el planteo con esta frase: “Tenemos que concentrarnos en las tecnologías que apalancan el aumento de rendimientos”. El análisis de Fertilizar AC plantea que el ajuste de dosis debe evaluarse con una mirada agronómica y económica conjunta, y no únicamente como una forma de reducir el gasto en insumos.