El INTA y la Universidad de Florida trabajan en la calibración de modelos de simulación para mejorar las recomendaciones de manejo de soja a partir de datos de ensayos argentinos. Según publicó La Nación el 27 de octubre de 2026, el Centro Regional Córdoba del INTA y la institución estadounidense utilizan registros de la Red de Evaluación de Cultivares de Soja (Recso) para identificar variedades y prácticas agronómicas con mejor potencial en distintos ambientes.
La iniciativa busca aprovechar información histórica de ensayos para reducir la brecha entre los rendimientos reales y los potenciales del cultivo. El trabajo forma parte de Recso-Américas, un proyecto que procura extender la experiencia argentina de evaluación de cultivares a otros países de la región.
Los investigadores Cristian Vissani, de la Estación Experimental Agropecuaria Marcos Juárez, y Marcos Murgio, de la Estación Experimental Agropecuaria Manfredi, participaron en una visita al Centro de Transformación de Cultivos de la Universidad de Florida, donde se desarrollan herramientas de mejoramiento genético, edición génica e inteligencia artificial aplicadas al cultivo.
Durante el intercambio, los equipos acordaron avanzar en la estimación de la ganancia genética, la redefinición de megaambientes productivos y el análisis de relaciones entre rendimiento, contenido de aceite y proteína de los cultivares. La colaboración busca combinar datos de campo con modelos capaces de simular el comportamiento de los materiales en distintas condiciones.
“Buscamos aprovechar mejor los datos de nuestros ensayos para generar información que ayude al productor a tomar decisiones de manejo”, explicó Marcos Murgio, investigador del INTA Manfredi. Cristian Vissani, coordinador nacional de la Recso, señaló: “El objetivo es reducir la brecha entre los rendimientos reales y potenciales del cultivo”.
Uno de los objetivos es mejorar la elección de fechas de siembra, grupos de madurez y cultivares para cada ambiente productivo. Las recomendaciones buscarán considerar no solo el rendimiento que podría alcanzar una variedad, sino también su variación entre campañas y los riesgos asociados con la variabilidad climática.
Los investigadores avanzaron en la calibración y validación de modelos con datos históricos de Recso, mediante la interfaz GEM desarrollada por la Universidad de Florida. La Recso ya dispone de una plataforma digital interactiva para consultar resultados de sus ensayos; el proyecto busca ampliarla para incorporar información de Recso-Américas y los resultados de los modelos.
“La intención es incorporar criterios agronómicos que complementen nuestras recomendaciones de cultivares”, explicó Murgio. La propuesta apunta a que productores y asesores dispongan de información ajustada a cada ambiente, en lugar de basarse únicamente en comparaciones generales entre variedades.
La Recso fue creada en 1980 por el INTA en la Estación Experimental Agropecuaria Marcos Juárez. Desde 2004 funciona mediante un convenio con la Asociación de Semilleros Argentinos (ASA) y es uno de los sistemas de evaluación comparativa de variedades comerciales de soja del país.
“La Recso ofrece fundamentos objetivos para elegir una variedad, basados en resultados comparativos obtenidos en múltiples ambientes y localidades. La red permite identificar qué materiales expresan mejor la ganancia genética disponible y en qué condiciones lo hacen”, explicó Vissani.
Recso-Américas busca extender el trabajo a Uruguay, Paraguay, Colombia y Perú, además de Argentina. Está cofinanciado por el Fondo Regional de Tecnología Agropecuaria (Fontagro) y es ejecutado por el INTA, Agrosavia de Colombia, el INIA de Uruguay, el INIA de Perú y el Instituto Paraguayo de Tecnología Agraria (IPTA). Entre los socios figuran ASA, el Instituto Nacional de Semillas de Uruguay, Corteva Agriscience y la Universidad de Florida.
Eugenia Saini, secretaria ejecutiva de Fontagro, destacó la importancia de conectar capacidades de investigación entre regiones. “Articular las capacidades de América Latina y el Caribe con universidades y centros de excelencia de Estados Unidos y otros países nos permite complementar conocimiento, infraestructura y talento”, señaló.
La colaboración busca traducir datos experimentales en herramientas prácticas para el manejo del cultivo. Su alcance dependerá de la validación de los modelos, la integración de la información regional y la utilidad de las recomendaciones para los ambientes y sistemas productivos de los países participantes.