El uso responsable de productos veterinarios es una condición fundamental para proteger la sanidad animal y garantizar alimentos seguros en la producción pecuaria argentina. El Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (SENASA) destacó el 3 de noviembre de 2026 la importancia de la prescripción profesional, la utilización de medicamentos autorizados y el cumplimiento de los tratamientos para evitar riesgos sanitarios y preservar la calidad de los alimentos destinados al consumo humano y a la exportación.
El organismo nacional señaló que cada decisión relacionada con la administración de antibióticos, antiinflamatorios y otros productos veterinarios tiene consecuencias que trascienden al establecimiento productivo. Su utilización adecuada contribuye a proteger la salud de los animales, reducir riesgos para las personas y respaldar la calidad de los productos de origen animal.
La recomendación del SENASA también apunta a fortalecer el trabajo conjunto entre veterinarios, productores, laboratorios y los demás integrantes de la cadena pecuaria.
La consulta con un profesional veterinario es necesaria para establecer un diagnóstico, seleccionar el tratamiento apropiado y realizar el seguimiento clínico de los animales.
En ese sentido, el SENASA recuerda que los productos veterinarios deben administrarse bajo indicación profesional. La receta veterinaria constituye un instrumento obligatorio y adquiere especial relevancia en el manejo de medicamentos farmacológicos, particularmente los antimicrobianos.
El uso incorrecto de estos productos puede favorecer la resistencia antimicrobiana, un fenómeno por el cual los microorganismos desarrollan la capacidad de sobrevivir a medicamentos que anteriormente permitían combatirlos.
Esta situación dificulta el tratamiento de infecciones tanto en animales como en personas. Por ese motivo, la utilización de antimicrobianos requiere decisiones profesionales y un manejo adecuado durante todo el tratamiento.
El registro de los tratamientos veterinarios permite documentar las intervenciones sanitarias realizadas en los animales y verificar el cumplimiento de las indicaciones profesionales.
Según el organismo sanitario, cada registro debe incluir:
Identificación de los animales tratados.
Nombre del producto veterinario utilizado y sus datos de identificación.
Fechas de administración.
Período de retiro correspondiente.
Responsables de la indicación y aplicación del tratamiento.
Esta información permite reconstruir el historial de los tratamientos y fortalecer la trazabilidad de los alimentos de origen animal.
El registro también facilita el control de los períodos de retiro y permite comprobar que los productos obtenidos de los animales tratados cumplan las condiciones necesarias para su destino al consumo humano.
Otro aspecto central de las recomendaciones es verificar que los medicamentos utilizados cuenten con autorización oficial.
El SENASA indica que los productores y responsables de adquirir estos productos pueden consultar el Vademécum oficial de productos veterinarios. La búsqueda se realiza mediante el número de certificado que figura en el envase, la etiqueta o el prospecto.
Los productos que no cuentan con aprobación oficial no ofrecen garantías de seguridad, eficacia y calidad. Su utilización puede generar consecuencias como:
Efectos adversos en los animales.
Tratamientos ineficaces.
Presencia de residuos indebidos en alimentos de origen animal.
Cuando se detecta un producto no aprobado, corresponde realizar la denuncia ante el SENASA a través de su sistema oficial.
Además, antes de administrar un medicamento, es necesario revisar la información del rótulo y del prospecto. Allí se detallan las condiciones de utilización, las dosis, las vías de administración, las especies autorizadas, las contraindicaciones y las precauciones correspondientes.
Uno de los puntos que requiere especial atención es el cumplimiento del tiempo de carencia o período de retiro de cada medicamento veterinario.
Se trata del intervalo que debe transcurrir entre la última administración del producto y el momento en que los alimentos provenientes del animal pueden destinarse al consumo humano.
Este requisito alcanza a productos como:
Carne.
Leche.
Huevos.
Miel.
El respeto de los períodos de retiro permite que los residuos de medicamentos presentes en los alimentos se mantengan dentro de los límites máximos de residuos (LMR) establecidos para los productos de origen animal.
Por lo tanto, el cumplimiento de este plazo forma parte de las buenas prácticas sanitarias en los establecimientos pecuarios. No alcanza con seleccionar un medicamento autorizado y administrarlo correctamente: también es necesario respetar las condiciones de uso y los tiempos establecidos en su prospecto.
El SENASA subraya que el uso responsable de medicamentos veterinarios no depende exclusivamente del productor o del profesional que prescribe un tratamiento.
Los laboratorios, los locales de venta y los distribuidores también tienen responsabilidades en la comercialización de productos autorizados, la promoción de la consulta profesional y la provisión de información clara sobre sus condiciones de utilización.
El enfoque del organismo apunta a que cada eslabón contribuya a preservar la sanidad animal y la inocuidad de los alimentos.
En ese marco, las principales recomendaciones para los establecimientos pecuarios son:
Consultar al veterinario antes de administrar medicamentos.
Utilizar exclusivamente productos autorizados por el SENASA.
Leer y respetar las indicaciones del rótulo y el prospecto.
Cumplir los períodos de retiro establecidos.
Registrar los tratamientos y los responsables de su aplicación.
El cumplimiento de estas prácticas permite fortalecer los controles sanitarios desde el establecimiento productivo hasta la obtención de los alimentos.
Para el organismo sanitario, la utilización consciente de productos veterinarios es una herramienta para proteger la salud animal y humana, preservar la calidad de los alimentos y respaldar la producción argentina destinada tanto al mercado interno como a los mercados internacionales.