La producción de peras y manzanas de Río Negro y Neuquén genera ingresos promedio de US$ 730,7 millones por temporada, pero enfrenta resultados económicos diferentes según la especie. Un informe de la Estación Experimental Agropecuaria Alto Valle del INTA determinó que las manzanas registraron un resultado positivo de US$ 63,447 millones, mientras que las peras acumularon un saldo negativo de US$ 52,201 millones, durante el período 2020-2024.
El estudio, titulado Evolución del complejo frutícola de peras y manzanas de Río Negro y Neuquén, fue elaborado por Héctor Zubeldía, Patricia Villarreal y Katherina Retamal. El documento reúne información de 25 años, analiza el período 2001-2024 e incorpora un anexo correspondiente a la temporada 2025.
Según publicó +P (Más Producción), de LM Neuquén, el trabajo utiliza las mismas fuentes y metodología de cálculo para comparar la evolución de las principales variables productivas, comerciales y económicas de la actividad.
La investigación permite dimensionar un complejo que comercializa más de 1,1 millones de toneladas anuales y constituye una de las principales actividades frutícolas de la región.
Durante el período 2020-2024, la superficie promedio destinada a ambos cultivos alcanzó las 34.736 hectáreas.
La distribución correspondió a:
48,6%: manzanas.
51,4%: peras.
La superficie implantada se redujo a lo largo de los años, especialmente en manzanas. En los últimos períodos analizados, el área se estabilizó alrededor de las 16.500 hectáreas de manzanas y las 17.500 hectáreas de peras.
En el caso de las peras, la superficie creció hasta 2016 y luego comenzó a disminuir.
Los volúmenes comercializados también mostraron estabilidad. La producción de manzanas se ubicó entre 520.000 y 550.000 toneladas, mientras que la de peras osciló entre 620.000 y 650.000 toneladas.
En conjunto, el volumen promedio comercializado llegó a 1.115.442 toneladas por temporada.
El destino de esa producción se distribuyó de la siguiente manera:
68,1% para consumo en fresco.
31,9% para industrialización.
De las 759.280 toneladas destinadas al consumo en fresco, el 51,9% se exportó y el 48,1% abasteció al mercado interno.
El valor que ingresa a Río Negro y Neuquén por la comercialización de peras y manzanas alcanzó un promedio de US$ 730.678.000 por temporada durante 2020-2024.
El 90% de esos ingresos provino de la fruta comercializada en fresco y el 10% restante de los productos industrializados.
Los gastos necesarios para llevar la producción hasta el consumidor o último destinatario sumaron US$ 719.432.000 por temporada.
De ese total:
US$ 303.096.000 correspondieron a producción primaria.
US$ 416.336.000 se destinaron al acondicionamiento, procesamiento industrial, comercialización y financiamiento.
Dentro del gasto de producción primaria, el informe identificó US$ 56.095.000 de gasto no atendido. Este concepto representa la diferencia entre el gasto de producción y el precio que paga la industria.
La estructura general de costos también muestra una participación importante de la mano de obra:
|
Rubro |
Participación |
|---|---|
|
Mano de obra |
39,9% |
|
Insumos |
39,6% |
|
Servicios |
20,5% |
Por ese motivo, el informe plantea que la reducción de gastos debe orientarse a mejorar la eficiencia de toda la cadena y elevar la productividad global del complejo.
Uno de los resultados más relevantes del estudio aparece al comparar el desempeño económico de ambas especies.
Durante el promedio 2020-2024, las manzanas registraron un resultado positivo de US$ 63.447.000, mientras que las peras presentaron un saldo negativo de US$ 52.201.000.
El resultado regional conjunto fue positivo, con una diferencia de US$ 11.246.000 entre ingresos y gastos.
Sin embargo, la evolución histórica muestra períodos de mayor dificultad. El balance regional fue positivo entre 2002 y 2008 y se mantuvo equilibrado entre 2009 y 2019, con excepción de 2014 y 2015. Entre 2020 y 2024 volvió a registrar resultados positivos.
El promedio de todo el período 2001-2024, en cambio, arroja un resultado negativo.
Para el INTA, las diferencias entre especies que comenzaron a profundizarse a partir de 2013 plantean la necesidad de revisar la estrategia de producción y comercialización de la pera.
El informe también identifica perfiles comerciales distintos para las dos especies.
La manzana mantiene una fuerte presencia en el mercado interno. En segundo lugar aparecen los destinos latinoamericanos, entre ellos Brasil, aunque con volúmenes considerablemente menores.
En cambio, las exportaciones hacia la Unión Europea, Rusia y Estados Unidos disminuyeron y se mantienen en niveles reducidos.
La pera presenta una mayor orientación exportadora. Brasil es su principal mercado externo y muestra un comportamiento firme y creciente. También aumentaron levemente las ventas al mercado interno y a otros destinos latinoamericanos.
En cuanto a los mercados de Estados Unidos y Rusia, el estudio señala comportamientos estables, aunque con diferencias en los precios: Estados Unidos reconoce mejores valores que Rusia.
La Unión Europea, por su parte, redujo su demanda de peras regionales.
Esta configuración comercial constituye un elemento central para analizar la rentabilidad de cada especie y las posibilidades de crecimiento del complejo frutícola.
Otro de los aspectos examinados por el INTA es cuánto del precio final que paga el consumidor llega efectivamente a los distintos eslabones de la cadena.
Según el relevamiento, del valor abonado por el consumidor o último destinatario:
El 36% ingresa a la región.
El 16% llega a la producción primaria.
Si se considera exclusivamente el dinero que ingresa a Río Negro y Neuquén, la distribución es la siguiente:
43% corresponde a producción primaria.
46% corresponde a acondicionamiento, procesamiento y conservación.
11% corresponde a comercialización.
El informe calcula que el margen bruto de comercialización entre consumidor y productor alcanza el 84%.
Estos indicadores permiten observar la distancia entre el precio final de venta y los ingresos que reciben los productores primarios.
El documento identifica a la fruta destinada a industria como uno de los componentes que generan déficit, debido a que su precio no alcanza para cubrir los gastos de producción.
Para mejorar el resultado económico del complejo, el informe plantea distintas alternativas:
Aumentar la participación de la fruta fresca: incrementar el volumen comercializado en fresco respecto del destinado a industrialización.
Mejorar los resultados comerciales: conseguir que los ingresos de la fruta fresca compensen los menores valores de la producción industrial.
Reducir el volumen destinado a industria: revisar la proporción de fruta que ingresa a ese circuito.
Mejorar los ingresos industriales: elevar el valor obtenido por los productos procesados.
Combinar distintas estrategias: aplicar medidas complementarias para equilibrar el resultado regional.
El objetivo es mejorar el balance económico de la cadena sin perder de vista las características productivas y comerciales de cada especie.
El estudio también advierte sobre la permanencia de estructuras varietales tradicionales en la región.
Esta característica limita las posibilidades de diferenciación comercial y lleva a competir en mercados de tipo commodity, donde los productos tienen menor diferenciación y el costo adquiere mayor importancia.
El contexto internacional presenta, además, diferencias entre ambas frutas. La producción mundial de manzanas es 3,5 veces superior a la de peras y reúne una mayor cantidad de países participantes en el comercio internacional.
En el Alto Valle ocurre lo contrario: la región produce más peras que manzanas y compite con una cantidad menor de países productores, particularmente en los mercados del hemisferio norte.
Frente a este escenario, los investigadores señalan la importancia de avanzar hacia una mayor especialización y fortalecer la inserción en mercados que reconozcan un mayor valor por la fruta regional.
La alternativa también contempla revisar la relación productiva entre ambas especies si no se consigue mejorar el posicionamiento comercial.
El informe del INTA ofrece así una radiografía económica de la fruticultura de Río Negro y Neuquén: un complejo que genera más de US$ 730 millones por temporada, pero que enfrenta diferencias de rentabilidad, costos elevados y desafíos de competitividad que condicionan su desarrollo.