La población de Quimilí se duplicó en unas tres décadas impulsada por la expansión agropecuaria. La ciudad, cabecera del departamento Moreno, en la provincia de Santiago del Estero, pasó de 20.000 a 40.000 habitantes, según expuso el economista Iván Ordóñez.
Ordóñez, economista del CIPPEC, presentó el dato en el Congreso CREA realizado en Santiago del Estero.
El especialista ubicó la evolución de la población de Quimilí junto a la de Bandera como los dos ejemplos santiagueños de ciudades que crecieron con el campo. En el caso de Bandera, la población pasó de 5.000 a 10.000 habitantes en un período similar.
Según Ordóñez, la expansión de los agronegocios genera una atracción que va más allá de los lotes. Cada hectárea que se suma a la producción demanda crédito, mantenimiento de maquinaria, transporte, asesoramiento profesional y comercio en la ciudad más cercana.
Ese movimiento también abre espacio para el empleo industrial. Por eso, el economista presentó el crecimiento de la población de Quimilí como una señal concreta de cómo la producción agropecuaria se traslada a la economía urbana.
Para Ordóñez, el agro funciona así como un factor de arraigo. Las familias encuentran oportunidades de trabajo sin necesidad de migrar hacia los grandes centros urbanos.
El economista planteó que el desafío es transformar más granos en origen. La propuesta pasa por integrar la producción agrícola con la proteína animal, a través de la cría de cerdos, pollos y novillos, y avanzar con el tiempo hacia la faena local.
Ese esquema, explicó, permite reducir costos logísticos y retener en la región una parte mayor del valor generado por el campo. Para lograrlo, señaló como condiciones la rentabilidad de las explotaciones, la infraestructura, el financiamiento y la integración productiva.
Ordóñez también tomó como referencia el desarrollo del Centro-Oeste de Brasil, donde la ampliación de la escala agrícola acompañó un fuerte crecimiento de las exportaciones por habitante.
El especialista remarcó que este tipo de transformación requiere tiempo. Habló de un proceso de unos 25 años de mejora continua para consolidar el desarrollo productivo de las ciudades del interior.
En ese horizonte, la evolución de la población de Quimilí funciona como referencia para otras localidades del este santiagueño. El caso muestra que el crecimiento agrícola, acompañado de inversión y servicios, puede traducirse en ciudades más grandes y con más actividad económica.