La localidad de San Vicente, ubicada en la provincia de Santa Fe, es conocida como la cuna de las cosechadoras, ya que allí se radicaron varias empresas dedicadas a la fabricación de ese tipo de maquinaria agrícola. Tal es el caso de GyR, una compañía con más de cien años en el rubro.
Rodolfo Senor, socio gerente de dicha empresa, disertó en el congreso “Argentina, Supermercado del Mundo”, donde se mostró orgulloso de la evolución del sector en el país, y de la compañía de su familia en particular. “En lo que es maquinaria agrícola, la Argentina tiene una historia muy buena, de muchos logros y muy admirada a nivel internacional”, sentenció.
Senor contó que sus bisabuelos, Juan y Emilio, comenzaron abriendo un taller de herrería en 1890, a sólo siete años de la fundación de San Vicente, donde arreglaban maquinarias de la época como arados, trilladoras estacionarias y tractores a vapor. Diez años después, se suma a ese taller un almacén; es decir que ya no sólo se reparaban maquinarias o se vendían productos de herrería, sino que también se podía conseguir una bolsa de azúcar.
El ejecutivo expresó que, gracias a que el taller siguió evolucionando, en 1912 pudieron comprar “una trilladora estacionaria junto con un tractor a vapor, que era el que le daba la potencia o hacía funcionar a esa trilladora, y empezaron a hacer el servicio de trilla de los campos de trigo”.
Asimismo, explicó que “en 1915 llegaron las primeras trilladoras tiradas por caballos a la Argentina, procedentes de Estados Unidos” y que los llamaron a sus bisabuelos para que trataran de poner en marcha la máquina. En ese entonces, no pudieron lograr la puesta a punto ideal. No obstante, la experiencia sirvió como disparador para comenzar a fabricar cosechadoras.
En ese sentido, Senor señaló que “primero desarrollaron unas reformas en el sistema de alimentación de la trilla”, para después presentar y registrar el 31 de julio de 1917 la primer patente de invención. “El mayor de los logros fue que en 1920 sacaron la primera trilladora de arrastre, evolucionada con respecto a las importadas que habían llegado al país”, aseveró.
El socio gerente de GyR afirmó que “en 1922, Juan y Emilio Senor fue nombrada la primera fábrica de cosechadoras de Sudamérica”. En este punto, resaltó que hasta la década del setenta, “en menos de cien kilómetros a la redonda del pueblo había más de diez fábricas de cosechadoras”, a la vez que recordó que “en ese momento, la Argentina era pionera a nivel mundial en ese rubro”.
Más tarde, Senor indicó que la empresa “se asoció con otras fábricas para producir cajas de velocidades, motores, o traer a empresas fabricantes de motores a la Argentina”. No obstante, en 1987, con la segunda generación de la familia como directores y la tercera también trabajando en la empresa, deciden cerrar sus puertas.
El ejecutivo explicó que con su padre decidieron seguir los pasos de sus antepasados y hacer el esfuerzo de comenzar de nuevo, con la ventaja de que les “habían dejado un muy buen nombre y una muy buena conducta en el mercado”. De esa forma, cinco años después, la compañía volvió a abrir sus puertas.
“Los agroindustriales argentinos están en permanente evolución, somos muy competitivos”, reflexionó Senor, a la vez que subrayó que “si no fuera por la competencia que tenemos entre nosotros de desarrollar, de investigar, de mejorar las máquinas, ayudados siempre por los productores agropecuarios, no estaríamos al nivel que estamos”.
Por último, dijo que “hay que estar orgulloso de lo que se hace sin perder la humildad” y que “se puede seguir creciendo y evolucionando en nuestro país”. Y concluyó: “De acá se puede exportar al mundo, como lo estamos haciendo en estos momentos nosotros y otros tantos en la Argentina”.