El Gobierno de Mauricio Macri cambió el esquema de producción de agroalimentos, enfocándose en una mirada con mayor valor agregado e integrando dos conceptos que antes se consideraban en planos separados: la agricultura y la industria. Por ello, el ministerio afín pasó a llamarse Agroindustria. “Hoy se está mirando todo de una manera mucho más sistémica e integral, porque es la manera también de trabajar los ejes de competitividad”, remarcó Mercedes Nimo, subsecretaria de Alimentos y Bebidas de dicho ministerio a nivel nacional.
El país, así como también el mundo, se dirige hacia una nueva visión de la agricultura basada en “tres ejes fundamentales: la seguridad alimentaria, la sostenibilidad ambiental y las oportunidades económicas”, sostuvo Nimo. Frente a esto, se encuentran los principales desafíos, que son “la escasez de recurso naturales, el cambio climático, el desarrollo de las energías y el crecimiento poblacional”. La Argentina es uno de los pocos países que cuentan con recursos naturales disponibles, por lo cual goza de una gran ventaja comparativa y competitiva.
En cuanto a la población, el mayor crecimiento se va a dar en el sudeste asiático y en África, quienes serán “los grandes demandantes de alimentos en los próximos años. Se estima que para el año 2025, la demanda de alimentos en estos países va a crecer un 70%. O sea que nuestra mirada, si estamos hablando de ser el supermercado del mundo, tenemos que estar focalizándola en eta sección del planeta”, remarcó la subsecretaria de Alimentos y Bebidas. Señaló, además, que “todos los análisis de todos los organismos internacionales muestran que quienes van a proveer alimentos a ese sector del mundo va a ser el continente americano. Y dentro del continente americano hay dos países que son los que lideran este proceso o van a liderarlo: Argentina y Brasil”.
En este contexto, es evidente que nuestro país tiene una gran oportunidad para convertirse en el supermercado del mundo, principalmente porque, como señaló Nimo, “nosotros producimos muchísimo más de las necesidades que tiene nuestro país”. Si bien puede discutirse acerca de la distribución de estos alimentos, ese superávit se va a ir incrementando, “sobre todo si cada vez vamos incorporando más tecnología, innovaciones y creatividad en lo que hace a la producción”, indicó la subsecretaria y agregó que el trabajo de la Argentina es “mirar estos mercados emergentes, donde nosotros no tenemos tradición o la trayectoria de exportación. Tenemos un desafío enorme de desarrollo de nuevos productos en función de las características de esos mercados a los que no estamos acostumbrados a ir”.
Para poder abastecerlos, es necesario agregarle mayor valor a los productos; en este sentido, Nimo explicó que el valor agregado se define en dos esquemas: por un lado, “un esquema de lo concreto, lo económico, el valor agregado que se va incorporando a lo largo de una cadena comercial” y, por otro, “los intangibles, aquello que tiene que ver con la percepción del consumidor de considerar al producto como distinto. Ahí entran en juego dos cuestiones: las normas técnicas que establece cada uno de los países para poder comercializar los alimentos. Y por otro lado están las certificaciones de calidad que vienen de parte de los privados, principalmente de las cadenas de supermercados que son las que establecen una serie de estándares de calidad muy superiores a los estándares de los países”.
El intangible más valioso de un producto es la marca. Para ejemplificar, Nimo presentó los casos de Coca-Cola, Apple y Google como marcas diferenciales dentro de sus respectivos rubros. Para el caso de los alimentos argentinos, el valor intangible se puede alcanzar a través del sello de calidad (Alimentos Argentinos), la producción orgánica y las denominaciones de origen (aquellas que vinculan al producto con el lugar donde se desarrolla; ejemplo: el salme de Tandil, el cordero patagónico y la yerba mate argentina).
Las economías regionales presentan “una oportunidad y el gran desafío de posicionarlas como las proveedoras de alimentos con valor agregado hacia el resto del mundo”, expresó la subsecretaria. Y detalló los precios por tonelada de las exportaciones argentinas: el valor promedio de todo lo que se exporta es de US$525; de alimentos y bebidas, de US$567; y de los productos regionales, de US$1.380. La diferencia se debe al valor agregado ya que estos últimos se venden “fraccionados, embotellados, casi listos para el consumo”. “En las economías regionales está la estrategia de la inserción para ser el supermercado del mundo”, opinó Nimo.
Actualmente, el 40% de lo que se produce en la Argentina se destina al comercio exterior y, de ello, el 45% corresponde a alimentos. “Es una de las industrias que más empleo genera, es una industria que tiene un montón de cualidades que hace que sea uno de los sectores más dinámicos de nuestro país, con un mayor nivel de competitividad. Gran parte del interior de la Argentina vive de la producción de alimentos”, destacó Nimo.
“Si queremos ser el supermercado del mundo, tenemos que entender la lógica de la demanda y la lógica de los mercados. Hoy hay una gran demanda de productos cada vez más específicos. Argentina tiene una gran oportunidad porque todos los productos que el mundo requiere, Argentina los puede producir”, concluyó Nimo.