Durante muchos años, el vino blanco vivió a la sombra del tinto. Sin embargo, en el último tiempo ha ganado muchos adeptos en países como Estados Unidos y el Reino Unido –que son mercados que marcan tendencia–, y en productores importantes como España e Italia.
La Argentina no es ajena a esa tendencia, ya que ha aumentado mucho la preferencia tanto por los vinos tintos suaves como por los blancos con carácter. “El potencial para elaborar blancos es enorme, no tiene techo. Y además existe la posibilidad de hacer blancos con identidad territorial, vinos con personalidad ligada a la Cordillera, a un clima seco y solar”, remarcó Sebastián Zuccardi, winemaker de Bodega Zuccardi.
Antes se creía que el vino blanco era un buen acompañante para el pescado o para el postre; para todo lo demás, ganaba la pulseada el tinto. No obstante, el torrontés de bandera es una buena opción para degustar empanadas de carne picante, un chop suey de cerdo o verdura, así como los tacos o las tortillas mexicanas.
Al pensar en mollejas, pechito o matambre de cerdo, el chardonnay es una buena opción, aunque también se complementa bien con un plato de espaguetis con queso. Por otro lado, la pizza, la ensalada capresse y la pasta con tuco maridan bien con un pinot grigio, en tanto el ceviche, los mejillones a la provenzal, los langostinos y el pulpo claman por un sauvignon blanc o verdejo.
Pablo Cuneo, Head Winemaker de Bodega Luigi Bosca, expresó: “En 2005 debutó Gala 3, un blend viognier, chardonnay y rielising. Siempre entendimos que en los cortes está el verdadero arte de la complementariedad y el equilibrio. En aquel momento no había muchos cortes blancos de calidad y nos pareció una buena oportunidad para presentar un producto elegante y único que completara la colección”.
Hay vinos blancos que pueden guardarse durante varios años para ser disfrutados más adelante gracias a su acidez, componente que permite el guardado y la evolución en el tiempo. Es por ello que grandes exponentes como los chardonnay franceses de Chablis o la Bourgogne, los sauvignon del Loire y los riesling alsacianos consiguen su plenitud en latitudes donde el clima propicia la madurez adecuada de la uva blanca.
En esa línea, Cuneo manifestó que “las zonas altas de luján de Cuyo, el Valle de Uco y la Patagonia son aptas para obtener la intensidad aromática y el equilibrio acidez-fruta necesario para competir con los grandes blancos del mundo”.
Por otra parte, cabe destacar que, si bien siempre están surgiendo nuevas propuestas, el alcance de las mismas solo llega al mercado local. Por eso, se recomienda tanto a los amantes del vino como a los que recién lo están descubriendo, que prueben cepas como el verdejo español, que está dando grandes resultados en el Valle de Uco; el albariño, otro varietal español que ya lleva un tiempo en el país; las roussane y marsanne, que se encuentran en suelo mendocino; además de gewürstraminer y riesling. A las variedades mencionadas se le agregan: semillón, sauvignon blanc, chardonnay y las finas pinot gris y chenin blanc.
Son varios los motivos por los cuales los consumidores muestran una preferencia cada vez mayor a favor de los vinos blancos, sobre todo entre los jóvenes y las mujeres, que muchas veces pasan de la cerveza al vino y hallan en los blancos una b ebidad igual de ligera y refrescante; mientras que otros los eligen porque son más económicos.
Según Zuccardi, “existía un mito con relación a que los blancos no eran tan buenos. Pero las bodegas empezamos a descubrir y explorar zonas límite y que no se habían abordado antes –como San Pablo, La Carrera, Gualtallary– que resultaron ser más interesantes para la categoría”.