En la Argentina, más de 1.800 familias se dedican a la floricultura en distintas regiones del país. El oficio involucra el cultivo y la comercialización de flores y plantas ornamentales.
Según relató el ingeniero agrónomo, Daniel Enrique Morisiguie, responsable técnico de floricultura en el Centro Tecnológico de Flori-Fruti-Horticultura del INTA, “la floricultura comercial en Argentina comienza a principios del siglo XX cuando inmigrantes japoneses y alemanes empezaron a producir plantas para mantener los grandes jardines que había por Belgrano y Palermo en Buenos Aires”.
Así, la demanda en el mercado interno fue creciendo, principalmente entre los descendientes de italianos y españoles, hasta convertirse en la floricultura más desarrollada de Latinoamérica en los años setenta, aunque solamente para el mercado interno. Colombia, Perú, Ecuador y Brasil, luego superaron la producción argentina al abrirse a los mercados más importantes, que son el europeo y el estadounidense.
Tal como explicó Morisiguie, “la producción nacional se estima en 120 millones de dólares anuales” y se concentra en Buenos Aires, aunque también hay mucho crecimiento en el Interior, especialmente en Mendoza, Jujuy, Salta, NEA y Comarca Andina. Además, detalló que hay más de 2.500 hectáreas, utilizándose una cuarta parte para invernáculo y el resto a campo con condiciones naturales.
La floricultura puede ser una buena alternativa para pequeños y medianos productores porque no requiere de gran capital ni superficie y, además, tiene un rápido retorno, con ingresos a los tres meses.
No obstante el crecimiento en la producción, aún resta un largo camino para la comercialización ya que, según Morisiguie, se necesita una política de Estado y desarrollar una estructura de producción que apunte a la exportación, es decir que haya una “fuerte integración entre los componentes de la cadena para hacerla más competitiva y sustentable”. Otra de las cuestiones que complica la comercialización es el circuito circular mediante el cual la mercadería pasa por muchos productores en lugar de mantener un circuito lineal. Esto encarece el producto en un 60%.
En el mundo, el 65% del mercado está dominado por el crisantemo, el clavel y la rosa. En el mercado argentino, a estas flores le siguen el lilium, la gerbera, la fresia, la giposfila y otras flores de corte.