La start-up con sede en Estados Unidos, Pairwise Plants, adquirió este año una inversión de US$100 millones provenientes de Monsanto.
Ahora, la empresa busca trasladar a la horticultura el método de edición genética, que hoy se aplica a los cultivos como el maíz y la soja. El motivo por el cual se reservaba la ingeniería genética para los commodities, es el costo elevado que requieren las regulaciones. No obstante, el sistema de edición génica, que implica la modificación del ADN de la planta de forma directa, sin inyectar genes ajenos, no está regulado; por lo cual queda el camino libre para aplicarlo también a producciones más chicas como las frutas y las verduras.
Editar los genes de los productos traerán beneficios directos para el consumidor: se podrán producir verduras más saludables y también se regularán las enfermedades en los productos. Al mostrar las formas en que la edición génica podría beneficiar a los consumidores, estos se mostrarán más receptivos a la tecnología en alimentos; así lo afirmó Tom Adams, flamante director ejecutivo de la empresa (ex vicepresidente de Monsanto).