La manera en la que se ha implementado la tecnología, así como los nuevos modos de consumo, suponen un conjunto de limitaciones a los recursos del medio ambiente. Por ese motivo, es fundamental modificar la manera en que se analizan los negocios, adquiriendo nuevas conductas y generando un nuevo diálogo acerca de la forma en que se están montando los cimientos del futuro del planeta.
A nivel internacional, se han impulsado distintas regulaciones que buscan preservar el medio ambiente, con el objetivo de desarrollar un marco institucional general que comienza a imponer ciertos límites a las empresas.
La introducción del concepto de desarrollo sostenible buscó terminar con la confrontación entre desarrollo y sostenibilidad, haciendo hincapié en la comprensión de las interrelaciones, específicamente las existentes entre la economía, el medio ambiente y la sociedad.
En el sector agroindustrial se ha instalado el debate sobre la importancia de implementar alternativas más sostenibles. Para ello, es fundamental hallar esquemas conceptuales y operativos que posibiliten la transformación de los agronegocios, empleando una lógica ecosistémica.
Dentro de ese grupo de iniciativas se encuentran los biosistemas integrados, que unen dos o más sistemas biológicos para convertir los residuos orgánicos –sean líquidos o sólidos– en productos de alto valor agregado: abonos naturales, alimentación animal, acuicultura, energía, entre otros.
En los biosistemas integrados se favorece el flujo dinámico del material y la energía, tratando las mermas y subproductos de una operación como entradas para otra. De esa forma, los residuos desechados disipan su potencial contaminador y aparecerán soluciones que posibilitarán un incremento de la eficacia en la utilización de los recursos. Así, se construirán industrias competitivas y se adoptarán innovaciones que generen más empleo y valor agregado.