Para llegar a ser el supermercado del mundo, la Argentina debe reconocer, como productora de alimentos, la importancia que tiene la calidad e inocuidad. “La idea es muy tentadora pero a la vez los desafíos son grandes”, comenzó Federico Priotti, director general de Control de la Industria Alimenticia del Ministerio de Industria, Comercio y Minería de Córdoba, en la Mega Exposición de Ideas desarrollada por Multimedios Agroempresario en el Hotel Sheraton de Buenos Aires.
En esa línea, Priotti planteó la importancia de entender lo que comprende producir un alimento y lo que significa convertirse en un supermercado para venderle al resto del mundo. “El primer punto es ¿qué tipo de supermercado queremos ser como país? Argentina puede ser un supermercado con distintos modelos de negocio basados en lo que denomino una pirámide de la alimentación, donde desde abajo hacia arriba va incrementándose la cantidad de gente (consumidores). La base está centrada en los pilares de la inocuidad y, hacia arriba, aparece la calidad”, explicó Priotti.
La calidad del producto debe estar enfocada en “cumplir estándares internacionales, ver los atributos específicos que cada uno de los consumidores se va a ir fijando”, señaló el director de Control de la Industria Alimenticia e indicó que, como cualquier otro rubro, a mayor calidad, más alto es el precio de venta. Por lo cual, en la base de la pirámide descripta por Priotti hay una gran cantidad de personas que quiere alimentos inocuos, mientras que en la cima hay mercados más pequeños “pero con potencialidades de poder ingresar”.
Los dos pilares claves para convertirnos en el supermercado del mundo son, entonces, la inocuidad (no negociable) y la calidad (varía de acuerdo al mercado). Además de estas bases, hay dos factores que, en cierta forma, las limitan: las barreras paraarancelarias y la velocidad de la información. En ese sentido, Priotti explicó que los consumidores tienen cada vez más poder e influencia: “Cualquier percance que pueda tener un alimento repercute y puede generar dificultades a la hora de colocar nuestros productos en el resto del mundo”.
Asimismo, Priotti detalló cuatro puntos de vista desde los cuales tenemos que trabajar para lograr la competitividad como país: macro, regional, cultural y empresarial. El primer aspecto es el más sencillo y rápido de entender; tiene que ver con las políticas de Gobierno y economías de mercado. En cuando al punto regional, “necesitamos infraestructura, tener canales logísticos que permitan que los productos salgan y puedan llegar a los mercados en tiempo y forma y a un costo asequible”, explicó Priotti. Este aspecto se vincula a los Gobiernos provinciales.
La tercera condición es la cultural, la cual incluye a las universidades, los gremios, las instituciones: “Es importante tener un país donde los trabajadores estén preparados y formados para entender cómo es la elaboración y la manipulación de alimentos”, remarcó Priotti. El punto empresarial se encuentra muy relacionado con esta última; refiere a todos los temas que repercuten en la producción. El director general de Control de la Industria Alimenticia comentó que, usualmente, “las no conformidades que detectamos en las auditorías tienen que ver con el orden y la limpieza. Son acciones que tienen cero costo y ayudan a tener alimentos inocuos”.
Establecidas todas estas condiciones en los distintos actores sociales, queda de manifiesto, como indicó Priotti, que “todos estamos implicados en lograr competitividad para poder ser un supermercado del mundo”. De todas maneras, “como primer responsable tenemos a las empresas porque están en el proceso de elaboración; son las encargadas de llevar su producto al resto del mundo y penetrar en los mercados. En segundo lugar, las autoridades sanitarias nacionales y provinciales”, señaló Priotti y agregó que como director de Control de la Industria Alimenticia, “me toca generar y fomentar los mecanismos para que las empresas puedan trabajar bien”. Como tercer responsable, ubicó al consumidor, ya que éste “tiene cada vez más información y herramientas para poder exigir que sus productos sean de mayor calidad”.
Según Priotti, la visión que tienen en Córdoba al respecto se basa en tres puntos centrales en los cuales se tiene que trabajar para mejorar la producción de alimentos. En primer lugar, el Estado tiene que ser ágil: “No podemos tener un Estado que tarde demasiado en habilitar establecimientos y productos”. En segundo lugar, la capacitación en empresas: “Hay mucho desconocimiento en las empresas de cómo elaborar bien”, indicó Priotti.
Finalmente, subrayó que el rol de las autoridades sanitarias es de auditores y no de inspectores: “Buscamos ayudar a las empresas para que puedan aumentar sus estándares de calidad”, señaló Priotti. “Desde el Estado tenemos que ser más ágiles parea generar oportunidades y podamos producir más alimentos para el mundo”, concluyó.