Gustavo Annoni, creador de Annoni Bags, es un impulsor del selfmade: no solo es el dueño de la marca, sino también el diseñador y fabricante. Actualmente, vende alrededor de sesenta bolsos por mes y factura más de un millón de pesos al año.
Annoni ejerció la abogacía durante más de diez años, hasta que un día se dio cuenta que no era lo que quería mirando a futuro. Para 2013, ya había dejado atrás su profesión y comenzado un curso de moldería y confección, con el objetivo de crear a mano su propio bolso de viaje de cuero crudo.
Aquel proyecto inicial se convertiría pronto en un modelo de negocio. Sus primeros clientes fueron sus amigos; luego, llegarían las redes sociales y la tienda online. Con el aumento de la demanda, su casa le fue quedando chica para producir. En 2015, gracias a una inversión de $100.000, pudo abrir en el barrio porteño de Palermo lo que hoy es, al mismo tiempo, su taller y su local.
“Nadie, ningún diseñador quiere hacer lo que yo hago, porque nadie imagina tener un negocio que fabrique uno o dos productos por día en un cuero tan grueso que no se pueda ni coser a máquina”, afirma. Justamente por eso, la marca logra destacarse y ser competitiva en mercados internacionales, ya que su principal cliente es el turista.
Si bien no descarta la posibilidad de una expansión del negocio, está conforme con los resultados en el mercado local. Por el momento, viaja mediante las experiencias de sus clientes: a través de las redes sociales, le envían fotos de sus productos por el mundo. En ese sentido, sostiene que “es increíble lo que se genera con los clientes, porque sienten tan propio un bolso que generan un sentido de pertenencia con la marca”.