Tal como demostraron expertos neozelandeses, las nuevas tecnologías aplicadas a la genética pueden estimular a las industrias primarias de su país: quitar los alérgenos de la leche y generar resistencia a enfermedades en los árboles manuka, son ejemplos del potencial de la edición genética. Así quedó demostrado en el trabajo realizado por la Royal Society Te Ap?rangi, organismo independiente, legal y sin fines de lucro en Nueva Zelanda que proporciona financiación y asesoramiento sobre políticas en los campos de las ciencias y las humanidades.
El trabajo resalta las consideraciones relevantes, los riesgos y los beneficios potenciales de cinco escenarios diferentes de edición genética utilizada en sectores de producción primaria, incluida la agricultura, la forestación y la horticultura.
Para la realización del mismo, se creó un panel de expertos de distintas disciplinas y se unió a un grupo de referencia para explorar las implicancias sociales, culturales, legales y económicas de la edición genética en Nueva Zelanda, incorporando un punto de vista Maorí y diversos contextos culturales.
El co-presidente del panel de expertos, Barry Scott, quien también es profesor de Genética Molecular en la Universidad Massey, señaló que las técnicas de edición genética permitirían generar cambios más precisos en los cultivos y en el ganado.
Como ejemplo, resaltó que la edición genética podría acelerar el proceso de producción de nuevas variedades de manzanas: “Nueva Zelanda es conocida internacionalmente por nuestras manzanas; hay una presión comercial muy fuerte en desarrollar variedades nuevas y mejoradas, pero el proceso es lento porque puede llevar casi cinco años desde que la fruta es producida hasta que se puede comenzar la evaluación y la prueba de nuevas variedades potenciales”.