radicionalmente considerados como espacios masculinos, las fábricas y plantas industriales presentaron históricamente un bajo número de mujeres en todos los niveles, desde operarias hasta directoras. Afortunadamente, esta tendencia parece estar revirtiéndose. Un informe de la consultora Numan, dedicada a la búsqueda de personal de las áreas técnicas de plantas industriales, confirma que las incorporaciones de mujeres en este sector van in crescendo.
Los ámbitos laborales con menor participación de mujeres comienzan a incorporar profesionales femeninas en áreas operativas claves del sector industrial. “Entre 2015 y 2018, los ingresos de mujeres en plantas industriales y logística se mantuvieron en un 20%. El año pasado, el porcentaje aumentó a 28% y proyectamos que la tendencia seguirá en alza este año: el porcentaje de incorporación de mujeres de los dos primeros meses del año fue de 29%”, indica Leandro di Nardo, director de la consultora Numan.
Se trata de un proceso lento pero en constante crecimiento, donde las barreras para acceder a este tipo de puestos parecen pertenecer más al entorno que a una cuestión de género.
Posiciones en lugares lejanos, turnos nocturnos, turnos de tarde con salida a las 12 de la noche o rotativos, son muy comunes en las plantas industriales. Esta dinámica, propia de la fábricas y depósitos, choca con la tradicional organización doméstica que se impone a la mujer para las tareas y cuidados del hogar. “Nos falta para que sea indistinto quién esté en la casa y en las horas de mayor actividad familiar. Esto no quiere decir que no haya ya muchas mujeres trabajando en este tipo de turnos, pero es una cuestión de volumen”, subraya di Nardo.
Respecto a la cuestión de género, los mitos alrededor de las dificultades para manejar un equipo de trabajo no parecen tener asidero. “El género es totalmente indistinto. Las mayores barreras no son de la mujer, sino del entorno”, asegura.
Dentro de este panorama poco alentador, “las empresas industriales son las más difíciles, sobre todo los espacios de las plantas que están básicamente armadas para los hombres”, resalta Tamara Vinitzky, socia a cargo de Clientes y Mercados de KPMG y co-chair de la organización Women Corporate Directors.
La esperanza de un cambio de paradigma está puesto en las nuevas generaciones de profesionales.

Adriana Belardinelli es una profesional farmacéutica de la UBA con un MBA. Trabaja desde hace años en la planta de la biofarmacéutica Pfize y actualmente ocupa una posición global dentro del área de Mejora Continua como directora senior. “Para mí la diversidad enriquece, no tengo ninguna duda. Pero también es necesario apoyar con programas para que la mujer pueda sostener la carrera y pueda delegar cosas”, expresa.
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Fernanda Hermosilla es ingeniera química con orientación en alimentos recibida en la UTN de Resistencia, Chaco. Especializada en el área de producción, actualmente ocupa el puesto de jefa de Producción de la Planta Chivilcoy de Henkel, donde trabaja desde hace seis años. Al frente de un equipo de profesionales masculinos, subraya que “es necesario un desarrollo para poder dialogar, escuchar y mantener un buen ambiente laboral cuando estás en una posición de liderazgo”.
La ingeniera industrial Paola Dagatti, gerente de Supply Chain en la empresa Converse, relata la experiencia en sus inicios. “En mi paso de una jefatura a una gerencia tuve un mentor, el director industrial, que me ha formado en lo actitudinal. En una operación logística en la que eran todos hombres, fue fundamental el soporte que tuve detrás para poder encararlo”, concluye la ingeniera.