A pesar de ser uno de los peces favoritos en el mundo, la Sociedad Australiana de Conservación Marina (AMCS, por sus siglas en inglés) recomienda no consumir salmón del Atlántico de Tasmania, debido al impacto ambiental que produce su industria y las muertes que genera en el fondo marino.
Según Adrian Meder, gerente del programa de productos pesqueros sostenibles de la AMCS, la industria de la cría de salmón se expandió demasiado rápido en Macquarie Harbour, donde las empresas Huon Aquaculture, Tassal y Petuna arriendan varios corrales de peces industriales. “Apoyamos la acuicultura sostenible porque es una fuente de productos importantes del mar para Australia en el futuro. Debemos efectuarla dentro de los límites que el entorno pueda soportar”, afirmó.
Asimismo, expresó que sus datos se basaron en los impactos ambientales que se informaron, entre los que figuran las caídas en los niveles de oxígeno en el puerto –que crearon zonas muertas en el fondo marino– y la muerte de 1,35 millones de peces por Orthchix Orthomyxovirus POMV, una enfermedad causada por el estrés al que son sometidos. “Si el salmón se está quedando sin oxígeno, todo lo demás también”, supuso.
Ya que también se detectó una considerable preocupación adicional por el impacto negativo que la industria genera sobre la raya de Maugean, una especie rara y en peligro de extinción, Meder sostiene que este tipo de información constituye una señal clara e indiscutible de que el entorno fue sobreexigido.
De acuerdo a las últimas cifras que publicó la Asociación de Cultivadores de Salmónidos de Tasmania (TSGA, por sus siglas en inglés), la industria del salmón tiene un valor de 1,12 billones de dólares y genera alrededor de tres mil puestos de trabajo. Mediante un comunicado, su director ejecutivo, Adam Main, informó que la industria estaba profundamente preocupada por los datos que erróneamente había divulgado la Sociedad de Conservación Australiana, porque dichos informes no evaluaron las mejoras e inversiones que se realizaron en la infraestructura, ni los programas ambientales y protocolos de bioseguridad que Huon Aquaculture, Tassal y Petuna emplearon en los últimos meses.
A pesar de que Meder coincidió en que la industria había efectuado cambios significativos, declaró que aún no pudo observar impactos ambientales positivos y que muchos de los problemas surgieron por causa de la falta de regulación gubernamental. “Pudimos ver cambios en relación a la regulación, pero los expertos en los que confiamos están preocupados sobre su independencia”, reveló.
En palabras del diputado Andrew Wilkie, la industria de la acuicultura debe ser sostenible porque, de lo contrario, seguirá el camino de la silvicultura y afectará a los habitantes de Tasmania.