En los últimos diez años, la superficie vitivinícola de Nueva Zelanda se ha triplicado. Entre lagos y montañas, cada vez son más las bodegas que enmarcan el paisaje en este rincón del planeta. En su libro “Los vinos de Nueva Zelanda”, la británica Rebecca Gibbs, jueza de Decanter World Wine Awards –el concurso de vinos más grande y prestigioso del mundo–, propone un viaje de diez días por Nelson, Marlborough, y los valles de Waipara y Waitaki.
Ubicada en la costa de la bahía de Tasman, esta ciudad es el lugar ideal para quien busca relajarse y disfrutar de la naturaleza, sobre todo de sus playas, en las que se puede bucear, pescar o navegar en kayak.
En el pueblo de Upper Moutere hay varias bodegas, entre las que se destaca Neudorf Vineyards por su distinguido Chardonnay. Lo propio ocurre con Greenhough Vineyards, en Waimea Plains, otra bodega que sobresale por la elaboración de esa cepa.

Partiendo desde Nelson, se debe conducir hacia el este, atravesando la Cordillera de Richmond hasta llegar a Blenheim, la capital de Marlborough. Allí se puede realizar una caminata o un paseo en bicicleta por Wither Hills, desde donde se obtienen vistas espectaculares a Cloudy Bay y al Valle de Wairau.
Marlborough cuenta con un museo que repasa la historia del vino en la zona. Se recomienda realizar una visita al mismo antes de continuar hacia Auntsfield Estate, donde David Herd cultivó las primeras vides de la zona en 1873.
También se recomienda visitar The Wine Station, un centro de degustación que ofrece hasta ochenta vinos, en cuyas instalaciones funcionó alguna vez la estación de tren de Blenheim.

Conduciendo hacia el sur desde Marlborough, por State Highway 1, se llega a Christchurch. Los amantes del mundo marino no deberían perderse la oportunidad de detenerse en Kaikoura para disfrutar del avistaje de ballenas y delfines.
El Valle de Waipara se encuentra al norte de Christchurch, a menos de una hora de viaje en auto. Allí se encuentran dos de los mejores y más finos restaurantes de bodegas del mundo: Black Estate y Pegasus Bay, ambos galardonados con el premio anual al mejor restaurante de bodega del año.
Para llegar hasta el Valle de Waitiki se recomienda dejar el auto en el aeropuerto de Chistchurch y tomar un vuelo a Queenstown, en el centro de Otago. También se puede realizar el trayecto en auto, pero se debe tener en cuenta que se tardará no menos de seis horas en llegar.
A la vera de este valle se pueden degustar los vinos menos conocidos de Nueva Zelanda. En la calle principal de Kurow, un pequeño pueblo rural, se encuentra la bodega Ostler Wines, en cuyo edificio funcionaba la oficina de correo de la zona en la década del treinta; allí se podrá probar el más fino Pinot Noir, cultivado en piedra caliza.
