l confinamiento obligatorio por la pandemia de COVID-19 y el trabajo desde casa maximizaron la demanda de madera destinada a las reparaciones dentro del hogar. Ante este incremento de la demanda, el rubro agroforestal argentino, que cuenta con 1,3 millones de hectáreas y 100.000 pymes asociadas, mostró ser dinámico y capaz.
Pasados los primeros meses de cuarentena, la necesidad de productos de madera se triplicó de manera exponencial. En una primera instancia, las medianas y pequeñas empresas del área sufrieron una caída estrepitosa de la que no lograban sobreponerse. Sin embargo, a mediados de la cuarentena la suerte cambió.
Según el índice ISAC, del Indec, se trató de una recuperación en “V”, pasando de un piso de -76,2% en abril en comparación al mismo mes de 2019, a un valor de -17% en agosto.
No obstante, muchos especialistas involucrados en el área aseguran que lo obtenido con la “recuperación” se va en cumplir con el pago de deudas, con lo cual consideran que se debe dejar pasar unos meses antes de sacar conclusiones definitivas.
Pero, ¿a qué se debió este comportamiento? Por un lado, la modalidad home office aumentó los arreglos dentro de los hogares, ya que implicó la adecuación de las viviendas para esta actividad; por el otro, la migración a casas más alejadas de la ciudad y con mayores componentes de madera también impulsó la demanda.
El producto maderero argentino es no perecedero, renovable y reciclable, con un agregado de valor bajo, medio o alto, lo que le permite reaccionar antes distintos escenarios.
La industria nuclea muchas actividades: construcción; fábricas de muebles; fábricas de productos para la higiene; transporte; telecomunicaciones; generación de energía eléctrica y calórica; industria de aglomerado; protección y soporte para hortícolas y vitivinícolas; artesanías y reciclado; transporte de fruta y verdura; y exportaciones.