Consumir proteínas de fuentes vegetales en lugar de fuentes animales, ayudaría drásticamente a cumplir con los objetivos climáticos y reduciría el riesgo de superar el límite de la temperatura global trazado en el Acuerdo de París, que no debe ser mayor a los 2ºC –límite señalado por el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) como un calentamiento global peligroso–, según afirmó la investigadora de leyes y políticas de animales de granja de la Facultad de Derecho de la Universidad de Harvard (EE.UU.), Helen Harwatt.
Ante esta situación, Harwatt propone una estrategia de tres pasos para reemplazar gradualmente los hábitos alimenticios como parte del compromiso de mitigar el cambio climático: 1) reconocer que la cantidad actual de ganado global está en su punto máximo –28 billones de cabezas– y tendrá que disminuir; 2) diseñar objetivos para la transformación de productos pecuarios vinculados con las altas emisiones de Gases de Efecto Invernadero (GEI), como la carne de res, la leche de vaca y la carne de cerdo; y 3) evaluar productos de reemplazo adecuados que cumplan con los criterios establecidos que son el uso de la tierra y los beneficios para la salud pública.
Asimismo, indicó que estudios previos señalan que el cambio de proteínas animales a vegetales podría generar alimentos para otras 350 millones de personas solamente en EE.UU. Además, afirmó que reducir el consumo de carnes y lácteos genera beneficios adicionales como la conservación de la biodiversidad y la mejora de la salud humana.
La población actual de ganado en el mundo es de 28 billones de cabezas –54.8 millones en la Argentina, según el Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (Senasa) para 2018–, lo que constituye la fuente más alta de dos tipos de gases GEI: óxido nitroso y metano; este último, con un potencial de calentamiento global 85 veces mayor que el dióxido de carbono durante un período de veinte años. De acuerdo a lo pronosticado, las emisiones de metano aumentarán un 60% para 2030, el mismo espacio de tiempo durante el cual se necesitan reducciones rápidas y fuertes.
En palabras de Harwatt, “dada la importante contribución del sector ganadero a las emisiones globales de gases de efecto invernadero y al predominio de metano, los cambios de proteína animal a vegetal son un contribución necesaria para cumplir los objetivos de temperatura de París y reducir el calentamiento a corto plazo, al tiempo que proporcionan un conjunto de beneficios complementarios”.
En ese sentido, comentó que el sector alimenticio ya está avanzando en esos temas, “y está demostrando que es comercialmente viable incorporar estos cambios”, a lo que agregó: “Necesitamos que los responsables de las políticas permitan la creación de sistemas alimentarios compatibles con París en una escala mucho más grande y más rápida”.