El primero de los 12 contenedores con 20 toneladas de semillas de chía partirá a la India este mes. El envío de este producto se fijó luego de que el país asiático autorizara la importación de chía y limones desde Argentina, y de que oficializara el protocolo sanitario para su ingreso, resultado de la misión comercial encarada por el ministro de Agricultura, Ganadería y Pesca de la Nación, Luis Etchevehere.
Gabriel Duranti, director de DMC Agroindustrial –la empresa pionera en este tipo de exportación, dedicada a la producción, procesamiento y comercialización de granos y semillas–, sostuvo que “el rédito económico que dejará este envío es de un 5% neto del valor FOB, unos US$3.000 por cada contenedor”. Asimismo, manifestó: “Esperamos que se sumen muchos más, ya que hay otros interesados en nuestro producto”.
La compañía, que espera duplicar sus exportaciones y crecer un 20% en procesamiento en lo que queda de año, emplea a diez operarios en la planta, además de los tres directores que se ocupan del área administrativa y comercial.
Con bases en el partido de Tigre y en la provincia de Salta con Molinos Cerrillos, exporta a Estados Unidos, Inglaterra, Alemania, Italia, Taiwán y Hong Kong.
DMC Agroindustrial, una pyme fundada en 2013 por Duranti y sus socios Walter Hermandiger y Fernando Dávalos, destinó en junio una inversión de US$5 millones a la inauguración de un laboratorio propio. “Se obtuvo la certificación de Análisis de Peligros y Puntos Críticos de Control (HACCP), que aplica para toda aquella industria enfocada a la producción de alimentos y para aquellas empresas dedicadas a producir insumos y/o materiales que estén con los alimentos”, afirmó Duranti. Además, el desembolso contempló la adecuación de la planta, la capacitación del personal, documentación, reconstrucciones, entre otros aspectos.
Esta empresa, surgió tras una inversión inicial de US$3000 que fueron destinados a una pequeña clasificadora de granos que se utilizaba en las instalaciones de Molino Cerrillos. “Empezamos a recibir pedidos de procesamiento de los productores y no había forma de satisfacer la demanda, le exigimos a la máquina más allá de su capacidad y se rompió”, recordó Duranti. Más tarde, en 2013, invirtieron US$60.000 en máquinas más grandes. “Trabajamos 24 horas por día procesando y ayudando a los productores a comercializar chía”, añadió.
La respuesta del mercado fue positiva, un año más tarde los socios montaron, siempre con capital propio, una pequeña planta en un galpón alquilado. “El 2015 fue de transición; el precio internacional de la chía se desplomó y empezamos a procesar sésamo, poroto mung, garbanzo y cualquier cosa que nos permitiera alcanzar nuestro objetivo: instalar nuestra propia planta, lo que hicimos en 2016 en un predio de dos hectáreas”, comentó.