El Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires avanza en la construcción del Complejo Ambiental Norte, una nueva planta de reciclaje ubicada en el barrio de Saavedra. La obra ya cuenta con maquinaria de última tecnología, aunque aún restan por realizarse las pruebas de puesta a punto y completar el reacondicionamiento de la infraestructura del espacio. Se prevé que el galpón en forma de U se inaugure antes de que finalice el año.
La planta –que ocupa toda una manzana– se localiza a pocas cuadras de la Av. General Paz, desde la Av. Parque Roberto Goyeneche en el cruce con Arias. Según estiman, el lugar clasificará alrededor de ochenta toneladas de residuos por día, gracias a la maquinaria norteamericana de tecnología Material Recovery Facility (MRF).
El objetivo del establecimiento –que representa la tercera obra de estas características en territorio porteño– es absorber los desechos secos de la zona, donde los habitantes tienen bastante conciencia acerca de la importancia del reciclaje y la separación de los residuos. El espacio será operado por cooperativas de recuperadores urbanos, que trabajarán en dos turnos de seis horas cada uno, que aún no fueron definidas.
La manzana donde se ubica este complejo viene de un conflicto entre el gobierno y vecinos de la Comuna 12 –que abarca Saavedra, Coghlan, Villa Urquiza y Villa Peyrredón–, ya que si bien años atrás el predio había funcionado como playa de acarreo y depósito, estaba en un estado de abandono tal que parte del vecindario reclamó la construcción de una plaza.
En agosto de 2018, la Legislatura porteña aprobó una ley para darle un nuevo uso relacionado con la higiene urbana, tras una inversión que asciende a los 300 millones de pesos. El proyecto incluye la recuperación de todo entorno del predio, donde se plantará vegetación en las veredas, se edificarán muros verdes y se mejorará la iluminación.
En el circuito de reciclado, los materiales serán cargados en la tolva de alimentación para comenzar un camino de cerca de tres minutos, por el que llegan hasta el extremo final de la línea de trabajo. El primer paso consiste en la selección manual por parte de los recuperadores urbanos y sigue con el ingreso de los desechos en una separadora automática de cartones, vidrios y metales no ferrosos. Los reciclables que aun continúen en la cinta entrarán en una separadora de papeles y PET –el material con el que se fabrican la mayoría de los envases de bebidas en el mundo– que emplea aire comprimido.
A medida que el proceso avanza, los recuperadores irán separando los materiales de aluminio y tetrabrik, y harán de controles de calidad sobre el trabajo de la máquina. El paso mecánico final es el que separa los metales.
El sistema opera con maquinaria y alrededor de 60 empleados por turno. Entre los materiales rechazados, un 95% de los residuos secos que ingresarán a la planta serán clasificados y enfardados para su comercialización y reutilización.
La tecnología MRF hace que la separación y la productividad funcionen al doble que en un centro verde: permite tratar unas ochenta toneladas por día, mientras que en los centros no se llega a las treinta. Desde la ciudad indicaron que el acopio de materiales será limpio y sin liberación olores desagradables o líquidos tóxicos.