Ex vegetarianos y ex veganos se autodenominan carniceros éticos con el objetivo de abrir comercios que ofrecen carne de animales criados en praderas, así como pasturas para el bienestar animal y la preservación del ambiente, generando menos desperdicio en la faena del animal. Como una respuesta en contra de las prácticas de la industria, el movimiento de carniceros éticos no para de ganar adeptos en EE.UU.
El artículo que publicó en 2002 el periodista Michael Pollan en The New York Times sobre el abuso ejercido en el ganado vacuno criado en granjas, y su posterior libro The Omnivore’s Dilemma (2006), fue el puntapié inicial de este movimiento. “Cuando escogemos nuestro tipo de alimentación, no solamente entra en juego la salud propia o la de nuestros hijos, sino la de todo el medioambiente”, dice Pollan. El Dilema del Omnívoro cambió la percepción sobre las políticas alimenticias y el placer de la comida, especialmente en la comunidad vegana y vegetariana estadounidense.
Su razón de ser pasó a ser la búsqueda de un sistema de alimentos alternativo donde la carne provenga de animales saludables criados en granjas y alimentados por ellos mismos.
El sistema propuesto se concibe como sustentable; en la cría en pasturas, los animales tienen un rol integral, proporcionando estiércol como fertilizante, promoviendo el crecimiento de una diversidad de pastos y arando apenas el suelo con sus pezuñas, lo que permite que el agua de lluvia alcance las raíces.
Al respecto, los defensores de este movimiento argumentan que el mismo puede regenerar amplias extensiones de pasturas con potencial de secuestrar el carbono en lugar de emitirlo.
Según los críticos de este enfoque alternativo, no todos los estudios muestran un secuestro mejorado del carbono en tierras de pastoreo apacentadas y, además, el sistema concebido como ‘revolucionario’ no podría producir suficiente carne para satisfacer la demanda actual.
Si bien la cría de animales en pasturas es significativamente más costosa que criar novillos en feedlots, en la carnicería Meat Hook en Brooklyn se cobra 21 dólares el medio kilo de bife de lomo, en comparación con los 8,99 dólares en el supermercado cercano King Soopers. “Cuando abrimos, la gente se sorprendió con los precios, ya que nuestros costos son mucho más altos. Pagamos para tener control sobre la calidad de nuestros animales, con qué se alimentan, cómo los tratan, transportan, faenan y despostan. Una vez que la gente entendió eso, el negocio despegó”, dijo Joshua Applestone, dueño de Fleisher’s Grass Fed and Organic Meats en Kingston, Nueva York.
Para lograr el funcionamiento de este sistema, los carniceros como Applestone generan y promueven relaciones estrechas con los establecimientos y las granjas de cría locales. Esta articulación ayuda a inspirar confianza entre sus clientes y crea transparencia y confianza en el producto que se está comercializando.
Para Anya Fernald, una de las fundadoras de Belcampo Meat Co., después de pasar sus años de escuela secundaria y universidad subsistiendo con una dieta vegetariana de yogurt saborizado, hamburguesas vegetarianas, pizza y queso con verduras congeladas mezcladas, su salud se vio beneficiada cuando comenzó nuevamente a incorporar carne a su dieta: “Ni bien empecé a comer carne, mi salud mejoró. Aumentó la agudeza mental, perdí peso, se me fue el acné, mi cabello mejoró. Sentí como si la niebla se hubiera ido”, expresó. Muchos ex vegetarianos argumentan que experimentaron mejoras en su salud física y emocional después de incluir carne de animales alimentados con pasturas en sus dietas,
La carne de animales criados en pasturas demostró ser más saludable para los humanos que la de los animales alimentados con soja y maíz ya que contienen niveles más elevados de ácidos grasos Omega 3, ácido linoleico conjugado, betacaroteno y otros nutrientes. Las vacas alimentadas predominantemente con pastura y forraje también tienen mejor salud, y requieren menos uso de antibióticos.
La venta de carne de fuentes alternativas aparece entonces como un modo de protestar contra la cría en granjas de animales sin tener que abstenerse del consumo de carne. Ante las críticas, los carniceros éticos se defienden: “Aquí hay un problema más grande: el problema con los feedlots concentrados y con los animales transformados en commodities. Eso es lo que deberíamos atacar, no unos a otros”. dijo Lauren Garaventa, copropietaria de la carnicería y restaurante Ruby Brink en Vashon Island, Washington, y ex vegetariana y activista por los derechos de los animales.