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pesar de que las gramíneas forrajeras megatérmicas perennes son conocidas, evaluadas y, en algunos casos, cultivadas desde hace medio siglo, hace poco fueron revalorizadas en la zona templada de la Argentina. Sin embargo, su consideración comprende otras especies más allá de las comunes: el pasto llorón, para la región pampeana sur, y la grama Rhodes, para la región pampeana norte.
Para el ingeniero agrónomo Oscar Bertín, esto último tiene que ver con el desplazamiento de la ganadería en la región, que se ha concentrado principalmente en ambientes con limitaciones para la agricultura de altos rendimientos. “En estas condiciones de clima y suelo, los pastizales naturales y las pasturas de gramíneas templadas son la base de la alimentación en las etapas de cría y recría bovina. Estas fuentes de forraje se caracterizan por sus marcadas variaciones interanuales y estacionales en la oferta de pasto, que afectan la eficiencia y sustentabilidad de los sistemas productivos, los cuales deben ser complementados por otros recursos como, por ejemplo, las pasturas de especies megatérmicas, tropicales o de C4”, explica.
Según Bertín, las gramíneas con el sistema fotosintético C4 poseen una anatomía foliar de tipo Kranz, cuya función es mantener una elevada concentración del dióxido de carbono (CO2) alrededor de la enzima RuBisCO (ribulosa-1,5-bifosfato carboxilasa oxigenasa), reduciendo la fotorrespiración. Además, las C4 tienen un rango de temperatura óptima de crecimiento entre los 30°C y 45ºC, mucho más elevado que las C3, lo que les otorga ventajas en los períodos de altas temperaturas de verano. “El sistema fotosintético, propio de estas gramíneas C4, está asociado con importantes características biológicas como la velocidad de desarrollo y la eficiencia en la utilización de los nutrientes y el agua”, añade.
Si bien la información disponible permite contar con un razonable grado de conocimientos sobre las tecnologías de insumos –especies, variedades botánicas y cultivadas, fertilización– y de procesos –establecimiento y manejo del pastoreo– que hacen al uso de pasturas perennes C4 en la zona templada de la Argentina, Bertín sostiene que es indudable que en el futuro se deberá generar información adicional para hacer más eficiente y sostenible la utilización de pasturas tropicales en los sistemas de producción pampeanos.
“La grama Rhodes CV Pioneer o común (diploide, 2n) es una forrajera que tolera en cierta medida la salinidad. Ésta puede ir en sitios ligeramente salinos hasta fuertemente salinos, los cuales son limitantes para el desarrollo de la mayoría de las forrajeras”, explica el agrónomo.
Si bien grama Rhodes es recomendada para tierras deprimidas, su emergencia se ve afectada al desmejorar las propiedades edáficas por alcalinidad y estrés hídrico, cuando se la compara con mejores lugares. La sensibilidad a la salinidad depende la etapa de desarrollo de la planta. “Los cultivares Finecut y Santana INTA Peman se destacan, entre los diploides, por su estabilidad en la producción en los distintos ciclos del cultivo, siendo los diploides más rústicos frente a situaciones desfavorables”, comenta.
El mijo perenne (Panicum coloratum) es una forrajera tropical nativa del continente africano, que se destaca por su resistencia a sequía y heladas, lo cual le permite adaptarse a la subregión semiárida de la Argentina, ubicándose en segundo lugar en importancia luego del pasto llorón (Eragrostis curvula Ness).
“Dado que posee su pico de producción de forraje a mitad del verano, posterior al pasto llorón, permite continuarlo en la cadena de pastos estivales. Asimismo, su calidad estacional y la de su diferido son superiores a otras especies tropicales y su cultivo permite ser intersembrado en otoño con leguminosas invernales como vicia villosa (Vicia villosa Roth) que mejoran la cantidad y calidad del pasto disponible en invierno. Los mejores suelos para esta especie son los francos a franco arenosos, pero se comporta bien en suelos pesados con encostramiento superficial, manifestando una importante plasticidad. Soporta bien niveles moderados de salinidad y sodicidad”, detalla Bertín.
Las dos variedades muestran un comportamiento similar frente al estrés combinado por anegamiento y sales. Ambas pueden tolerar sequías transitorias debido a su profundo sistema radical.