l aumento de los niveles de alimentación líquida inmediatamente después del nacimiento, hasta al menos las 5 primeras semanas de vida, da como resultado una programación metabólica con un efecto positivo en el rendimiento de la primera lactancia y a lo largo de toda su vida productiva. Varios autores han demostrado que un aumento del crecimiento previo al destete derivado de un plan de alimentación elevado, promueve una mejora de la fertilidad y un aumento en la ganancia media diaria a lo largo de toda su etapa de crecimiento.
Las recomendaciones sobre la cantidad de leche diaria y la duración del periodo de lactación han ido cambiando a partir de los resultados de los estudios mencionados anteriormente. Incluso, algunos autores recomiendan suministrar entre 12 y 14 litros de leche maternizada por animal y día, con un destete gradual hasta las 12 semanas de vida.
Los niveles de grasa en los lactorreemplazantes de terneros pueden ser significativamente más bajos que los de la leche natural de la vaca. Recientemente, se ha desarrollado una leche maternizada energética para terneras, con una composición muy similar a la de la leche de vaca y con un nivel de grasa del 25%. Esta leche energética para terneras, se comparó con otro lactoreemplazante para terneras estándar, con un 18% de grasa.
El presente estudio se realizó en una granja comercial de 1.000 vacas lecheras localizada en la provincia de Gerona. La producción anual en la granja fue de 11.830 litros de leche por vaca con 3,65% de grasa y 3,34% de proteína.
A un grupo de 60 terneras, denominado grupo “leche energética” se les suministró la leche energética con un 25% de grasa bruta, desde el nacimiento hasta el destete, coincidiendo con el día 63 de vida. La cantidad total de leche maternizada energética durante todo el período de 63 días, fue de 43,6 kg.
Al grupo control, se les suministró un lactorreemplazante tradicional, con un 18% de grasa bruta. Consumieron una cantidad total de 34,1 kg y se destetaron a los 56 días de edad. Ambos grupos se hallaron en las mismas condiciones ambientales y tenían pienso de arranque ad libitum desde el inicio de la prueba. Las terneras se pesaron a los 63 y 91 días de edad y se registraron los siguientes parámetros: consumo total de pienso, GMD, y parámetros de fertilidad y salud.
El peso medio al nacimiento del grupo control fue de 37,5 kg y del grupo “leche energética” de 35,3 kg. En los Gráficos 1 y 2 se exponen los resultados del aumento de peso y de la GMD durante el periodo de lactación.
Tras el destete, se continuó con el registro del peso de los animales estudiados, así como de la GMD hasta el día 91 de vida, y los resultados fueron los mostrados en los Gráficos 3 y 4.
No se observaron diferencias en el consumo de pienso entre ambos grupos.
El grupo control consumió un total de 19,6 kg, y el grupo “leche energética” 20,6 kg.
Se registró también la presencia de patologías respiratorias. En el grupo control se observó que un 27,6% de los animales manifestaron durante el periodo de crecimiento problemas relacionados con enfermedades respiratorias, frente a un 18,3% de los animales del grupo “leche energética” (Gráfico 5). Del mismo modo, de forma visual se examinó la presencia de patologías digestivas en las terneras, y se halló que un 1,6% de los animales del grupo “leche energética” presentó como mínimo un episodio de diarrea frente al 9,9% de animales en el grupo control.
La edad a la 1ª inseminación fue de 13,7 meses de vida para el grupo control, y en las terneras alimentadas con el lactoreemplazante energético fue de 12,4 meses, con una tasa de fertilidad a la 1ª inseminación del 73,4% para el grupo alimentado con leche energética, frente al 62,0% del grupo control.
La cantidad de energía de un programa de alimentación pre-destete se puede aumentar elevando el nivel de grasa del lactorreemplazante. El aumento de la cantidad de leche suministrada por ternera varió, de 34,1 kg a 43,6 kg y la cantidad de grasa bruta del 18% al 25%, del grupo control y grupo “leche energética” respectivamente. Estas diferencias dieron como resultado un aumento de la GMD de 106 g/día, durante el período de lactación. Otros autores afirman que existen diferencias estadísticamente significativas en la GMD tras suministrar un plano elevado de alimentación antes del destete, y en estos casos variaron en un extra de entre 70 y 355 g/día teniendo esto un efecto positivo sobre la producción láctea posterior. Se cree que, las diferencias encontradas entre todos los estudios citados, podrían estar relacionadas con las diferencias en los sistemas de producción, el clima y el manejo de la alimentación.
En el estudio presente se observó una diferencia en la cantidad de casos de enfermedad respiratoria y diarrea registrados entre ambos grupos. Faber encontró una reducción en los costes veterinarios de las terneras que habían sido alimentadas con un plano de alimentación intensiva, pero se relacionó con una mayor cantidad de calostro suministrado. Ballou et al. observaron una mejoría de la respuesta inmune de los terneros, en aquellos animales que habían seguido un plano elevado de alimentación antes del destete.
Las terneras sometidas a un plano elevado de alimentación con leche energética fueron inseminadas 1.3 meses antes que el grupo control. En otros estudios, en los que se compararon diferentes niveles de nutrición antes y después del destete, las terneras alimentadas con un plano elevado de alimentación pre-destete fueron inseminadas 27,5 y 36 días antes, que los grupos control. Bolt encontró una reducción en la edad a la primera inseminación de 0.3 meses, pero esta diferencia no fue estadísticamente significativa. Ninguno de los autores mencionados encontró una diferencia significativa en las tasas de fertilidad después de la inseminación.
Se concluyó por tanto, que un plano elevado de nutrición pre-destete con un lactorreemplazante energético permite obtener unos crecimientos mayores, un mejor estado de salud de las terneras y una mejora de la fertilidad de las novillas.
Revista Ganadería